La Ruta. Riotinto, placenta de la madre Tierra

Minas de Riotinto es el producto de un sueño recurrente del ser humano, la aspiración de arrancarle a la madre tierra un preciado tesoro de sus entrañas. En estas tierras del Andévalo se han fraguado, ahí es nada, cinco mil años de Historia alrededor de una religión convencional y superflua como las horas de un reloj, en la que, como dijo el poeta, se confunden valor y precio.

Quizás el precio no fue justo a veces, o quizás nunca, pero el mejor valor de esos metales no era intrínseco, ni de cambio, ni siquiera el que le otorgaba el uso, sino, sobre todo, el derivado del esfuerzo individual y colectivo para extraerle al subsuelo esos hijos ingratos y esquivos de mineral que tal vez siempre se cobraron en dolor y en desgracias mucho más de lo que les regaló a quienes los anhelaban.

Dicen que no hay futuro para la mina, pero sus habitantes quieren creer que la mina misma, y su pasado, son el más bello futuro para esta zona. Equidistante de Sevilla y Huelva, a 80 kms. de las dos, Minas de Riotinto se asemeja mucho ahora a un parque temático en el que se recrea algo más que una parte importante de nuestra Historia. Aquí se palpa todavía la ilusión incómoda y sufrida de cientos de generaciones que le asestaron al paisaje ese surco inmenso a cielo abierto, capaz de maravillarnos incluso desde el cielo. He sobrevolado muchas veces, a diez mil metros de altura, la corta de la mina, camino de las Canarias, y estremece ver desde ahí arriba la herida supurante que el ser humano le cavó a estas serranías de Huelva.

Y, a pesar de su larga Historia, Minas de Riotinto es un pueblo joven, no porque naciera como municipio independiente sólo en 1841, desgajándose de Zalamea la Real y de la bella Nerva, sino porque es hijo de la desgracia, que le sobrevino en 1916, cuando sus incipientes calles y sus casas se sumergieron en esa placenta de la mina que recorría el subsuelo de estos montes como túneles de un afanoso hormiguero.

De todo aquello, Riotinto conserva un Museo único en su género, creado en 1992 sobre el antiguo Hospital inglés, que guarda un número importante de piezas arqueológicas, material industrial y ferroviario, fotografías y piezas tan singulares como el llamado “Vagón del Maharajá”, construido en 1892 para un viaje a la India de la reina Isabel II y considerado el vagón de vía estrecha más lujoso del mundo; así como el “Sillón del Virrey”, de finales del siglo XVIII, que perteneció al representante del gobierno en la mina antes de que ésta fuera explotada por los ingleses. Ahora cuenta con una recreación a escala real de una mina romana, donde se aprecian las condiciones de trabajo en aquella época.

Queda también el barrio inglés de Bellavista, con sus típicas casas victorianas para aquellos hijos de Su Graciosa Majestad que trabajaban en la Compañía, con la capilla anglicana para los fieles protestantes, con el club inglés y la Casa-Consejo, donde se alojara el rey Alfonso XIII en su visita a la villa. El fútbol, el golf, el tenis y tantas otras costumbres y aficiones afloraron a través de la mina, así como apellidos centroeuropeos e ingleses que aún perviven entre los habitantes de esta zona.
Además, pueden visitarse las explotaciones mineras, donde es posible admirar la enorme magnitud de la maquinaria que hasta hace poco se empleaba y contemplar la vista impresionante desde el “cerro colorado”. O acercarse hasta la Corta Atalaya, la explotación a cielo abierto más grande de Europa, con sus 355 metros de profundidad, o bien a la necrópolis romana de La Dehesa, del siglo II d.C. La Fundación Rio Tinto ofrece también la alternativa de hacer un bello recorrido en un tren turístico de auténticos vagones mineros de principios de siglo que recorre paralelo al río 11 kms., desde los talleres minas hasta la estación de los frailes.

Asimismo, puede efectuarse de muy variadas maneras el camino de la llamada “Vía Verde”, entre Valverde del Camino y Minas de Riotinto, con 29 kms. de longitud, más otros seis entre Empalme y Valverde. Se trata de un camino de tierra sin acondicionar y con ciertas limitaciones en su firme, que atraviesa dehesas de encinas, pinares y eucaliptales, con dos túneles intransitables y dos puentes en uso.

No son pocas las alternativas para pasar una jornada en la comarca, pero en estas fechas habrá que señalar el atractivo añadido de las setas, a las que hay gran afición en toda la zona y que pueden comprarse en varios establecimientos. No en vano, un plato típico en Minas de Riotinto es la jibia con gurumelos, aromatizada con culantro, además, claro, de los embutidos, jamones y demás productos del cerdo.




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