Raphael entra en los belenes a través de la figura de El Tamborilero esculpida por Beatriz Galiano

Desde ahora Raphael podrá estar en los belenes gracias a la figura de El Tamborilero,  debida a la joven pintora y escultora sevillana Beatriz Galiano. La original ocurrencia de llevar hasta los portales la representación iconográfica de uno de los más clásicos y universales villancicos, popularizado y extendido por todo el mundo gracias a la versión magistral e incomparable de Raphael, ha causado hasta el asombro y agrado del propio artista, que se ha dirigido directamente a Beatriz Galiano para manifestarle su agradecimiento. Entre otras palabras, el gran intérprete de la famosa canción navideña le ha dicho satisfecho: “Muy bonito!!!”

 La idea de incorporar a los belenes la figura de El Tamborilero, personalizado en Raphael  -su intérprete internacional por excelencia-, ha venido fraguándose durante dos años. Beatriz Galiano ha ido madurándola al mismo tiempo en que tenía que ejecutar otros proyectos artísticos. Pero era consciente de que llevar a cabo la imagen de Raphael cantando El Tamborilero no era nada fácil. Enfrentaba sobre todo el reto de que plasmar semejante icono de la Navidad significaba para ella ajustarse a toda una memoria colectiva. No podía permitirse la improvisación ni la prisa que entrañaran el más mínimo riesgo de defraudar a los millones de personas que en el mundo guardan siempre viva esta imagen de Raphael. Por eso Beatriz Galiano se había propuesto con decidido empeño hacer  su traslado visual desde las televisiones y los escenarios hasta los belenes, especialmente los belenes de los admiradores del irrepetible artista, incontables en tantos países. En declaraciones a Sevilla Info, Beatriz explica lo que ha sentido al atreverse con tal desafío plástico: “No puedo negar que ha sido muy difícil y que lo he acometido con una gran responsabilidad, la que me permitiera quedarme al terminarlo con mi conciencia artística muy tranquila, porque yo sé que el público conoce muy bien al Tamborilero, que vive en cada Nochebuena en lo más íntimo y entrañable de sus casas. Desde hace décadas todos  -hasta las iglesias y en las misas del Gallo-  le abren sus puertas y, de alguna manera, se podría decir que escuchándolo lo invitan a sus mesas. Por eso están familiarizados con el mensaje conmovedor de su pobreza, se saben de memoria su sonrisa,  su ilusión,  su humildad… le conocen muy bien hasta en su estremecimiento, el que siente cuando sabiendo que no tiene qué poner a los pies de Dios, siquiera algún presente que agrade al Señor, le ofrece sin embargo lo mejor que posee entre sus sencillas pertenencias: la canción enamorada de su ronco tambor”.

 

Beatriz Galiano en su estudio de Sevilla.

 

La escultora y pintora sevillana, que en el caso de Raphael ha logrado siendo tan joven una fidelidad a la fisonomía del cantante que no quedó anteriormente ni al alcance de prestigiosos y veteranos escultores, lo ha concebido vestido con el clásico “uniforme” negro tan característico del artista en sus conciertos; y lo ha dotado de una actitud de caminante ilusionado que se dirige hacia el lugar donde ha nacido el Salvador. Beatriz Galiano nos lo cuenta así, como si más que de rasgos e indumentaria, rápidamente reconocibles, le hubiera insuflado el espíritu que habita en la genial composición: “Está hecho de frío y escarcha de la noche, de nieve de la que cubrió el valle; pero también lo tallé con el latido caliente del corazón de Raphael, con su acogedora voz que hace cálido el pesebre donde los pastorcillos van a encontrar a su Rey”.

 

 

La autora de El Tamborilero, que desde ahora miles de raphaelistas sobre todo desearán incorporar a sus belenes (el listado de pedidos y encargos ya ha empezado),  también revela a este periódico las más íntimas razones que la movieron a realizar su escultura: “Quise darle a los belenes del mundo lo que ya estaba en el corazón de los hogares cada vez que sonaba ese villancico que todos cantamos cada año, cuando el camino lleva a Belén y Dios está a punto de nacer. Pensé un día: Si su voz forma parte de cada Navidad, ¿por qué no dejarlo para siempre entre los pastores que adoran al Niño? Y así fue como decidí esculpir a Raphael para hacerlo presente tocando su viejo y eterno tambor ante los portales de cada Nacimiento”.

La joven pintora, que realizó sus estudios en la Escuela de Arte de Sevilla, contaba no obstante con una ventaja: su profunda admiración por Raphael, pues pertenece a las nuevas generaciones que se han ido incorporando al público que surgió con él en la España de los 60. Le ha facilitado su trabajo tener muy interiorizado el rostro de Raphael, sus facciones, ya que llevaba años  -desde muy niña-  pintándolo e incluso estudiándolo mediante bocetos que han hecho de Beatriz una auténtica especialista de la gestualidad de Raphael.

La policromía de El Tamborilero también estuvo entre las máximas preocupaciones de  Galiano, pues quería dotar a su obra de cierta pátina clásica, acorde con el entorno figurativo que fuera a rodearle, conciliando su identidad absolutamente singular con la propia de los pastores de siempre, buscando en todo momento que encajara con naturalidad al ser integrado en un conjunto tradicional. En ese sentido, consideró que precisamente el tambor debía adquirir unas tonalidades evidentes de antigüedad y desgaste, con la vieja piel de un canto siempre nuevo.

En definitiva, que desde esta Navidad el camino de El Tamborilero podrá llevar a Raphael hasta nuestros belenes.

 

Raphael.




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