El Festival de Cine de Sevilla y su spot 2019

Está ya muy visto el truco de quienes careciendo del más mínimo talento artístico recurren al escándalo. Cuando no se logra entrar por la puerta grande del reconocimiento público, cuando no se sabe ganar un sitio de permanencia y verdadero prestigio, se busca la grieta trasera y fácil de la provocación barata. Pero afortunadamente para todos, eso dura dos días, no lleva más tiempo que cruzar  por la rápida pasarela de las fechas, que va cargada de un montón de cosas más, puro material desechable que mañana mismo es sustituido rápidamente por más vorágine. Como mucho, las secuelas de quien carece de valía y trascendencia artística no dan para más allá de algo de polémica, volviendo después la gente a los lugares auténticos de la admiración, mientras que al provocador termina esperándole un merecido destino de olvido.

Esto viene al caso de unos spots del Festival de Sevilla de Cine Europeo en los años 2015, 2017 y este de 2019, en los que alguien de cuyo nombre no queremos acordarnos (porque jamás será necesario tener en cuenta), ofrecen a la ciudad vista por una obsesiva manía contra la Semana Santa. Afortunadamente para Sevilla los tres vídeos no han tenido la más mínima incidencia ni repercusión como para ofender ni lesionar los sentimientos religiosos que emanan de las cofradías, grandes fuentes de ayuda y esperanza para la fe en Dios. El hecho daría absolutamente igual si no fuera porque las tres “producciones” están pagadas con el dinero de todos por el Ayuntamiento de Sevilla y la Junta de Andalucía (esa que, indefinidamente, no acaba de llegar al “cambio” enunciado en su propaganda electoral).

Se ha llegado a leer en un periódico, que debería estar a la altura de la seriedad y profesionalidad que se le supone, que el vídeo “se inspira en la Semana Santa”. ¿Que se inspira? ¡Venga, por favor! En la Semana Santa se inspiró Manuel Font de Anta para componer “Amarguras”, Gómez Zarzuela para “Virgen del Valle” o el productor Juan Lebrón en su famosa e impresionante película estrenada en 1992, cuya vigencia dura al cabo de casi treinta años.

Comprendemos que perseguir la estabilidad en un mundo tan difícil como el del arte no está al alcance de cualquiera. Comprendemos de tantos casos de aspirantes que cuando el público no da su última y decisiva aprobación y aplauso, hayan de buscarse la vida al precio que sea, ese precio (sería curioso conocerlo) que han pagado, entre otros, Ayuntamiento y Junta. Comprendemos que cuando no funcionan las taquillas, hay que pelearse las subvenciones con los impuestos de los contribuyentes a los que no les interesa nada alguien que va de creador sin serlo realmente. Comprendemos que cada mes es muy duro para quienes se apuntan sin genialidad alguna a una tarea que la requiere inexcusablemente. Los recibos de la luz, el agua, el alquiler, la contribución y los extras de cada cual, son exigencias crueles y amargas para tantos que están en el arte sin ser artistas. Pero el dinero de los demás debería ser escrupulosamente respetado por la Administración, máxime en estos tiempos de probado declive en tantos órdenes de la vida (los propios políticos sin ir más lejos)  y, cómo no, también en un mundo del arte que llama así a los cutreríos. Cuando la gloria no es precisamente lo que espera a una supuesta obra de un supuesto creador, la única vía de escape le queda siempre en la provocación. Pero ese truco ya nos lo sabemos todos. No nos ofendemos. No nos indignamos. Sonreímos y pasamos de largo. Y simplemente lo sentimos por el provocador. ¡Qué duro lo suyo!




1 Comment

  1. Joaquin dice:

    Señora. Ya hay un Antonio Burgos y sobra. Búsquese otra personalidad rancia.

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