Un libro recoge la catalogación completa de toda la obra residencial de Aníbal González
Más de 180 viviendas componen esta obra de la aparejadora Noelia Chaves

Aníbal González. Catalogación de su obra residencial es el título del libro editado por la Fundación Aparejadores, ente del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla y presentado ayer en la sede del mismo por el aparejador José María Cabeza, Premio Nacional de Edificación.

De izquierda a derecha, José María Cabeza, aparejador y premio nacional de Edificación; José Manuel Flores, presidente del Colegio de Aparejadores de Sevilla y Noelia Chaves, autora del libro.

La obra que se publica es la tesis realizada entre 2012 y 2016 por la aparejadora Noelia Chaves. Este libro ha sido coordinado por el aparejador Francisco de Jesús Pareja y recoge 180 viviendas mayoritariamente situadas en Sevilla, aunque también con referencias a otras que se encuentran en localidades como Jaén, Granada, Aracena, Villanueva de la Serena o Huelva. Asimismo, la obra da cuenta de otras 12 viviendas que aunque todos los indicios apuntan a que son de Aníbal González, no existe la seguridad completa que sean obras del conocido arquitecto.

El presidente de los Aparejadores de Sevilla, José Manuel Flores, señaló que “es una obra de suma importancia para conocer más de cerca la obra residencial de Aníbal González, ya que es la primera vez que se ha cerrado un inventario completo de toda esta obra residencial, así como avala el compromiso social y profesional del Colegio de Aparejadores de Sevilla en la investigación y el estudio del patrimonio”. Por su parte, José María Cabeza destacó en la presentación de la obra que se trata “de un trabajo fundamental para los aparejadores, para nuestra profesión, ya que se detallan los sistemas constructivos y los materiales empleados en estas edificaciones”. 

Según Noelia Chaves “en Sevilla conocemos casi exclusivamente al Aníbal González que levantó la Plaza de España o la Plaza de América, quizás dos de los mayores iconos artísticos de la ciudad, pero en este trabajo me he querido centrar en su obra más numerosa y también más desconocida: la obra residencial”. La importancia de este libro reside en que se trata de un catálogo completo en el que se lleva a cabo una lectura transversal de todos los casos analizados, pudiéndose extraer patrones sobre la ubicación de las obras, el diseño, los materiales, los sistemas constructivos, así como su protección y el estado actual de conservación.

“A Aníbal González -apunta la autora del libro- no podemos ni mucho menos encasillarlo como un arquitecto únicamente regionalista, ya que su estilo evolucionó a lo largo de los años. En sus inicios, era un arquitecto inquieto y comprometido con los lenguajes arquitectónicos de vanguardia. Tuvo una primera etapa modernista que, aunque es menos reconocida, cuenta con ejemplos como las viviendas de la calle Alfonso XII para los hermanos Montoto. Posteriormente iría evolucionando hacia el regionalismo, su estilo más reconocido”.

Otra de las novedades que presenta este libro editado por la Fundación  Aparejadores es que viene acompañado de una memoria usb que permite navegar por cada provincia, donde aparecen las viviendas que existen en cada una de ellas. Presenta de cada obra la ficha de catalogación con los datos históricos, ornamentales, características de la vivienda, reformas realizadas y grado de conservación.

Según intuye Noelia Chaves, “Aníbal González podría ser una persona tímida, introvertida pero amante de su profesión, y sobre todo concienciado en no hacer una diferenciación de clases sociales a la hora de diseñar las prestaciones en sus obras residenciales. No hay que olvidar que diseñó una gran cantidad de viviendas sociales y que, como él mismo repetía en sus diarios personales, siempre debían cumplir unos cánones básicos de salubridad. Quizás este es uno de los motivos por los que pueda entenderse que falleció siendo pobre, ya que estaba más centrado en realizar su obra para la ciudad, como por ejemplo las denominadas Viviendas para obreros o la inconclusa Basílica de la Inmaculada Milagrosa que en su propio beneficio económico”.

Biografía de Aníbal González Álvarez-Ossorio.

Nació en Sevilla en 1876 y murió en 1929, a los 52 años de edad. Está considerado como uno de los principales artífices de la arquitectura regionalista. Estudió en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, finalizando en 1902 con el número 1 de su promoción. De su época también destacaron los arquitectos Juan Talavera y José Espiau.

Realizó varios viajes a Italia y Francia (1922) y a Inglaterra (1924). Estaba emparentado con Torcuato Luca de Tena, fundador del diario ABC que sería durante muchos años su protector y consejero.

Está considerado como el arquitecto español más importante de los primeros años del siglo XX, reconocido con nombramientos como el de Caballero de la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica y de la Orden Civil de Alfonso XII, además de ser Hijo Predilecto de Sevilla. 

En 1910 se convocó un concurso para nombrar al arquitecto jefe de las obras de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Aníbal González se presentó al mismo y lo ganó. Para las obras elaboró un anteproyecto que no fue llevado a cabo en su totalidad, tal como aparecía diseñado en los planos del arquitecto. Fue director de las obras hasta 1926, año en que dimitió. De este conjunto monumental, destacan principalmente la Plaza de España y los edificios de la Plaza de América.

Sin embargo, Aníbal González no es un arquitecto dedicado en exclusiva a la construcción de obras singulares. Dejó una abundante producción en tres décadas de intenso trabajo en Sevilla, desde que se licenciara en 1902. Como padre del regionalismo sevillano, era sobre todo un creador de formas ornamentales, especialmente prolíficas en las fachadas, dentro de un estilo que buscaba la identidad autóctona en tiempos pasados y que se nutría del ladrillo visto, el hierro forjado, la yesería y el azulejo como materiales básicos. 

Arquitecto prototípico de su generación cultural, que se hizo madura tras la del 98, encauzó su producción por la vía del mudejarismo en sus célebres trabajos monumentales, así como en sus obras menores, oponiéndose luego a toda incorporación vanguardista del movimiento moderno de la arquitectura. Entre sus colaboradores habituales se encuentran su hermano Cayetano González Álvarez-Ossorio, Manuel de la Cuesta y Ramos, Cayetano González y Gómez, o su cuñado Aurelio Gómez Millán.

Fue vicepresidente del Ateneo de Sevilla y cuando murió estaba en la ruina, de manera que tuvo que hacerse una cuestación popular para recaudar dinero con la finalidad de conseguir una casa para su la familia. 

En el año 2011 el Ayuntamiento de Sevilla le rindió un merecido homenaje al erigirle un monumento frente a la citada Plaza de España, considerada su obra cumbre.




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