El Partido Popular: el perro de Sánchez

El Partido Popular es ya como el perro que Sánchez saca a pasear cada día de confinamiento. Y si eso está ocurriendo es porque el Partido Popular se está dejando ser perro. Y como alguien ha dicho en una comparación inmejorable, cada apoyo del PP a las prórrogas del estado de alarma propuestas por el Gobierno es, a estas alturas  -y harturas-  de más de un mes de confinamiento, seguirle el juego del perrillo al que se le tira un hueso a lo lejos para que vaya a cogerlo: 15 días más de dudoso estado constitucional, 15 días más de peligrosos atentados a los derechos fundamentales, eso es lo que tarda en volver el perro con el hueso para que Sánchez, esperándolo, le repita la jugada de otro plazo que le permita avanzar en su dictadura socialcomunista y secuestro en casa de la democracia. Esto del perro es como la metamorfosis de acabar siendo el PP la perdiz mareada.

Casado y los suyos no reaccionan. Protestan y protestan, declinan una y otra vez invitaciones, rechazan los pactos increíbles, pero corren una y otra vez a por el hueso. ¿A qué están esperando? A la vista de tantas experiencias sobre la pasividad y el tranquilismo de los españoles en general  -que siempre creen que no pasa nada justo cuando está pasando todo-, una más no es de sorprender. Pero en el caso de las responsabilidades del Partido Popular, que las tiene también en estos cruciales momentos, su estado de hibernación resulta cuando menos llamativo. Ser oposición no es protestar. Ser oposición es bien elemental como idea: oponerse. Debería demostrarlo con urgencia un líder que, como Casado, vino a sustituir a un hombre sin garra ni carisma alguno como Rajoy, tan insípido, inerte e inhumano políticamente, que acabó dejando una “derecha troceada”, certera calificación de José María Aznar. Pero Casado llegó también para un plan mucho más ambicioso y necesario, superador de los lodos que hasta hoy nos dejaron los polvos de Rajoy: vino para regenerar un Partido y, desde esa loable ambición, vino para regenerar España.

Sánchez ya está empezando a hablar de una nueva prórroga para plantear el miércoles que viene; o sea, que le va a lanzar el hueso al perrito para distraerlo otros 15 días. ¿Qué va a hacer este canino PP que sólo ladra? ¿No ha visto aún el truco? La lista es como la cinta mecánica incesante de las que llevan la publicidad en los autobuses: Un confinamiento que ya muchos observadores se percatan de denunciar como arresto domiciliario, el hambre comunista del intervencionismo, la permisividad contra la figura constitucional del Rey, las ruedas de prensa censuradas, la sucia maniobra de Tezanos para fulminar el derecho fundamental de la libertad de expresión, los medios amordazados por un inaceptable y encubierto soborno con millones de euros, el portal de transparencia como un muro de hormigón, las mentiras diarias de todo tipo por parte del Gobierno (el número de muertos o los silencios sobre la compra y devolución de miles de mascarillas que no valieron para nada), la gente enferma despidiéndose de este mundo pero no de sus familiares, la imagen patética  -que ya no quieren ni los sanitarios-  del país dando palmas a las ocho de la tarde para dar la foto feliz del socialcomunismo, los hospitales sin recursos materiales, los estudiantes sin que les aclaren sus cursos en una ceremonia de la confusión entre Estado y Comunidades Autónomas, los ministros como el de Seguridad Social traicionados por los “amores secretos” de Sánchez e Iglesias o, ahora, la tomadura de pelo a los autónomos, a los que primero se les condena y ahora se les salva ficticiamente con dinero público para que reconozcan al PSOE y a Podemos como salvadores de sus ruinas. ¿Dónde está puesta realmente la mirada del PP?

Vox ha sido claro y radical: en la última solicitud de prórroga vio la maniobra del hueso del Gobierno y se desmarcó. Ser radical es una cualidad no forzosamente negativa. No hay nada más radical que un estado de alarma usado como coartada y caballo de Troya para que desembarquen a sus anchas los enemigos de España. ¿Qué va a determinar ahora, el miércoles, el Partido Popular?

Es posible que Tezanos esté manipulando los datos de sus presuntos sondeos hasta el extremo de hacer creer al PP que está subiendo puntos. Es como decirle, llevando a cabo una estrategia digna de la mayor astucia, que siga por donde va, que mantenga sus actitudes de manera inamovibles, que así le va bien. Quizás tuviera ya los datos de su descalabro de adeptos hasta ahora. Lo está confiando para darle cobertura a Sánchez en este auténtico secuestro de la democracia. Pero también es posible, muy posible  -según se desprende de lo que ya opinan por todas partes los electores decepcionados del PP-, que a la primera ocasión de elecciones que se celebren, Casado y los suyos descubran amargamente que, como en el wéstern, la muerte tenía un precio.  




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