Los juegos de azar en la antigüedad

Los juegos de azar siempre han acompañado al ser humano desde el principio de los tiempos. Ya en la época prehistórica aparece el origen del dado que hoy conocemos. Y es que los juegos de azar son un divertimento compartido por todas las civilizaciones a lo largo de miles de años y hoy siguen formando parte de nuestra vida. Solo que ahora contamos con la comodidad y facilidad de jugar de forma online: gracias a las nuevas tecnologías, además de las salas de juegos físicas hay muchos sitios de casinos y de juegos de slots, como por ejemplo Leo Vegas, un sito bastante conocido entre los aficionados. Pero ahora vamos a ver dónde y cómo nacieron los juegos de azar y cómo se desarrollaron desde el principio hasta el día de hoy. 

Los juegos de azar en el Antiguo Egipto

Ya los egipcios disfrutaban de los juegos de azar desde sus inicios como sociedad. El más conocido era el Senet, un juego de mesa al que jugaba tanto la familia real como la gente del pueblo. Fue tan popular que incluso aparece en representaciones pictóricas, además de estar presente en el ajuar de enterramiento del faraón Tutankamón. También tenían el Juego de la Serpiente, una especie de juego de la oca, pero de la época.

Los juegos de azar en la Grecia antigua

En el mundo griego eran habituales los juegos de dados, así como los lugares específicos para jugar. Los dados comenzaron siendo utilizados para los rituales religiosos, y terminaron empleándose para otras actividades relacionadas con la diversión y el ocio. Y, por supuesto, algunos hacían trampas en el juego, para ello utilizaban dados trucados. Pero los helenos también disfrutaban jugando a las damas, sí, ¡ya en aquella época existían!

En la era romana

Los romanos eran grandes apasionados de los juegos de azar, tanto que los poetas ya avisaban de sus peligros. El juego por excelencia para ellos eran los dados, al igual que para los griegos. Todas las clases sociales se divertían jugando y apostando dinero. Eran grandes aficionados a los tableros de juego y hacían apuestas deportivas. Un juego curioso era el micatio, similar al piedra, papel y tijera, pero solo echando un número determinado de dedos que había que adivinar.

En la Edad Media

Aquí los dados seguían siendo las principales estrellas de los juegos de azar. Sin embargo, en esta época se asociaba el juego a las malas prácticas e incluso al diablo. Era tal la afición al juego que ya en la Biblia aparece cómo los romanos echaron a suertes la ropa de Cristo una vez crucificado. A partir de aquí se desencadenó un importante rechazo hacia el juego. Asimismo, aparece el juego de naipes, nuevos tableros de juego y el famoso cara o cruz.




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