“Toda una vida”: un rato con Tony Benítez

 

Cuando la maestría en un arte se asocia a los muchos años, puede considerarse que el artista ya ha alcanzado la categoría de clásico. Y si todavía no lo es, le falta muy poco. Pocos llegan a ese nivel de reconocimiento. Y, de estos, menos aún consigue verlo en vida. 

Sin embargo, hoy lo acabo de ver, en mi ciudad — Sevilla —, en la persona del maestro modista y diseñador Tony Benítez (Sevilla, 1935). Expone en Cajasol (de aquí al jueves que viene, no os lo perdáis), y el título de su exposición personal es sugerente: «Toda una vida». Porque se trata de eso: de una vida, la suya, que sigue bien y plena, como pude comprobar por mí mismo hace tan solo unas horas. 

Creo que es de justicia que uno sea profeta en su tierra, y que lo vea cuando uno está lúcido y consciente. Que toda una vida entregada a la pasión de vestir bien sea aplaudida por sus paisanos. Que Tony oiga, pues, el merecido aplauso a tiempo. 

Me acerqué al maestro con la timidez con la que uno se aproxima a los artistas de esta categoría. Lo encontré amable y distendido, próximo, lleno de una campechanía fina, bien entendida. Hablaba con todo el que se acercara, y conmigo no fue la excepción. Tuve ocasión de contarle cómo supe de la categoría de su trabajo, hace muchos años, y cómo adquirimos entonces una prenda de su tienda-taller de la calle Francos. Le comenté que dicha prenda se había conservado en casa como oro en paño y que, ahora, pasaba para uso y disfrute de una segunda generación. En ello consiste, el clasicismo, un poco de intemporalidad, con la frescura del goce renovado que da el aprecio por parte de la juventud.

Charlamos, y dio tiempo para que me transmitiera su proyecto actual — a los 88 años — y su ilusión. 

Ni que decir tiene que lo suyo es Arte con mayúsculas. Lo que hay que decir, además, es que aquí, en su Sevilla natal, hay ya un agregado sustancial de talento en su arte. En su nobleza, Tony se esfuerza en explicar la cantidad de modistas que crean y trabajan en Sevilla, algunos más conocidos que otros. Gente que comparte una pasión: que una vaya adonde sea hecha una obra de arte. Gente, por tanto, que tiene ya una solera y una escuela específica de Sevilla, dotada de inspiraciones muy concretas, pero con la intención de mostrarse al mundo.

La Sevilla de hoy anda ya lejos de aquella acomplejada capital de provincias de mi infancia. Y esa Sevilla real, viva y pujante, exige mostrar al mundo el arte de Tony Benítez y, al igual que él, de tantos otros modistas — imposible mencionarlos aquí — en un museo del Traje de Sevilla

Tal es la ilusión del maestro, y comprometido quedé a difundir la propuesta. Aquí hay talento a raudales, y hay formas originales, tan nuestras. Por lo demás, lugares hay de sobra en esta nuestra ciudad, tan visitada que asegura la recuperación de la inversión, con creces. Falta solo el interés institucional, y ponernos a hablar. A hablar de lo concreto, con un calendario por delante.

 




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *