El avispero español

La presentación de la moción de censura contra Mariano Rajoy presentada por el Partido Socialista Obrero Español nos sitúa en la misma situación política en la que se encontraba España hace dos años. La sentencia del Caso Gürtel, demoledora, ha dejado tocado al Partido Popular cuya vía de agua, abierta en la misma línea de flotación, amenaza con llevar a pique a uno de los grandes partidos de gobierno de nuestro país. Si el argumento esgrimido por los socialistas es que no puede permanecer en el gobierno por más tiempo un partido corroído por la corrupción y propone, como alternativa, un gobierno socialista, habrá que preguntarse qué ocurrirá con una previsible condena en el caso de los Expedientes de Regulación de Empleo fraudulentos de la Junta de Andalucía, donde dos presidentes autonómicos y un rosario de consejeros se sientan en el banquillo de los acusados en un caso cuyo montante económico, de dinero público malversado, supera los 800 millones de euros. Parece evidente, en cualquier caso, que la legislatura está más muerta que viva. El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, aspiraba la semana pasada, tras sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado, a agotar la legislatura, hasta 2020. Unas previsiones que hoy se antojan demasiado optimistas por no decir utópicas toda vez que el Caso Gürtel es el primer caso de los seis o siete que el PP tiene aún tiene por delante en los tribunales de Justicia relacionados con la corrupción. No resulta atractiva la propuesta de Pedro Sánchez, especialmente si el gobierno resultante de la moción de censura está apoyado por aquellos partidos políticos golpistas, separatistas o directamente xenófobos. Mariano Rajoy, que ha perdido la iniciativa política, no piensa dimitir. Lo ha dejado claro el portavoz Méndez de Lugo. Alberto Núñez Feijoo es el único dirigente popular que podría salvar los muebles, pero la generosidad no es precisamente un rasgo del carácter del presidente del Ejecutivo y del PP cuyo electorado ha caído en brazos de Ciudadanos y, cada vez más, en VOX, la formación política de Santiago Abascal que crece como la espuma a pesar de la sordina que le aplican los medios de comunicación. En todo este  estridente ruido generado tras la sentencia de la Gürtel, lo único coherente es, como proponía Albert Rivera, es que nos den voz a los ciudadanos. Que hablen las urnas.




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