Una oreja para la terna en la vuelta de los toros a El Puerto

El Puerto de Santa María. Lleno de no hay billetes (lo que permitió el protocolo sanitario). Soplaba fuerte el levante.

Toros de Juan Pedro Domecq. Bien presentados y parejos, pero deslucidos, de escaso juego y muy sosos.

Enrique Ponce (Blanco y Oro): Ovación y oreja.

Morante de la Puebla: (Mostaza y azabache): Oreja y silencio.

Pablo Aguado: (Azul marino y oro): Oreja y ovación.

Gran ambiente en la ciudad portuense para la vuelta a los toros en la Plaza Real, donde además se conmemoraba su 140 aniversario y la centuria de la muerte de Joselito “El Gallo”, por eso el coso se engalanó para dicha ocasión.  La plaza se llenó hasta lo que el protocolo sanitario posibilitó. Había ganas de toros y un atractivo cartel para la ocasión. La gente pasó el protocolo sanitario, como fuera la toma de temperatura en la entrada, untarse los geles de protección y la distancia de seguridad. Incluso el levante acudió con fuerza para no perderse la vuelta de los toros.

La terna también tenía ganas de torear en El Puerto, por ello, tanto Ponce que es el llamado a liderar esta nueva normalidad taurómaca, como Morante y Aguado, derrocharon ganas y pinceladas de torería; no acompañó así a los matadores el ganado de Juan Pedro Domecq.

Abrió el cartel el torero de Chivas, con un toro que tenía fijeza y comenzó con buen son, pero se fue apagando a la vez que la faena transcurría. Solamente una serie le pudo ligar el diestro, que luego pasó a darle pases de uno en uno, para terminar fallando con los aceros. En el cuarto de la tarde estuvo Ponce más entregado y con más ganas, después de que sus compañeros de cartel hubieran cortado un trofeo respectivamente. El toro humilló un poco más en la faena de muleta, y el torero supo sacarle el jugo necesario para meter al respetable en vereda; voluntarioso el maestro sacó provecho de lo poco que tuvo, teniendo la fortuna de cortar una oreja.

Morante tenía muchas ganas, y eso quedó reflejado desde el inicio, con un buen recibo de capote al segundo de la tarde. El torero de la Puebla del Río cuidó a un toro que le tocó la muleta en alguna ocasión, pero supo Morante solventar aquel defecto del cornúpeta, dando una respuesta con buenos pases, y pegando una gran estocada que valió una oreja. El quinto de la tarde, de salida ya anunciaba que tenía poca fuerza, además de ir a su aire durante toda la lidia. Fue pitado en varas y en banderillas. Morante estuvo constante, afanándose en sacarle algo a su antagonista, pero el toro no trasmitía nada, así que hubo que pasaportarlo.

Pablo Aguado se presentaba como matador en el coso Real. Muchas ansias tenía el aficionado de contemplar al torero hispalense, que la temporada pasada mostrara tanta torería. Con el tercero de la tarde y primero de su lote, lo saludó con unas bellas verónicas, para seguir con el toreo de capa en un aplaudido quite. Con la muleta supo aprovechar las embestidas que con cierta nobleza le regaló el toro, cuajando así una vistosa faena que le valdría un apéndice. El sexto y último no quiso saber nada del percal. Tras un buen puyazo donde pareció que el morlaco iría a más, solo fue un espejismo, porque cuando el torero le pegó dos pases enlazados, el burel cantó la gallina de inmediato, a partir de ahí el toro no quiso más pelea, así que el matador se quedó con ganas de más.

Por José Manuel Femenía.

Galería de imágenes: Manu Bernabé

 




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