Raquel Roca: “Después de los cincuenta nos queda la mitad de la vida laboral por delante”

Periodista, speaker, docente y consultora especializada en el trabajo del futuro, dejó con la boca abierta y ganas de más a muchos de los asistentes al I Congreso Internacional de Innovación Educativa de Andalucía, celebrado en Málaga el pasado noviembre. Sus libros Knowmad y Silver Surfers (Lid) explican cómo es el nuevo paradigma del trabajo y qué debemos hacer para alcanzar un futuro profesional mejor en tiempos de incertidumbre. El mundo laboral ha cambiado y necesitamos cambiar también nuestra mentalidad. «Hay futuro después de los cincuenta», dice.

– Me cuentan que su conferencia en el I Congreso internacional de Innovación Educativa de Andalucía fue un éxito. El personal quería más. 

– Me hubiera gustado seguir hablando un poquito más en el escenario. La verdad es que fue una experiencia maravillosa junto al resto de los compañeros de docencia preocupados por transformar la educación y la innovación. Para mí fue un honor y me alegra saber que he podido poner también algunos puntos de inspiración.

– En la introducción de su libro Knowmads (Nómadas del conocimiento) relata cómo un buen día decidió plantarse y tomar las riendas de su futuro después de muchos años ejerciendo el periodismo en diversos medios de comunicación. 

– Creo que es algo que deberíamos pensar todos en un determinado momento de nuestras vidas. Mi decisión está muy vinculada con esas palabras que se escuchan mucho últimamente que hablan de «conectar con mi propósito». Eso es lo que me hizo tomar la decisión. He trabajado de periodista y continúo ejerciendo, lo que pasa es que he llevado la comunicación a otro nivel diferente. Conecta más con el sentido de realización que tengo ahora y no tenía antes. Todo lo que hice en el pasado es lo que me ha traído hasta donde estoy ahora.

– ¿Y cómo se hace?

– Todos vamos evolucionando. Nuestros deseos, expectativas, ilusiones… Todo va cambiando. Lo que ocurre es que muchas veces nos quedamos anclados o varados en nuestro entorno profesional. Mi consejo es que escuchemos esa necesidad de cambio que antes o después todos sentimos. Debemos cuidarnos y no traicionar nuestros propios deseos más internos. No hay nada peor que traicionarnos a nosotros mismos. No es una cosa que te viene a la luz de un día para otro. No es así. Son pequeñas señales. Lo mínimo es aprender a reconocer qué es aquello que no queremos seguir haciendo.

– Una carrera universitaria no garantiza hoy un empleo estable como ocurría hace varias generaciones. Y, sin embargo, persiste esa mentalidad.

– Sí. No hay nada hoy que garantice absolutamente nada. Lo único que sí podemos hacer, si queremos cuidar nuestra empleabilidad en estas largas carreras laborales que tenemos por delante, es un proceso de actualización constante a través de micro aprendizajes con el fin de conectar con las tendencias. Es necesario entender qué es lo que se mueve hoy día en el mercado y qué requieren de nosotros como profesionales. Obviamente, en muchos sectores como la medicina vas a necesitar un título, pero en otras no hace falta. Lo más importante es conocer lo que necesitamos saber para el día de mañana más que los conocimientos adquiridos.

– El modelo de laboral y organizativo de la Revolución Industrial aún pervive en muchas empresas, aunque hace décadas que está finiquitado.

– Así es. Es un problema que me encuentro en muchas empresas y organizaciones con las que trabajo. El gran proceso es transformar el modelo, la empresa, la cultura fordista, y orientarla hacia otra más propia del siglo XXI, que es mucho más líquida, cambiante y ágil. La cuestión es que todavía hoy seguimos pensando en trabajar como se hacía en la era industrial. Ya no es así. La dificultad está en cambiarla por la de este siglo, que es mucho más líquida, flexible, digitalizada. Y más bonita y divertida. Esto no es baladí, sino que la transformación digital nos tiene que llevar a transformar y humanizar los entornos de trabajo.

