Las Elecciones de la apatía han terminado siendo las más ilusionantes. De la amplia abstención que iba registrándose según pasaban las horas, se llegó hasta los resultados contantes y sonantes de una feliz esperanza. El PSOE era derribado después de 36 años sin honradez con Andalucía. Y el queso en porciones del Parlamento lo dejaba acojonado frente a las posibilidades de pactos entre PP, Ciudadanos y Vox, el partido que ha surgido con doce escaños de golpe, como si hubieran salido de la magia prodigiosa de Copperfield. Podemos… ni puede, ni cuenta, se hunde en la memoria histórica de un chalet de 600.000 euros. Es la ultraizquierda, el comunismo, la miseria para todos menos para las cúpulas (bueno, la historia comunista, donde sea, siempre es así).

Bien pensados los resultados, quizás no sean tan sorprendentes. Por las vísperas del 2 de diciembre  -digno de la Consejería esa que se llama de no sé cuánto y de la Memoria Democrática-, todo el mundo se decía que no sabía a quién votar, pero que había que votar. Decepcionado con los políticos, sus corrupciones, conveniencias, estrategias, apariencias e incongruencias, el electorado no ejerció el voto de la convicción, sino el de la contención. Se fue a levantar un muro de hormigón armado que proteja su bienestar, sus salarios, sus pagas extraordinarias, las libertades constitucionales fulminadas con decretos leyes por la ambición desmedida de Pedro Sánchez, un dictador camuflado de demócrata. Ha sido el ¡basta ya! del pueblo, esta vez sin manos blancas, esta vez contundente en las urnas. Se acabó el cortijo del socialismo en Andalucía.


¿Y ahora? Ahora hay tantos análisis como se quiera de una experiencia democrática absolutamente enriquecedora y ejemplarizante, para que los políticos acaben de aprender que la democracia acaba esperando en una esquina a quienes la defraudan; la democracia pasa factura a quienes la debilitan; la democracia se robustece fulminando a los arrogantes, soberbios y engreídos.

Andalucía ha dado un vuelco en el corazón de los andaluces. Y es hoy como una bola de cristal para videntes que vaticinan lo que puede alcanzar a las Elecciones Generales. Por mucho que el fenómeno ocurrido quiera acotarse a nuestra Comunidad, Andalucía no deja de ser un vaso comunicante con España.

¡Cuidado ahora: PP, Ciudadanos, Vox! Porque la desunión y los desacuerdos de esa derecha troceada de la que habló Aznar, puede encontrarse con otras esquinas donde la democracia venga a cobrarse lo suyo. No falla.