Los independentistas esperaron en vano la comparecencia de Puigdemont tras proclamar la independencia / Quique García

Los políticos y altos funcionarios catalanes no oponen resistencia a la aplicación del artículo 155 que suspende la declaración, sin apoyo internacional alguno

La disputa del RCD Espanyol – Real Betis el próximo lunes en el estadio de Cornellá no peligra en absoluto, ni el Girona-Real Madrid del domingo -también se jugará el Barcelona B-Sevilla At., en Segunda-, pese a la declaración el viernes de la independencia por el Parlamento de Cataluña, declaración que tuvo debida respuesta por parte del Gobierno español apenas unas horas después.

Los dirigentes políticos catalanes, tras una declaración de independencia en el Parlamento de cara a la galería, en la que el presidente Puigdemont ni compareció luego desde el balcón en la Plaza de San Jaime -donde no ha dejado de ondear nunca la bandera de España– pese a la que aguardaban miles de independentistas, no parecen dispuestos a oponer resistencia a las órdenes del Gobierno de España.

Puigdemont y todos sus consejeros han sido destituidos, el Parlamento disuelto, y los máximos responsables de los Mossos, la Policía autonómica catalana, relevados de sus cargos, lo que tanto el director general, Pedro Soler, y el mayor José Luis Trapero -cesado esta pasada madrugada- han aceptado sin rechistar y sin presentar resistencia alguna.


Lo mismo tienen previsto hacer los miembros del ‘Govern‘ y resto de principales instituciones catalanas, desde las que no se atreven a convocar a las masas independentistas a que salgan a las calles a mostrar resistencia a la ley, so pena de exponerse a duras penas de prisión, donde llevan varios días ingresados Jordi Sánchez, presidente de la ANC, y Jordi Cuixart, de Òmnium Cultural, las dos asociaciones civiles promotoras de la sedición.

En Cataluña -donde nos encontramos desde primera hora del viernes para acudir el fin de semana al Joventut-Betis y el Espanyol-Betis, así como para visitar a la familia-, la independencia apenas duró tres horas: algunos la celebraron de manera forzada, conscientes de que no iba a ninguna parte, y quienes la promulgaron votando en secreto ni se atrevieron luego a comparecer ante el pueblo en la Plaza de San Jaime para proclamarla en voz alta. Lo hicieron con la boca chica, y el 155 impulsado por el Gobierno la ha cerrado de inmediato. No se atrevieron a dar la cara ni para votar en el Parlamento a mano alzada y con el show de la declaración express parecen darse por satisfechos, por el momento.

El 21 de diciembre habrá elecciones convocadas por Rajoy y en manos de la mayoría prudente y silenciosa del pueblo catalán, que lleva tiempo alejada de las urnas, está conseguir un respaldo suficiente para acabar con este proceso que tantísimo daño le está haciendo, principalmente a la propia Cataluña, donde el independentismo trató de celebrar ayer como victoria una derrota inapelable que plasmaron en el acta del partido la inmensa mayoría de naciones y organismos democráticos internacionales, a los que se requería desde el bando ‘indepe’ para que ejercieran de árbitros y han mostrado un rechazo enérgico al vodevil del ‘procés’ catalán, al que han mostrado tarjeta roja que seguramente acarreará un largo periodo de sanción.