La investigación que lleva a cabo el juzgado de instrucción número ocho de Sevilla contra un grupo de taxistas relacionados supuestamente con las amenazas, coacciones y agresiones a conductores de vehículos VTC, desvela en toda su dimensión las prácticas mafiosas de un grupo de mal llamados profesionales agrupados en la siniestra asociación Solidaridad Hispalense del Taxi del no menos siniestro Enrique Filgueras, un señor que igual se fotografía en dependencias municipales junto al delegado Juan Carlos Cabrera, que en compañía de su abogado a las puertas de los juzgados de Sevilla. Siempre rodeado de periodistas que, hasta la fecha, no han profundizado en la figura y las prácticas de este sujeto, probablemente, por miedo. Y, por lo que vamos conociendo por las pesquisas de la Brigada de Información del Cuerpo Nacional de Policía, al tal Filgueras es para tenerle miedo, que no se debe confundir con el respeto que no se gana. Filgueras es un viejo conocido de la Policía. Y de los sevillanos. Su colectivo de taxistas lleva arrastrando por los suelos el buen nombre de Sevilla y de los buenos profesionales del taxi desde hace décadas. A estos tipos, que acaparan la parada de taxi del aeropuerto, es lo primero a lo que se enfrentan los turistas cuando vienen a visitar nuestra ciudad y la experiencia no siempre es positiva. Pero eso, con todo, es lo de menos. Resulta, según la Policía, que estos sujetos se han dedicado a practicar seguimientos a todo tipo de personas, especialmente, las más influyentes de la ciudad. Desde policías al director del aeropuerto. Buscando información personal e íntima para utilizarla en su propio beneficio. El tal Filgueras, que sigue campando a sus anchas por Sevilla, habría alardeado ante el responsable del aeródromo sevillano, de disponer de secretos de la vida íntima de personas influyentes y amenazar con darlos a conocer para conseguir lo que quiere. Mafia pura y dura.  Mal lo llevamos los sevillanos si aspiramos a que este gobierno municipal solucione este gravísimo problema. Como Rajoy con Cataluña, el responsable municipal de Seguridad y Movilidad, Juan Carlos Cabrera, en una clara dejación de funciones, espera que sean los jueces los que pongan coto a tanto despropósito. Cabrera, quien por cierto ofició la ceremonia de boda del investigado Filgueras, considera “elucubraciones” los informes policiales sobre las actividades de este grupo de taxistas y ha adelantado que no puede actuar, sancionar ni revocar licencias hasta que no haya una sentencia firme. Blanco y en botella. Este feo asunto, feísimo, podría degenerar aún más en la recta final de una legislatura plana. Queda menos de un año para la celebración de las elecciones municipales y en breve, los sevillanos harán balance de la gestión de este alcalde y de su equipo de gobierno que no pasará a la historia, precisamente, por hacer cosas. Una legislatura sin un sólo sobresalto, que podría concluir con un terremoto, bien porque Filgueras cumpla su amenaza de publicar los asuntos íntimos de los sevillanos influyentes o porque los sevillanos terminen hartandose de la política de brazos caídos del Ayuntamiento de Sevilla con respecto a la mafia del taxi y les dé por revisar otras cuestiones como la limpieza o el estado de los barrios.