Cada persona en una democracia es muy libre de tener el pensamiento que quiera. Tanto es así el régimen de libertades en España, que incluso hay partidos legalizados que han alentado de una manera tácita el golpismo contra la nación e incluso el terrorismo. Antonio del Castillo, padre de Marta del Castillo, acaba de hacer público su apoyo a la formación VOX en las próximas elecciones autonómicas y la izquierda sectaria no se lo ha perdonado. Una insidiosa campaña en redes sociales le ha insultado, denostado y vilipendiado. Dicen que apoyar a ese partido que no se esconde de proclamarse sin ambages de derechas, es hacerlo a favor de la violencia de género. ¿Cabrá mayor ridiculez y estrechez de mente? Del Castillo lo hace convencido de que la formación de Santiago Abascal quiere acabar con el buenismo en la política y llamar a las cosas por su nombre. ¿Puede haber mayor infamia que un padre vea al asesino de su hija en la calle después de haber cumplido un tercio de su condena por buen comportamiento? ¿Es de recibo que Miguel Carcaño no haya mostrado el más mínimo arrepentimiento y diga dónde enterraron a Marta para dar por finalizado el duelo que asuela a esa familia? La dictadura de lo políticamente correcto no consiente que VOX tenga el apoyo de personas muy respetables de la sociedad civil, porque ellos son los que reparten los carnés de los buenos y los malos. ¿Acaso alguien cuestionó la militancia podemita del padre de Gabriel que incluso llegó a presentarse bajo las siglas de Pablo Iglesias? El sectarismo de la izquierda intolerante se ha vuelto a hacer patente con el padre de Marta, que lo único que reclama es mano dura contra los asesinos de su hija y recabar apoyos para la prisión permanente revisable.