A un mes del Domingo de Ramos

Hoy, 5 de marzo, Sevilla empieza una tradicional cuenta atrás llena de ilusión al acercarse la fecha de un nuevo Domingo de Ramos, el que llegará en la mañana del 5 de abril.

Sin embargo, nadie está ajeno en esa espera a la preocupación por el desarrollo que vaya teniendo en los próximos días la amenaza del coronavirus.

Ayer, al menos, fueron tranquilizadoras las declaraciones del delegado de Hábitat Urbano, Antonio Muñoz, dejando claras tres cosas importantes:

La primera es que la suspensión de la Semana Santa ni siquiera está como posibilidad ahora mismo “en la mesa” del Ayuntamiento de Sevilla.

La segunda, referida al turismo, que se puede venir a Sevilla.

Y la tercera, totalmente cierta, es que en Sevilla se vive con absoluta normalidad. Como dato incontestable da la razón al delegado la última gran manifestación del colectivo cofrade, el recién celebrado Vía Crucis de todas las hermandades, que el lunes concentró en el casco histórico la presencia de miles de personas que asistieron al acto presidido por el Señor de la Salud, de Los Gitanos. Se puede sumar a ese pico alto de afluencia y convivencia entre ciudadanos el hecho de que se vive sin usar mascarillas, o de que se tose con la naturalidad de cualquier otro invierno, sin que la proximidad entre unos y otros cause recelo o reacciones de histerismo.

El delegado ha estado a la altura de saber ponderar que la extensión del coronavirus no es uniforme territorialmente hablando y planetariamente valorada. Sus estragos no son iguales de un lugar a otro. Y en el caso de Sevilla, hoy por hoy, no hay razones fundadas para una alarma general ni estar obligados a seguir un protocolo de precaución que significaría incurrir en un alarmismo injustificado.

Hay que agradecer al delegado de Hábitat Urbano que, precisamente en el marco de la presentación de un proyecto de yeserías para el Alcázar, no haya rehusado contestar a las preguntas de los periodistas sobre los rumores y temores acerca de poder contemplarse la suspensión de la Semana Santa y de la Feria de Abril. Su estimación de calma y tranquilidad contrasta con un periodismo no siempre ejercido desde esas virtudes de equilibrio y mesura. En cierta cadena televisiva y sectaria que todos conocemos se dedican, cada tarde sobre todo, no a dar una información veraz, sino una información espectacular y apocalíptica del coronavirus en el mundo. El show está servido por la tendenciosa locutora de la cadena, respaldada por un mapa fijo y coloreado por zonas rojas incandescentes. Ese infierno no es aún homologable a todos los países ni, dentro de ellos, a todas las ciudades. Por fortuna, Sevilla mantiene cerradas en la actualidad las fronteras invisibles de la psicosis y también el paso a quienes la fomentan.

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