Manuel Alejandro, propuesto al premio Princesa de Asturias de las Artes 
Por el Ayuntamiento de Jerez 

La noticia se va multiplicando una y otra vez por todas partes y, cómo no, por las redes de personajes y celebridades que van uniéndose a la propuesta, entre ellos Raphael, Miguel Poveda y Diana Navarro. El compositor Manuel Alejandro ha sido propuesto por el Ayuntamiento de Jerez para que le sea concedido el Premio Princesa de Asturias de las Artes. 

Como suele decirse en estos casos, la mera propuesta, la idea misma, es ya un triunfo, un premio en sí. Y con la propuesta no sólo se están reconociendo los méritos de un compositor, sino también los de una clase de música que alcanzaría en el contexto de este galardón una categoría nunca antes reconocida. 

El actual Premio Princesa de Asturias de las Artes (que antes fue lógicamente Príncipe de Asturias), se entrega desde 1981, creado para distinguir y reconocer la labor científica, técnica, cultural y social realizada por personas e instituciones a nivel internacional. Como músico lo recibió Morricone. 

De Manuel Alejandro (Manuel Álvarez-Beigbeder Pérez) se argumenta que lo merece por su contribución al cultivo y perfeccionamiento de la música”. Eso es decir mucho en cualquiera, pero poco en Manuel Alejandro; pues adquiere una gran importancia una música que en los años 60 empezó llamándose ligera, pero que con Manuel Alejandro adquiriría de manera oficial un gran peso que ya tiene en la realidad de la vida de millones de personas.  

Manuel Alejandro tiene una prehistoria de “antescendientes” familiares en la música y de estudios de conservatorio que muy pocos conocen, donde se encuentra la formación clásica que más tarde va a reflejarse en algunas de sus canciones (como la introducción de “Cuando tú no estás” para Raphael, inspirada en la Sonata Claro de Luna, de Beethoven). Su gran preparación acabará haciendo posibles las desembocaduras en unas formas de escribir y de componer dotadas de una enorme y desbordante riqueza capaz de tantos recursos emocionales.

Como tantas veces de las pocas veces que eso sucede, las mágicas casualidades hicieron lo suyo en el comienzo difícil de Manuel Alejandro. Sería eso que unos llaman el destino y otros la Providencia: Manuel Alejandro era a comienzos de los años 60 del siglo pasado el pianista de un club de alterne madrileño llamado La Galera (luego Stone). Allá fue a parar un jovencísimo Rafael Martos que aún iba sin ph por la vida. Alejandro le acompañaba cada noche en unas pocas de canciones. Y así fue como desde un prosaico y común ambiente de mujeres de esas, sus clientes y descorches de botellas, se estaba fraguando una historia excepcional entre un compositor y su primer gran intérprete. Si un bólido de carreras coge por una carretera comarcal, no tiene nada que hacer; pero si encuentra su pista adecuada, se hace imparable, potente, veloz. Los dos se tuvieron el uno al otro. Y desde allí hasta hoy en ambos casos.

Manuel Alejandro pasó también a ser el compositor sastre de los mejores cantantes. Y aquellos que no lo eran, acabaron siéndolo gracias a sus canciones, inteligentemente premeditadas para cada voz y sus particulares tesituras. Tiene la astucia debida para elegir las historias y dentro de ellas hasta los vocablos según quien las cante. Su versatilidad es tan amplia que más que de un gran compositor se podría hablar de un gran vividor; porque si no, ¿cómo es posible haber transitado por tantas experiencias humanas del amor y del desamor con tanta precisión de situaciones, con las frases más justas de la descripción, incluso con los títulos más precisos y definitorios de tan variadas circulaciones sentimentales? Al final pareciera que Manuel Alejandro es aquel, el que “cada noche te persigue”, el que ama con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento. Quizás fuera él quien se enamoró de Manuela, la de los ojos negros como noche, como sueño…

Su obra está por todo el mundo desde que la cantaron Raphael y Julio Iglesias, pero además Rocío Jurado, Marisol, José José, Luis Miguel, Jeanette, etc.  

En su modestia, Manuel Alejandro, ese “escribidor de canciones”  -como él mismo se define-, ha afirmado a veces que lo suyo es un género menor. Esta propuesta para ser Premio Princesa de Asturias le quita la razón. No hay géneros grandes ni chicos. Hay géneros buenos y malos. Y en el caso de Manuel Alejandro, es una especie de género único y magistral, tanto que después de él  será irrepetible. 




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