– Al actor Antonio Banderas le escuché decir en una entrevista en televisión que «en España se nos educa para trabajar para otros, no para ser emprendedores».

– Pues no puedo estar más de acuerdo con él. Me parece un gran emprendedor. Cuando hablo de emprendimiento no digo que todo el mundo tenga que crear una empresa. No es necesario. Sí lo es que todos tengamos una mentalidad emprendedora. Necesitamos tener un espíritu de aventureros, de innovación, de riesgo. Y que el sistema en el que nos movemos facilite ese tipo de cosas. Una empresa trabaja normalmente con el miedo. Si te equivocas, el castigo puede ser el despido. Esto es hoy inviable, porque no existe innovación que no esté asociada al riesgo. Es algo que debería enseñarse en los institutos y en los colegios.

– Usted habla de aprendizaje continuo y versátil. Aprender durante toda la vida y ser autodidactas. 

– Sí. Hemos entrado en la vida de los cien. Esto lo cambia todo. Una sociedad tan longeva y maravillosa, y a su vez con pocos hijos, es una sociedad envejecida en la que, obviamente, nos va a tocar trabajar también más tiempo. Y no hay ninguna fórmula más que la de trabajar más años. Per se puede parecer malo, pero no lo es desde la perspectiva líquida-digital del siglo XXI. Esto significa que vamos a tener que estar actualizándonos constantemente. No nos queda otra. El mundo cambia muy rápidamente y nuestros aprendizajes van a ser una necesidad.

– La titulación es algo secundario para muchas empresas a la hora de contratar. Les importa más un currículum con habilidades blandas, también conocidas como soft skills. ¿Por qué cree que son tan importantes hoy?

– Son las que componen las habilidades del knowmad. Las que nos van haciendo que vayamos encajando en el futuro del trabajo. Las necesitamos porque son las que nos diferencian, entre otras cosas, de la máquina, de la inteligencia artificial, de la robótica, y nos hace insustituibles. Aportan un valor humano diferencial. Hablamos de la capacidad de innovación, de comunicar, que son esenciales hoy; de la capacidad de colaboración, de compartir conocimiento, pensamiento crítico… Habilidades que nos permiten sobrevivir en un mundo tan cambiante.

– Sí, pero la realidad nos muestra algo muy distinto. Tenemos escuelas del XIX, profesores del XX y alumnos del siglo XXI. Algo falla, ¿no?

– Sin duda. Incluso tenemos profesores del siglo XXI encajados en un sistema del siglo XIX, con lo cual están limitados. Esto les limita la innovación en sus entornos de trabajo. Es un problema del sistema. Se les exige que cumplan con determinados temarios, con ciertas asignaturas absurdas, con horarios industriales y unos métodos de evaluación que les restan singularidad a sus alumnos. Es una aberración y así nos va. Lo que hoy sacamos de las escuelas es un robot que no puede competir en un mundo de robots.

– El paradigma tradicional también ha cambiado: estudiar, casarse, trabajar, tener hijos, jubilarse…

– La sociedad ha cambiado completamente y nuestro arco de vida también ha cambiado mucho. Hoy ya no es así. Hoy es estudio, estudio, estudio y estudio. Las estructuras y las relaciones son más líquidas. También la evolución es más constante. Tenemos una movilidad infinitamente mayor que nuestro padres o abuelos. Hoy existe el nomadismo digital o el poder colaborar con personas situadas en cualquier parte del mundo, lo que cambia el orden de las cosas y las contrataciones. Por tanto, es necesario ser exploradores y entender cuál es la realidad que tenemos a nuestro alrededor e intentar adaptarnos a este entorno.

– En su libro nos da las claves para aprender a ser autónomos, creativos, a crear nuestra marca personal. ¿Por qué es necesaria? 

– Es vital porque estamos en un mundo digital. Tenemos que salir del entorno analógico para hacer una proyección online. Es una base maravillosa para crecer, compartir conocimiento, relacionarse mejor, mostrarse y aprender de otros. Aun así tenemos muchas reticencias porque confundimos la verdadera utilidad de las redes sociales, que es generar valor. Debemos enfocarlas desde una perspectiva profesional y no personal. Es algo que todos deberíamos estar haciendo ya.

