“La Justicia en la División Azul” en el Círculo de Labradores de Sevilla

Sevilla está despertando del letargo cultural de la pandemia y el Real Círculo de Labradores parece “resarcirse” con actividades culturales de primer nivel. Esta vez con “La Justicia en la División Azul” impartida por el General jurídico Ángel Serrano. 

El ponente fue invitado por el Círculo de labradores y por la nueva plataforma ANSOLDES . Don Antonio Rodríguez de la Borbolla presentó el acto de esta asociación que unirá participantes de la sociedad militar y civil y que se prevé dará mucho que hablar en la ciudad por los insignes miembros que la componen y que emprenderá una serie de actividades en defensa de España.

La gran dimensión de la sala permitió que pese a las limitaciones Covid se registrara una ingente asistencia. Amigos de la Historia, del ejército, del derecho y fans de la II Guerra Mundial se dieron cita para asistir al análisis de uno de los ámbitos menos estudiados de la división Azul: la Justicia.

La II Guerra Mundial es una guerra que sigue interesando a lectores de todo el mundo, lo que en nuestro país ha desencadenado en las últimas décadas rigurosos trabajos sobre la participación española. Sus distintas vertientes desde las puramente bélicas a la profundización en distintos cuerpos y servicios militares, así como memorias y biografías de los integrantes de la División Azul, han cristalizado en obras muy reseñables. Entre las últimas novedades destacamos “Solo muere el olvidado” de Editorial Actas, Casi no tuve tiempo. El Comandante Alemany en la División Azul” de SND Editores, “Sol y Moscas” de Uno editorial, o “La Cuarta Escuadrilla Azul” de Biblioteca del Guripa, estos dos últimos escritos por investigadores sevillanos.

La conferencia

Aunque la justicia en la División es muy poco conocida, se ha escrito de forma tergiversada sobre este campo. Se han magnificado las deserciones, las automutilaciones y el número de delitos, y la dureza de los castigos. El General Serrano, auditor de guerra, demuestra con cifras y datos la realidad de estas cuestiones que espera, cuando complete sus investigaciones, plasmar en un libro. 

La conferencia analizó el régimen jurídico de los soldados españoles encuadrados en la División Española de Voluntarios y cómo se aplicó en ella la justicia y el régimen disciplinario militar.

Al contrario que otros extranjeros integrados en el ejército alemán, los militares y jurídicos españoles no adoptaron el Código de Justicia militar de la Wehrmacht, sino que la División Azul quedó exclusivamente sujeta a la jurisdicción militar española: el Código de Justicia Militar de 1890, el Código Penal ordinario, y los Bandos Militares dictados por el General Jefe de la División. Sin embargo, los prisioneros de guerra capturados por los españoles sí quedarían bajo jurisdicción alemana. 

Sobre esta base, Serrano fue explicando cómo estaba organizada la administración de la justicia y los procedimientos que enjuiciaban las puntuales conductas delictivas.

Como no podía ser de otra manera siendo jurídico militar, hizo hincapié en los Oficiales del Cuerpo Jurídico Militar, y en las atribuciones de la “Autoridad Judicial” que era entonces el General Jefe de la División. Se paró también en los Consejos de Guerra y el enjuiciamiento de los delitos, y en figuras como los Jueces Instructores, los defensores y los fiscales militares. La composición de los Consejos de Guerra variaba en cuanto a la identidad de las personas que los integraban, de forma que sus integrantes no eran siempre los mismos, sino que iban cambiando en función de las bajas y relevos producidos en la Unidad.

Los delitos porcentualmente ínfimos en relación de otras unidades

Serrano fue repasando los tipos de delitos, militares y comunes, las penas impuestas y su forma de aplicación, las faltas disciplinarias y sus sanciones, sin olvidarse de los «pelotones de castigo».

La repatriación fue el destino de los sancionados para el cumplimiento de los castigos en territorio nacional porque se les consideraban “indeseables” que manchaban el buen nombre de la División. Esa repatriación se realizaba en expediciones a junto al personal herido o enfermo o repatriado por relevo.

Pese a lo arduo del tema para los profanos, el General Serrano explicó de forma sencilla y asequible las circunstancias en que se producían los delitos. Añadió que hay que juzgarlos en su tiempo, en estado de guerra, en el frente, y sus circunstancias; el robo, el atraco, el homicidio a un compañero llevaban inherente la pena capital y en algunos ejércitos si el delito era común la pena era la horca o el garrote y si era militar, fusilamiento.

Uno de los ámbitos que más impresiona desde la perspectiva actual es el de las penas de muerte. En esa época era la pena impuesta por deserción en cualquier ejército de los que combatían en la II Guerra Mundial. La traición, la adhesión a la rebelión, espionaje, abandono del servicio, o automutilación eran delitos muy graves.

En la División, teniendo en cuenta las condiciones extraordinariamente duras de la campaña, el número de penas de muerte en relación al volumen del contingente es estadísticamente irrelevante: sobre 48.000 voluntarios solo se aplicaron dos decenas de penas de muerte, lo que demuestra la calidad moral del combatiente divisionario. ¿Las razones? El alto compromiso vital e ideológico, un gran peso religioso o incluso la alta formación intelectual, ya que fue el contingente militar con el número mayor de universitarios. A efectos de comparación, en las Brigadas Internacionales Andre Marty afirmaba haber ordenado fusilar a unos 500 brigadistas, pero los estudios actuales elevan la cifra a más de 2. 500. La División Azul fue una Unidad en la que, al margen de las anécdotas sobre la permisividad en cuestiones como la uniformidad la disciplina se impuso con rigor y cuando fue necesario. Para el General Serrano, sería además, un factor crucial que contribuiría al extraordinario rendimiento militar que demostraron, como se constata en que fue la unidad más condecorada de la Segunda Guerra Mundial.

La División Azul no está afectada por la ley de Memoria Histórica 

El estudio de la División Azul no está afectado por la Ley de Memoria Histórica. Durante el mandato de Manuela Carmena, se cambiaron 52 calles y plazas de Madrid , entre ellas las de Millán Astray y Caídos de la División Azul, pero tras una larga batalla en los tribunales encabezada por la Plataforma Millán Astray y familiares de divisionarios, la justicia decidió que dicha retirada era ilegal y que ambas placas debían mantenerse al no afectarles.

Las jornadas históricas dedicadas a la División Azul en Sevilla tendrán pronto continuidad con las conferencias de presentación del conocido urólogo sevillano J. Manuel Poyato Galán, que presentará en marzo la segunda edición del exitoso libro “Bajo El Fuego y Sobre el Hielo”. Un libro extraordinario que narra el épico trabajo de los médicos en el frente más letal de la Segunda Guerra Mundial. 




 

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