El debate está abierto. Pero, no caigamos en el error de posicionarnos en el lugar inadecuado. En el fácil. En el que todos queremos oír. Reflexionemos sobre qué está pasando en los bares de Paseo Colón. Desde hace días se viene reclamando contundencia contra la botellona. ¡Vamos, a por ellos!, no es fácil. Ni mucho menos. Es difícil y pocos Ayuntamientos han dado con la clave. Aunque lo que si está claro es que, a favor o en contra, tenemos que estar al lado de la Ley.

Estamos presenciando cómo 6 ó 7 establecimientos se han apoderado del suelo público; ponen elementos, como mesas, sillas, toldos, etc., sin autorización; cortan la acera; ponen instalaciones eléctricas sin justificación legal; extintores caducados; toldos sin garantía, etc. De estas costumbres estamos acostumbrados en la ciudad ,máxime, cuando el anterior mandato no hizo nada y dominó la jungla del velador anárquico. Ahora el debate no está en uno o dos veladores más. El problema es otro. Quizás nunca cuestionado y al que hemos llegado gracias a esta anarquía. Hablamos de Seguridad. Ni más ni menos.


Tal es el volumen de mobiliario, cacharrería publicitaria, toldos, luces, estufas, mesas con cachimbas, televisores, conciertos… tanto que el pasillo de Adriano a Reyes Católicos ha desparecido, desde las diez de la noche hasta altas horas de la madrugada porque la marabunta festivalera inunda la calle mostrando al aire las majestuosas copas de “balón” con sus mejores ingredientes.

Ese es el escenario desde hace 5 años. Ahora, Juan Espadas le echa valor y defiende a la familia, o al minusvalido, que gira Adriano y se topa con cual muralla humana taponando su preciada y bella acera. Como cualquier aventurero urbano, solo queda seguir de frente, echarse al carril de Paseo Colón y andar caminando arriesgando el tipo junto a los coches algunos de los cuales parecerían que compiten cual circuito de velocidad.

El día que tengamos un atropello con un fallecido pondremos encima de la mesa el manido discurso de los empresarios del sector que enarbolarán la supuesta creación de empleo, la riqueza incluso la buena imagen de la ciudad. Pero no colará. Reclamamos una hostelería honrada y responsable; que genere empleo, que cumpla la Ley y abone sus impuestos.