El empeño por mantener las heridas abiertas

Este miércoles se cumplen nueve meses de la celebración del 14º Congreso Provincial del Partido Popular de Sevilla en el que un nuevo equipo de mujeres y hombres se hicieron con las riendas de la formación por decisión de sus militantes. Virginia Pérez, la portavoz del PP en la Diputación de Sevilla, logró la presidencia del partido, contra todo pronóstico y contra la maquinaria mediática controlada entonces y hoy por los perdedores del Congreso, el llamado sector oficial, representado por el ministro del Interior y exalcalde de Sevilla Juan Ignacio Zoido. No parece de recibo que haya que recordar, nueve meses después, los motivos por los que una mayoría de militantes decidieron dar un cambio de rumbo a la deriva autodestructiva del Partido Popular en la provincia de Sevilla que, en las pasadas municipales, vio perder muy merecidamente, y ahí está el quid de la cuestión, todo su poder municipal, especialmente la joya de la corona, Sevilla, que como todo el mundo sabe pasó, en tiempo récord, de una supermayoría absoluta a un descalabro histórico y vergonzoso, curiosamente premiado por el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, con todo un ministerio.

Las heridas no se cerraron en aquel congreso provincial, como en ninguno en el que dos candidaturas comparecen por mucha integración que se venda de cara a la galería. Sin embargo, ha pasado el tiempo suficiente como para que los perdedores hubieran tomado conciencia de la realidad y ponerse manos a la obra para ayudar a un partido que atraviesa por el peor momento de su historia. Lejos de remangarse y ponerse al servicio de la nueva dirección elegida democráticamente, los peperos del otrora sector oficial, dirigidos desde Madrid por los siniestros personajes que protagonizaron la debacle de Sevilla, han organizado una vendetta con el objetivo de pasar a cuchillo a aquellos que los desplazaron del cargo y de paso hacerle el caldo gordo al partido emergente donde, en breve, veremos militar a más de uno, de dos y de tres.

Una encuesta, discutida por algunos, discutible para muchos, ha servido de detonante para el reinicio de las hostilidades entre los sectores enfrentados y no precisamente por los resultados que presenta. Para cualquier observador avezado, lo que hay es venganza pura y dura, mucho victimismo y mucha bellaquería disfrazada de honestidad y de falsa integridad. De memoria frágil, los protagonistas de esta batalla interna subestiman la inteligencia de los sevillanos que recuerdan el papel jugado en todo este proceso por unos, por otros y por sus sociedades instrumentales.

En el PSOE se frotan las manos y en Ciudadanos han puesto a enfriar unas botellas de cava de Umbrete para mayor gloria de los siniestros que aún habitan en los despachos oficiales y para desgracia de los que aún creen que es posible recuperar los principios perdidos, ejercer una oposición responsable e intentar recuperar la alcaldía.




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