El precio de la universalidad de Sevilla

A estas alturas no cabe duda de que Sevilla es la gran elegida. Está en los planes de viaje de miles de personas que la visitan, los interminables turistas que la transitan diariamente, los que han hecho que los sevillanos acepten como medio natural de su paisaje cruzarse y convivir con gentes llegadas de todas las partes del mundo, como si la ciudad se les hubiera convertido en una Venecia con Plaza de España, palomas del Parque y campanile de Giralda.

Sevilla es también la ubicación de los más grandes acontecimientos, aquéllos que hace años sólo le quedaban al alcance de las pantallas de la televisión o en las del cine, no en la calle de al lado, en el barrio próximo, en el centro histórico que habíamos recorrido toda la vida sin toparnos como ahora con Richard Gere por la calle Cuna o sorprendidos con encontrar a Obama por la Plaza del Cristo de Burgos. Pero en estos últimos años todo, o casi todo, pasa ya en Sevilla: desde congresos internacionales de máximo nivel, encuentros futbolísticos de la mayor relevancia  -como la última Copa del Rey-, conciertos de las más grandes figuras musicales, bodas reales o de la nobleza, la entrega de los premios Goya, los Ondas y los MTV Europe (que en noviembre contemplarán 600 millones de telespectadores)… llegando hasta el Desfile de las Fuerzas Armadas que tendrá lugar el próximo sábado 1 de junio, presidido por los Reyes de España. Y todo eso  -con ser ya mucho- sin contar con la difusión internacional de los tres atractivos fijos de Sevilla, su Semana Santa incomparable y canon de tantas otras, su Feria de Abril inigualable, y el SICAB.

Sin embargo, la gigantesca repercusión mediática de Sevilla no es gratis. Es desde luego una publicidad cuyo imaginario importe a estos niveles no podría satisfacer presupuestariamente ni el Ayuntamiento ni entidad alguna. Pero tiene un coste en el sacrificio de los sevillanos cuando han de asumir, como estos días, las molestias e inconvenientes que les acarrea la predilección universal por Sevilla.

Los ciudadanos han de soportar la colisión de sus intereses individuales con las exigencias indispensables de los acontecimientos que proyectan Sevilla al mundo entero: cortes de tráfico, cambios de direcciones, estrechamientos de vías que ceden carriles de la circulación de vehículos en favor de la instalación de andamiajes para tribunas y palcos, fuertes medidas de controles policiales para la seguridad de todos… o, como ayer, el cierre del espacio aéreo para hacer posibles los ensayos de los aviones que participarán en los actos militares, perjudicando a veinte vuelos que se vieron afectados en sus salidas por retrasos de hora y media en el aeropuerto de San  Pablo.

¿Qué hacer ante la experiencia prácticamente continua que se vive en una ciudad absolutamente especial y seductora, sobre la que internacionalmente se ha puesto el foco más potente, necesario para exponerla a millones de miradas? Será recomendable para todos una enorme capacidad de comprensión con los requisitos que implica la notoriedad e importancia de Sevilla. Será conveniente para los sevillanos entender y aceptar que ese tesoro de belleza y habitabilidad que es su ciudad, más que en ningún otro tiempo ha sido descubierto por el mundo como lugar maravilloso del planeta. Y, cómo no, ser conscientes de que ese mismo mundo, amenazado por el terrorismo islámico, necesita también en el caso de Sevilla, que sea blindada férreamente de cualquier atentado.

Fotografía: Alfredo de Anca.



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