– Una marca personal no es ni un porfolio ni un currículum digital, ¿es así?

– Una marca personal es algo ingente. Significa trabajar en network, en relaciones, compartir lo que sé, crear un blog, investigar sobre aquellas cosas que me van a venir bien para el desarrollo de mi carrera. Hablamos de capital social y cómo nos enriquecen esas relaciones. Dejar de pensar en analógico para pensar en digital.

– Un empleado del metal, un carpintero o un albañil ¿pueden tener su propia marca personal en la red?

– Por supuesto. Y hasta una persona que venda naranjas. Todo lo que tenga que ver con una mentalidad abierta, compartir ideas que permitan innovar en un negocio o como profesional. Da igual lo que hagamos. A través de lo digital puedes mejorar tu negocio o ampliar tus horizontes. Sirve para todos.

– ¿Y si le digo que el sueño de muchas personas es ser funcionario?  

– Con todos mis respetos hacia los empleados públicos, que nos hacen mucha falta, el problema está en la mentalidad que asociamos a esto. El que alguien sea empleado público no significa nada, a no ser que te quedes varado y anclado en eso que estás haciendo para el resto de tu vida. Ese es el problema. Si lo haces con la idea de tener un sueldo y llevar una vida tranquila para el resto de tu vida y no seguir creciendo, mal. Esa es la diferencia. Hay muchos funcionarios públicos que conectan con la labor que quieren hacer porque es algo inspiracional, y me parece muy bien. El ser humano necesita evolucionar. El problema es sacarse unas oposiciones con esa mentalidad.

– En su último libro, Silver Surfers, el futuro laboral es para los mayores de cuarenta, nos habla de del factor demográfico y lo importante que es comprenderlo de cara al empleo. ¿Por qué?

– Varios motivos. Por un lado, nuestras carreras son más largas en el tiempo y eso lo cambia todo. La demografía modifica la forma de vivir, cómo nos relacionamos, las ciudades, hasta el tamaño de las aceras. Nos va a cambiar todo. Somos una sociedad envejecida. Por otro, porque todavía seguimos practicando en las empresas un concepto muy triste que es el edadismo, que es hacer discriminación a las personas por cuestión de edad. De ahí que a partir de los cuarenta o los cincuenta se deje fuera al talento senior y a que nosotros mismos pensemos que nos pilla muy mayor, con lo cual nos estamos posicionando fuera del sistema de trabajo. Hay que ser conscientes de que nos queda muchos años de vida, que vamos a seguir necesitando ingresos en los próximos años. Y más importante que ingresar, es seguir disfrutando de estar en activo. Nos jubilan del trabajo y de la vida y, por tanto, esto no puede ser. Hay que cambiar de mentalidad y adoptar el concepto «silver», que viene de la economía de plata, y «surfer», aquellas personas que quieren seguir surfeando las olas del cambio y desean estar en la cresta de la dignidad profesional, laboral y de la vida.

– ¿Hay vida laboral después de los cincuenta?

– No es que haya vida laboral, es que nos queda la mitad por delante. Entre cuarenta y cincuenta años tenemos por delante el sesenta y siete por ciento de la vida laboral, según las tablas demográficas actuales. Pero, además, tenemos una mochila de experiencias y el momento perfecto para la actualización necesaria de los conocimientos y para hacer lo que realmente se desea. Es el momento de conectar con nosotros mismos. Sabemos por donde no queremos volver a pasar, hacia dónde queremos ir y disfrutar del proceso. Claro que hay esperanza.

– Ha puesto en marcha una academia digital llamada Silver Academy. Qué puede encontrar una persona desempleada mayor de cincuenta años.

– Todos los conocimientos aglutinados para que esas personas puedan saber qué es lo que está pasando. Qué es lo que pide el mercado, conozcan las competencias necesarias sobre economía, nuevas metodologías, emprender en digital y sepan cómo moverse en la nueva realidad laboral.

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