La última novela de Álvaro M. Ibáñez Mora, Revelación y Conversión, está dedicada al Cristo de las Tres Caídas y será presentada el sábado en la Hermandad de la Esperanza de Triana

Debido al éxito de su libro Lo último que se pierde, Ibáñez Mora vuelve a conceder a sus lectores una historia que no deja indiferente, una novela cuya trama se sitúa nuevamente en Sevilla, concretamente en la Triana de 1936, en una etapa en la que la ciudad luchó contra las llamas, quedando aterrorizada con los sucesivos incendios en edificios religiosos, como la parroquia de San Julián, perdiendo la histórica imagen de la Hiniesta tallada por Castillo Lastrucci, que sustituyó a la desaparecida en 1932. Quedaron también afectadas las hermandades de los Gitanos, con Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, de San Bernardo, la de San Roque, el Santo Crucifijo de San Agustín o del primitivo Crucificado de la Sed, de Antonio Illanes. Según el escritor e investigador Juan Pedro Recio, constituyó la mayor destrucción del patrimonio histórico y artístico de la ciudad en el siglo XX. Y es ahí donde Ibáñez Mora se atreve a meterse con su nueva novela.

Aunque profesionalmente el escritor realiza labores en el sector contable, financiero y fiscal, su afición por la literatura le ha llevado a publicar cinco títulos.

Nacido en 1986, en su época adolescente trabajó la poesía, siendo su primer libro Pasan los penitentes (procesión de sentimientos), en 2006. A este le siguió, cinco años más tarde, Confesiones (entre algunas mentiras como puños), presentado en la casa hermandad de la Esperanza de Triana.

Sin embargo, su avidez por la lectura le introdujo en el género narrativo, que desarrolla en el ámbito del misterio sirviéndose de su personaje de cabecera, el inspector Beltrán. Publicó Lo último que se pierde, de materia conspirativa y ambientada en Sevilla; La venganza de las olas, una historia de incertidumbre en la isla de Nueva Tabarca; y ahora muestra a los lectores Revelación y conversión, de nuevo en Sevilla, obra plagada de rocambolescos crímenes y con tintes de género negro, donde se consolida un estilo que permite captar situaciones y personajes con riqueza y profundidad.

Podría decirse que es un libro escrito en medio del fuego y hasta con manchas de sangre. Su historia se desenvuelve sobre todo en Triana, con un inspector ficticio llamado Beltrán, personaje recurrente en las creaciones de este autor que ofrece al lector un thriller policíaco ambientado en Sevilla. El tema apunta a la interrogante de lo que pasó con el Cristo de las Tres Caídas. En aquellos momentos de caos lograron los hermanos y devotos salvar sus imágenes, llegando a ocultarlas en improvisados escondites dentro de las iglesias, en cajas especiales o en sus propios domicilios. Pero de lo acontecido hubo de esperarse hasta 1999 para que se dieran a conocer los detalles de tan dramáticos sucesos, revelados por Francisca Medina de los Santos, descendiente directa de los protagonistas. Impulsada por sus hijos, esta relató a los miembros de la Junta de Gobierno cómo el Señor fue trasladado desde su templo y en un carro hasta el domicilio particular en la calle Betis del entonces hermano mayor, Francisco Gordillo. Quienes llevaron a cabo la hazaña, minuciosamente preparada, forman parte de una historia digna de ser novelada. Y eso es precisamente lo que ha hecho Álvaro M. Ibáñez Mora en su interesante obra Revelación y conversión, que acaba de ver la luz.

Usted es de Hellín (Albacete)… ¿Cuál es su vinculación con Sevilla? ¿Dónde nace su interés para novelar temas sobre esta ciudad?

Mi afición por la Semana Santa y el mundo de las cofradías me hizo visitar a Sevilla. No podría indicar qué me sucedió en ese primer encuentro con la ciudad, pero fue algo tan profundo y contundente que, desde entonces, he perdido la cuenta de los viajes y, cada vez más, me encuentro como en casa. El hecho de utilizarla como contexto en mis novelas, al igual que me sucedió con la isla de Nueva Tabarca (Alicante), responde a un capricho de la inspiración y a las posibilidades que ofrecen dichos entornos. Son lugares con unas costumbres y unos aires muy marcados que permiten ambientar muy bien la trama, y con unas historias realmente interesantes que cautivan por sí solas.

La protagonista en su libro anterior fue la Esperanza de Triana. En este nuevo ejemplar no se sale de su sede histórica, la Capilla de los Marineros, enfocándolo esta vez con el Cristo de las Tres Caídas. ¿Por qué ha escogido usted nuevamente el barrio de Triana?

