Está claro que un ambicioso enloquecido como Pedro Sánchez, un conductor homicida  -que no suicida-  de la nación como él, es capaz de despreciar el hecho incontestable de la concentración que ha tenido lugar en la Plaza de Colón, de Madrid. Pero ese hecho, por muy empecinada que alcance a ser la demencia política del presidente del Gobierno, constituye un dato insalvable del futuro de España, cuyo rumbo empezó a marcarse con las Elecciones del pasado 2 de diciembre en Andalucía.


El avance de las banderas de España, lo que se ha dado en llamar la España de los balcones, es ya imparable. La ciudadanía ha declarado enérgica que hasta aquí hemos llegado. Esa ciudadanía presente y activa en la Plaza de Colón, y que en su contabilidad de miles de personas que la han desbordado por las calles adyacentes, ha recordado que eran todos los que estaban, pero que no estaban todos los que son, ha sumado a las cifras oficiales un enorme carácter de representatividad de lo real.

Andalucía le ha hecho ver al socialismo actual  -ya divorciado del más sensato socialismo de la transición-  y al comunismo en general, las orejas del lobo. El discurso socialista  -patético en el caso de Susana Díaz- de que toda esta movilización en votos y en clamores de la sociedad española es el regreso de una España fascista, franquista y de extrema derecha, no se lo cree ya nadie, ni el socialismo incluso, lanzado desesperadamente a la más burda y torpe demagogia. Ese discurso ridículo, propio de los que, por desconocer ya tanto, no tienen en su haber intelectual ni unas mínimas y apresuradas nociones de Historia, lo único que está facilitando es el incentivo en las urnas para reducirlos a la mínima en los parlamentos constitucionales del Estado y las autonomías, además de los ayuntamientos.


Algunos como el de Sevilla, de travesías tan cómodas como la de Juan Espadas  -un especialista en relaciones públicas y estrechar manos por doquier-, han empezado a inquietarse y abandonar su tranquilo pasaje de incapacidad para la gestión municipal.

Esto ha cambiado para todos. Y, por encima de todos, esto ha cambiado para España, que está harta del socialismo inoperante y vanidoso de Pedro Sánchez y sus fieles. Y de ese plus del relator que ha colmado el vaso de la paciencia de este país que seguirá esperando en cada esquina electoral al PSOE y a Podemos. Tienen muchas y caras facturas que pagar.