La primera llamada telefónica a Sevilla llegó desde Fregenal y sin chicas del cable
El viejo aparato fue conectado hace unos años a Internet y aún funciona

En los años 60, “la chica del cable” en mi pueblo, Huévar del Aljarafe, se llamaba Petra Segura, pero todos la conocían como Petrita. Casada con Manolo Barrera y madre de tres hijos (Arcadio, Elisa y José María), ejerció de tal en una población que rondaba apenas los 2.000 habitantes y cuya numeración telefónica no pasaba del 50.

Hoy, “Petritaladelteléfono” (así se pronunciaba entonces), tristemente desaparecida hace menos de un década, casi habría doblado aquella numeración que abarca la memoria de muchas generaciones, pero tuvo ocasión de conocer la inmensidad del desarrollo tecnológico vivido desde que se realizara la primera llamada en España desde un entorno rural, concretamente desde Fregenal de la Sierra, en la provincia de Badajoz.

Aunque el uso del teléfono había comenzado a extenderse entre los abonados desde 1885, se calcula que en esa época existía una red de cableado de apenas mil kms y no más de 500 abonados en toda España. No fue hasta 1928 que se instalaron las primeras cabinas telefónicas en la calle, la primera en Madrid en 1928, el mismo año que Alfonso XIII inauguró la primera llamada transoceánica.

La primera llamada de la que se tiene noticia en territorio español tuvo lugar en 1877, pero no en la península ibérica, sino en La Habana, provincia de Cuba, entre la casa del industrial Muset y la Estación de Bomberos más cercana a su casa. Aquel mismo año se realizaron diversos experimentos desde la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona y tres años más tarde, el 19 de marzo de 1880, un abogado, maestrante de Caballería en la de Sevilla, Rodrigo Sánchez-Arjona y Sánchez-Arjona, logró establecer la primera llamada en un entorno rural en España, utilizando para ello una red de cable privada, entre su casa de Fregenal de la Sierra (Badajoz) y su Finca “Las mimbres”, situada a 8 kms.

La comunicación fue posible gracias a dos teléfonos de la marca Gower-Bell que el abogado Sánchez-Arjona vio por primera vez en la Exposición Universal de París en 1878 y que más tarde le envió su amigo el conde Mocel desde Londres a Fregenal. Dichos aparatos pueden verse hoy depositados en el Museo de la Fundación Telefónica en Madrid y hace unos años, en 2007, se comprobó que aún funcionan, pues lograron conectarlo con una simple pila de petaca y un router para mantener una conversación a través de Internet.

 

 

A finales de aquel mismo año, el 27 de diciembre, aprovechando que la línea telegráfica hacia el sur de España pasaba por Fregenal, Rodrigo Sánchez-Arjona logró el permiso para ensayar un contacto con Sevilla capital, y un día más tarde lo hizo con Cádiz, batiendo así el record mundial de llamada a larga distancia (184 kms entre Fregenal y Cádiz) que hasta ese momento estaba en 45 millas (72,42 kms) con una llamada entre Boston y Providence, en EE.UU.

En los años subsiguientes, el maestrante sevillano, apodado por sus paisanos “el Brujo” e interesado en toda clase de inventos y avances tecnológicos, asiduo de las exposiciones internacionales que se habían puesto de moda en aquellos años, quiso montar una red de cableado que uniese a todos los pueblos de la comarca pacense, pero no logró obtener los permisos necesarios de la Administración del Estado, que sin duda ya andaría planificando como repartir aquel botín.

Para cuando Petrita comenzó a ejercer de “chica del cable” en Huévar, los teléfonos en el pueblo aún no tenían disco para marcar, eran de baquelita fúnebre, pero sí una manivela y en su interior una pila de gran tamaño que había que activar con unas cuantas vueltas al manubrio antes de descolgar.

 

 

Bastaba hacer eso y levantar el pesado auricular para que en la centralita instalada en casa de Petrita se descolgara una pestaña con el número correspondiente desde el que se llamaba y que activaba un timbre de aviso en cuyo casillero había que introducir un cable gemelo:

– Petrita, ponme con la casa de Do Nange… (así llamaban a mi padre, Don Ángel, médico del pueblo).

– Es el 27 -respondía Petrita.

Y entonces Petrita dejaba enchufado ese cable e introducía su par en el agujero del número correspondiente con el que se pretendía comunicar:

– Al habla el 15 -apuntaba Petrita, que había dejado puesto el potaje en el fuego o abandonada la colada a medias para atender el estridente timbrazo, cuando alguien descolgaba al otro lado.

En el zaguán de la casa de Petrita había un viejo banco, una cabina olorosa de madera con un cristal que servía de locutorio y una pequeña ventanilla que permitía hacer el encargo de las llamadas que comunicaban con un hijo en la mili, con un pariente en Chipiona o con un hermano emigrado a Cataluña, vaya usted a saber. Al terminar te cobraban “los pasos” que marcaba el contador según el tiempo empleado en hablar.

 

En la imagen, cedida por la web “Huévar en la Historia”, de comienzos de los años 70, aparecen, sentada frente a la centralita de Huévar del Aljarafe, Elisa Barrera Segura, hija de Petrita, la última chica del cable en la localidad, acompañada de Tere Cordero, Matías Álvarez y Manolita Tabares.

 

Cuando se trataba de una conferencia de larga distancia, la operación podía llevar horas, más aún si se trataba de días festivos señalados, ya fuese por la Navidad o por el Día del Padre, pues se amontonaban los encargos y entonces Petrita te anunciaba que había demora y te estimaba el alcance de la misma en dos, tres o hasta ocho horas o más.

La operación era laboriosa y compleja e implicaba a un montón de personas, pues en esos casos la central de Huévar conectaba con la de Sanlúcar la Mayor; esta, a su vez, con la de Sevilla, Sevilla con Mérida, etc. y así sucesivamente hasta alcanzar, pongamos que a Salamanca o Asturias a lo largo de la Vía de la Plata. Cuando todos los pares de cables se hallaban conectados entre sí, entonces se daba aviso de que la conexión se había logrado establecer y que el solicitante tenía al habla el número solicitado.

La menor distracción o error en alguna de aquellas conexiones múltiples arruinaba la comunicación y todo se iba al garete, mientras que a su vez, todas aquellas chicas del cable podían permanecer a la escucha de las diferentes comunicaciones cruzadas que se estuvieran manteniendo a través de su establecimiento, lo que exigía una cuidada discreción y confidencialidad.

Petra Segura se hizo cargo de la centralita telefónica de Huévar después de que su hermana Ana hubiera ejercido como tal, pero llevó siempre con una corrección absoluta su valiosa tarea hasta que la tecnología permitió la incorporación de marcación directa desde cada teléfono individual sin necesidad de mediar con el trato afable y eficaz que dispensó durante años a todos los que se vieron necesitados de usar aquella forma de comunicación que hoy nos acompaña a todas partes y que puso en marcha un despierto abogado pacense.

También sin saberlo, todos llevamos hoy a aquellas chicas del cable en nuestros bolsillos y a una Petrita en nuestro corazón y en nuestro recuerdo.




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