Último fin de semana para poder disfrutar en CaixaForum Sevilla de la exposición ‘Sorolla. Un jardín para pintar’, una muestra que desde el pasado 5 julio ofrece a los sevillanos más de 170 óleos, bocetos, dibujos, esculturas, azulejos y fotografías del artista y que descubre al público una faceta poco conocida de uno de los pintores españoles más universales y su pasión por los jardines.

LA EXPOSICIÓN.

Joaquín Sorolla (Valencia, 1863 – Madrid, 1923) , considerado la máxima expresión del luminismo español, no solo pintó el paisaje, también lo cultivó creando su propio jardín en su casa madrileña: un jardín mediterráneo con rasgos de la jardinería del Renacimiento italiano y la hispanoárabe.


Así, la exposición muestra la fascinación de Sorolla por los patios y jardines árabes de Andalucía, como los jardines del Alcázar de Sevilla o los de la Alhambra de Granada, que pintó en numerosas ocasiones. Sorolla admiró la combinación de la arquitectura y la vegetación, el colorido de las flores, la sensualidad de sus aromas y la presencia constante del agua, el rumor de las fuentes y los fascinantes efectos de los reflejos en las quietas aguas de las albercas.

Sorolla no fue el único pintor de su época interesado en la jardinería. Autores como Monet o Caillebotte pasaron de pintar el paisaje a crearlo ellos mismos.

Coorganizada conjuntamente por la Obra Social ‘la Caixa’ y la Fundación Museo Sorolla, ‘Sorolla. Un jardín para pintar’ ha sido una exposición diseñada especialmente para CaixaForum Sevilla. Esta muestra inédita invita a todos los visitantes a descubrir gran parte de la obra que Sorolla hizo sobre los jardines. La exposición ha supuesto una nueva colaboración con la Fundación Museo Sorolla tras las exitosas muestras organizadas recientemente, ‘Sorolla. El color del mar’ y ‘Sorolla. Apuntes en la arena’, que se han podido ver estos últimos años en diferentes centros CaixaForum.

En este sentido, la exposición relata, a través de más de 170 obras procedentes en su mayor parte del museo dedicado al pintor, cómo éste concibió su jardín de artista en su casa de Madrid como un espacio para la belleza, el deleite sensorial y la creación pictórica. Sus lienzos de patios y jardines en los Reales Alcázares de Sevilla y en la Alhambra de Granada le enseñaban a mirar y a comprender el jardín español, conforme iba concretando su propio espacio.