Raphael estará en Sevilla con Re-sinphónico

La cartelería se extiende ya por toda Sevilla. Anuncia la llegada de Raphael a Fibes para presentar RE-Sinphónico, la gira internacional con la que recorre desde hace meses el mundo entero, habiendo tenido escalas de regresos  triunfales como los de París  -en el mítico Olympia-  y Londres  -Royal Albert Hall-. El artista internacional estará en nuestra capital los días  21, 22, 23 y 24 del próximo mes de noviembre. Ha necesitado de cuatro fechas seguidas para adelantarse a la experiencia de los llenazos  absolutos  -los sold out-, la tónica invariable de sus conciertos. 

RE-Sinphónico viene provocando por todas partes el asombro de los públicos. Es el prodigioso espectáculo  de la evolución de Raphael. No es un artista de época, sino de épocas. Cruza por todas como si atravesara tabiques. Raphael franquea compartimentos estancos. Habita en el tiempo, no en un tiempo. Alcanza el pasado, el presente y el futuro. Y en certeras palabras de mi querido y admirado Carlos Herrera (todo un maestro de la síntesis, de eso tan andaluz que es ir en corto y por derecho), Raphael es ya parte del sonido de la vida.

RE-Sinphónico tiene su origen en el último disco del gran intérprete; o eso parece, porque la conexión llega a ser tan fuerte entre concierto y disco, que se podría hablar de una premeditada colaboración entre dos actitudes artísticas, tanta que incluso comparten el mismo título. La grabación, que tuvo lugar en los legendarios estudios de Abbey Road  -los del paso de cebra de The Beatles-, es una osadía genial del joven músico cinematográfico Lucas Vidal, un atrevimiento que se agradece al comprobar la capacidad innegable demostrada por haber tendido un puente tan sólido entre Raphael y las últimas generaciones, un largo y arriesgado puente que de orilla a orilla no ha podido trazarse con mejor estructura desde los 60 del siglo pasado a este 2019 del XXI. Cuánta sabiduría para concebir un Raphael electrónico, para convertirlo en intemporal precisamente desde sus temas clásicos: “Yo soy aquel”, “Hablemos del amor”, “Inmensidad”, “Qué sabe nadie”, “PromesasDigan lo que digan”… RE-Sinphónico es el pack perfecto entre disco y concierto. Y seguramente es también el concepto musical más ecumémico de Raphael, porque ha unido a todas edades lo mismo que la fe concilia a todos los credos. Raphael sigue siendo Raphael, pero se ha salido de órbita.

El concierto que podrá presenciarse en Fibes es como la sede de un traslado que desde el disco a la escena encaja al milímetro, donde le esperan más de treinta profesores dirigidos por Ruben Díez, batuta elegante, exquisita, versátil desde su procedencia clásica hasta la atmósfera raphaelista.

El sonido está impecable en las manos y el fino oído de Miguel Ángel García Osorno, que sabe repartir los roles de tantos instrumentos a los que hace conscientes de la voz central y prodigiosa de Raphael, la gran razón de ser del amplísimo repertorio que transita durante casi tres horas.

La luminotecnia es pura fantasía, siguiendo en colores y destellos todos los progresos y evoluciones de cada fase interpretativa del multiforme Raphael, inagotable en tantas secuencias sucesivas sobre las emociones del ser humano. Está sublime en Los hombres lloran también, está de Oscar y Goya a la vez. No se puede superar su papel en la desolación, sus lágrimas justas ganando el pulso que tantas veces se pierde en la sobreactuación, e incluso en la exageración. Se tiene absolutamente controlado en la expresividad adecuada, justa entre la derrota y la intimidad del llanto. Y en Yo soy aquel o en Mi gran noche no voy a revelar dos grandes sorpresas que merece el espectador.

Por lo demás, Raphael está de escándalo, es un escándalo. Hay que verlo en directo, porque en la tele no cabe; la tele siempre fue insuficiente para abarcarlo, un esmerado esfuerzo técnico que no da su medida total. Y como escribo esta crónica desde Sevilla, con una comparación me entenderán enseguida: por mucho que se retransmita la Semana Santa, nunca llegará hasta sus destinos de imagen el olor de las flores, de la cera, del incienso y del azahar. Pues la tele también resulta inútil para saber del genuino aroma del escenario cuando lo pisa Raphael.




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