Anclados en el pasado

Este miércoles se cumplen 82 años del Alzamiento de julio del 36. Tras tres años de Guerra Civil y una dura posguerra, el tiempo fue cicatrizando heridas y muchos españoles, en la segunda mitad del siglo pasado, se referían al 18 de julio como la fecha en la que se cobraba la paga extraordinaria de verano que por entonces llevaba aparejada, como apellido, el de la fecha del acontecimiento que marcó para siempre la historia de España. Una fecha que, muerto Francisco Franco, comenzó poco a poco a caer en el olvido junto con otras, también muy señaladas, como la del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera o de la muerte del por entonces Jefe del Estado, un 20 de noviembre. Pero, de unos años a esta parte, en concreto desde el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y hasta nuestros días, Francisco Franco, la Guerra Civil española, algunos generales de la época y el Valle de los Caídos ocupan titulares de los medios, horas de televisión y debates políticos de todo tipo, desde plenos municipales al Congreso de los Diputados, pasando por los plenarios de los parlamentos autonómicos y las Diputaciones. Franco sigue vivo, probablemente más vivo que nunca gracias al interés desmedido por mantenerlo vigente por parte de los partidos de izquierdas que han conseguido, sorprendentemente, que se reproduzcan escenas impensables hace tan sólo unos pocos años, como las colas kilométricas de vehículos, este pasado domingo, intentando acceder al Valle de los Caídos, las largas filas de personas procurando entrar al conjunto monumental, y los centenares de ciudadanos que, bandera de España con el águila imperial en mano y brazo en alto, coreaban el nombre de Franco, rememorando las concentraciones de la Plaza de Oriente de los años 60 y 70 del siglo pasado. No sólo han resucitado a Franco, han conseguido despertar, para sorpresa de todos, a los franquistas, que a tenor de lo visto y comprobado no habían desaparecido con el antiguo régimen. Está ocurriendo algo muy parecido a los palpables efectos del desafío separatista catalán que ha provocado, entre otras muchas cosas, que los balcones de los pueblos y ciudades de España están, aún, repletos de banderas nacionales.

En Sevilla tenemos nuestro propio debate franquista que también gira en torno a sacar a un muerto de su tumba. La fijación de los españoles por despojar a los muertos de sus tumbas no es nueva, las hemerotecas guardan numerosas pruebas gráficas al respecto, pero de lo que no cabe la menor duda es que estamos ante un debate que sólo interesa al gobierno y a determinadas formaciones políticas, como Podemos. Las preocupaciones de los sevillanos son otras muy distintas, como la de soportar que los cuatro barrios más pobres de España estén en nuestra ciudad, como el de la insoportable tasa de desempleo o de la muy mejorable sanidad y educación pública. No será por falta de problemas que atender y debatir. Un simple vistazo a nuestras calles pone de relieve que una parte muy importante de la población actual nació en democracia. Llevamos disfrutando de este régimen político, con sus defectos y sus virtudes, más de cuarenta años, pero algunos siguen empeñados en que nuestro pasado lastre nuestro presente y, lo que es peor, nuestro futuro. Resulta innegable que todos los gobiernos democráticos han cometido errores al respecto pero España necesita mirar hacia adelante; por nuestra juventud, por nuestros hijos y nietos que no se merecen arrastrar unos complejos tan desgraciados como inútiles.

Este martes, algunos periódicos de amplio alcance publican una información según la cual, la hermandad de la Macarena ha tomado la decisión de ceder a las presiones y exhumar los restos del general Gonzalo Queipo de Llano de su emplazamiento actual, en el interior de la basílica. Allí fue enterrado en su condición de hermano mayor honorario. Las informaciones publicadas recogen supuestas declaraciones del hermano mayor José Antonio Fernández con quien Sevillainfo ha hablado personalmente en la mañana de este martes. Visiblemente nervioso, el responsable de la corporación ha desmentido las informaciones publicadas y así lo reflejamos en este digital, un medio de comunicación preocupado, y mucho, por los problemas de Sevilla y de los sevillanos, dispuesto a participar en cuantos debates sean necesarios para despejar los muchos retos que atenazan a la ciudad y a sus habitantes y que clama porque termine, de una vez por todas, una controversia que sólo consigue dividir a la sociedad sin que ninguna de las partes salga claramente beneficiada en lo que de verdad importa.




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