No diría que este libro es tan cofrade como “Lo último que se pierde”. De hecho, lo defino como tangencialmente cofrade, ya que dicho aspecto sólo afecta a la trama de forma indirecta. Para mí, las novelas son tributos hacia los titulares de la Hermandad de la Esperanza de Triana, a la que pertenezco, y desde hace mucho tiempo sentía que el relato sobre la forma en la que se escondió al Cristo de las Tres Caídas es tan bello, que merecía ser novelado. Además, si antes he dicho que en Sevilla estoy como en casa, ese sentimiento es más intenso, si cabe, en Triana.

¿Cómo puede mezclar la ficción con la realidad en un tema tan histórico como fueron los conflictos en los meses previos a la Guerra Civil en Sevilla? Por un lado, usted comenta en otros medios que le gusta que el lector se pregunte qué es lo real o no en sus títulos; por otro, que la intención está en enseñar lo que pasó verdaderamente en la historia de la Hermandad mientras entretiene al lector con sucesos ficticios. ¿Me lo puede aclarar? ¿Le gusta crear confusión para atrapar al lector?

Yo no diría confusión, sino intriga. Los lectores saben que cuando se enfrentan a una novela, observan un relato que contiene una dosis (mayor o menor, según el caso) de ficción. Efectivamente, muchos títulos generan una nebulosa en la que el público, a duras penas, puede discernir qué parte es inventada, pero yo siempre reflejo anotaciones y bibliografía de los hechos a los que hago alusión. Así se puede consultar la fuente original. La parte que tiene de histórica la novela, centrada en 1936, ha sido debidamente estudiada en los libros de “Las cofradías de Sevilla en la II República”, de Juan Pedro Recio; “Historia de la Hermandad Sacramental de la Esperanza de Triana”, de Vicente Acosta; así como en distintas publicaciones de la corporación.

¿Por qué en la sinopsis de Revelación y Conversión no dice absolutamente nada de la historia central que usted ha querido novelar de lo que ocurrió con el Cristo de las Tres Caídas? Usted pone como punto de interés la capilla de San Onofre como escenario, donde un investigador ficticio llamado Beltrán tiene que resolver el motivo de unos crímenes en dicha capilla compaginándolo con un robo en una joyería.

El hecho de no reflejar la subtrama del Cristo de las Tres Caídas en la sinopsis obedece a hacer de esta un elemento amplio, abstracto y resumido sobre el libro, con el deseo de que el posible comprador, cuando la revise, no sienta que está ante una temática cerrada, porque no lo es. En ese sentido, ha resultado prioritario situar en la contraportada la trama central de la novela, esto es, la cadena de crímenes que pretende poner en evidencia algunos de los pilares del cristianismo en la sociedad, y uno de los escenarios es la capilla de San Onofre. Revelación y conversión es muy rica en contenidos, ya que recoge vivencias de dramas personales desgraciadamente frecuentes, como el cáncer, y asuntos de actualidad, como la Memoria Histórica.

 ¿Cómo ha sido documentado históricamente para poder escribir y enlazar los acontecimientos de la trama?

A consecuencia de mi afición por la Semana Santa, tengo en mi biblioteca diversas publicaciones, libros y recortes de periódicos que hablan sobre el ocultamiento del Cristo de las Tres Caídas en 1936, la construcción del museo de la Hermandad de la Esperanza de Triana, la conmemoración del año jubilar que vivió dicha corporación con motivo de su VI centenario… lo único que tuve que hacer es revisar la documentación para ser lo más estricto posible, hilvanar las pequeñas tramas con la principal y darle un desenlace que seguro agradará a los lectores, porque está cargado de Esperanza.

¿Usted qué piensa actualmente de las cofradías, cree que pueden vivir nuevamente lo que sucedió en los meses previos a la Guerra Civil?

-Afortunadamente, el contexto social en que nos encontramos no es el que se vivía en 1936, según nos relatan los libros de historia. Sin embargo, tampoco gozamos de un clima de profundo respeto hacia el cristianismo. Por desgracia, es frecuente ver noticias sobre ataques a iglesias, casas de hermandad, patrimonio, o incluso los altercados que se sufrieron en la Madrugá en 2017… por lo que me gustaría que existiese unión en las autoridades en la condena de estos hechos, así como en la salvaguarda no sólo de la religión cristiana como creencia, sino en la defensa de la cultura que se desencadena de ella y que define a la mayoría de la sociedad. Un pueblo, sin identidad, no es nada.

 

La nueva obra Revelación y Conversión, cuyo prólogo se debe a Sergio Sopeña Carriazo, hermano mayor de la Esperanza de Triana,  será presentada en Sevilla el próximo sábado 14 de marzo y a las 19.30 horas en el salón multiusos de la casa Hermandad de la Esperanza de Triana (con entrada por la calle Pureza, segunda planta). El acto será conducido por el conocido periodista televisivo Víctor García-Rayo, y en el mismo intervendrán Sergio Sopeña Carriazo y el propio autor.

 

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