La eternidad de un sabio. Fallece José Luis Comellas, historiador, astrónomo y melómano

En África se dice que cuando muere un anciano es como si hubiese ardido una biblioteca, porque son ellos en la cultura oral los sabios que acumulan la memoria de generaciones. Hoy, en Sevilla incineramos a un hombre sabio, pero su conocimiento queda para siempre en los más de 40 deliciosos libros llenos de sabiduría acumulada a lo largo de una larga y fructífera vida dedicada al estudio como un placer enjundioso y en los que José Luis Comellas volcó su incansable trabajo sobre la Historia, sobre las estrellas, sobre la música…

Ferrolano afincado en Sevilla, que admiraba a esta ciudad sin acabar de comprenderla, pero sobre la que apuntaba claves precisas y finas reflexiones que a la inmensa mayoría pasan desapercibidas, conocí a José Luis Comellas, catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla y miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y de la Real Academia de la Historia, hace muchas décadas, en su residencia de descanso, vecina de una familia de catedráticos, la de D. Juan Jordano, padre e hijo catedráticos ambos de Derecho Civil y otro hijo catedrático de Químicas, casado con Dª María Luisa Fraga, hermana de Manuel Fraga y creadora de la ya tradicional exposición prenavideña de dulces de Convento.

En aquel reducto apartado del mundanal ruido (ambos profesores tan poco mundanos) se compartía la silenciosa galleguidad de algunos de sus inquilinos, pero sobre todo el entusiasmo por la observación y el estudio como una tarea eterna.

El ocio de Comellas era también ahondar en el conocimiento y pasó de ser un aficionado autodidacta a la Astronomía que en su terraza exhibía como cañones de defensa sus artilugios y telescopios a convertirse también en esa área en un asombroso especialista que publicó su “Guía del Firmamento”, considerado un catecismo para los expertos.

Conservo como un tesoro una obra maravillosa suya publicada a propósito de la Exposición Universal de 1992 titulada “El cielo de Colón”, que mezcla dos de sus pasiones (los personajes de la Historia y el firmamento) y que es un recorrido asombroso por las estrellas que debió guiar a aquella tripulación en su aventura, un cielo diferente al nuestro pero que el profesor Comellas aprovecha para desgranar un vertiginoso caudal de curiosidades y de explicaciones certeras sobre la navegación de entonces que aún perviven en nuestros días.

Hace muchos años, perplejo por su imparable y abultado saber, le dediqué estas torpes líneas entusiastas como resumen para rendirle homenaje y que deseo que ahora le acompañen en su despedida eterna:

“Acosado Galileo por sus teorías sobre el Universo, que contravenían el sentido literal de las Sagradas Escrituras, alegó por carta en su defensa, atemorizado: “La Biblia nos dice cómo se va al cielo, no cómo va el cielo”. De poco le valió al sabio más brillante y reputado de su tiempo la nueva muestra de talento. Este historiador y astrónomo, especialista en Heliofísica planetaria y cielo profundo, parece tocado por la cola de un cometa que arrastrara una nube de genialidad reconcentrada. Autor de más de 40 libros singulares, sobre Historia y sobre las estrellas, sólo “El Cielo de Colón” bastaría para clasificarle como el divulgador más excepcional y apasionante que conozco. Su “Historia breve del mundo reciente” es un regalo; su “Historia de los españoles”, un hallazgo; su “Beethoven”, antológico; “Los grandes imperios coloniales”, un alarde; su “Cánovas del Castillo”, imprescindible; “Isabel II”, una joya; “El último cambio de siglo”, un faro; su “Vida y muerte de las estrellas”, un lujo; “Avances y enigmas en la Astronomía al comenzar el siglo XXI”, sabia enciclopedia del mejor entretenimiento. Gracias, profesor, tantas veces como estrellas, por tantas horas”.
Descanse en paz.




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