Sevilla es una ciudad única para rodar películas. Seguramente que en la mente de todos están más de dos o tres títulos de fama mundial con escenas filmadas en nuestra ciudad. Ahora bien, no se puede confundir la libertad con el libertinaje. Lo del sábado 21 de octubre es intolerable. Sin permisos, a plena luz del día, con menores delante, grabar a dos señoritas como su madre las trajo al mundo no es de recibo. Sevilla tiene una imagen de ciudad abierta y tolerante, caleidoscópica si se quiere, con muchos puntos de vista, pero esto nos tiene que avergonzar. No por falta de moral o de decencia, que también, sino porque las reglas y las normas son para todos y hay que cumplirlas. Si se quiere grabar hay que solicitarlo, el Ayuntamiento lo estudia y busca el horario y las condiciones que menos perjudiquen a sus ciudadanos. Y además hay que pagar. Lo que no hizo la productora “low cost”, por no llamarla “high,” cutre. La Policía ha puesto en marcha una investigación, que es lo que procede. Esperemos que esta “hazaña” lésbica no les salga gratis y sean sancionados, como corresponde. Sevilla merece ser respetada. Y las mujeres también. No pueden ser un objeto de consumo o una mera mercancía. El Instituto Andaluz de la Mujer y la Consejería de Igualdad, tan sensibles en otros temas, tienen que tomar cartas en el asunto y pronunciarse.