Entrevista al pintor José María Díaz Ligüeri: “Cuando llegas todo está rodeado de verde vejiga oscuro para poco a poco volverse verde esmeralda, la luz empieza a envolverte”

Ceuta 1966. Estudios de informática, marketing, bellas artes y dirección de empresas en Sevilla donde reside actualmente. Trabaja en el sector financiero y además de a su  familia, su tiempo libre lo dedica a pintar y fotografiar el entorno. Sus trabajos puede ser consultados y comprados on-line a través de la galería Saatchi de New York.

¿De qué color es el COVID-19 visto desde una cama de hospital?

Cuando llegas todo está rodeado de verde vejiga oscuro para poco a poco volverse verde esmeralda, la luz empieza a envolverte.

¿Me enumera su lista particular de héroes en esta batalla?

Las personas y su resiliencia, los sanitarios que están cerca de las personas con virus y los nuevos artistas que no sabían que podrían tener tanta creatividad en su interior tras el confinamiento (padres, madres, hijos…)

Usted, que conoce bien la legión ¿cómo pintaría a un legionario regalando mascarillas en Ronda y a otro defendiendo un “blocao” en Afganistán?

Sin duda, los primeros rodeados de niños entregándoselas a sus mayores y los segundos, tal como recuerdo de las fotografías históricas de mi padre con Millán Astray, defendiendo un blocao contra los rifeños para que no entraran en Melilla.

Dicen que vivió muy de cerca la noche sevillana de los ochenta en torno a los míticos “Coco” de los hermanos del Pino y el “Glass” de Curro Planás ¿qué colores tenían aquellas noches y cuál pondría a los botellones del Lipa?

Los ochenta tenían colores vivos, amarillos, fucsias y verdes ahora veo tonos grises en estos botellones. El color lo ponen las personas y su motivación.

Ahora la gente presume de colar “un Ligüeri” en su salón, ¿estaba usted el casa el día que la fama llamó al telefonillo?

Jajaja…, ni presumen ni la fama me llamó, que yo sepa. Yo pinto porque lo necesito como forma de expresión y desahogo. Lo que más me gusta es que mi trabajo esté adquirido por gente de muchos países, disfruto cuando veo un comprador de Australia, Estados Unidos, Londres, Canadá, Italia….

¿Qué cocinan ahora sus pinceles?

Desde que salí del hospital llevo con la idea de círculos cerrados con colores intensos, en ello trabajo desde un punto de vista conceptual y abstracto.

Usted salió de la Facultad de Bellas Artes y se puso el traje de asesor financiero en una gran entidad ¿fue por el color del dinero?

Por supuesto, hoy en día la venta de arte en España está bastante ralentizada, te tienes que ir fuera o buscar galerías en otros países, y a mí me gusta el verde, que en mi época era el color del dinero, ahí lo dejo.

Es usted una de esas raras avis del mundo de la cultura que sólo usa el rojo como color de referencia.

Es sabido  que el rojo, naranja o amarillo con fuerte saturación (onda larga) producen excitación en el observador, no obstante no suelo usar esa gama, excepto en el trabajo actual donde el rojo es tan penetrante que he tenido que bajarlo de tono para poder mirar el resto de la obra donde conviven amarillos, naranjas y cobrizos con negros y verdes.

Por último y dada su pasión por el desierto norteafricano ¿cabe el azul añil en su cielo o es sólo un trampantojo de su infancia?

Cuando has pisado el desierto no dejas de querer volver, sobre todo cuando ves ese amanecer donde el azul añil se funde con un naranja rojizo o donde el azul añil de las casas se funde con el rojo del atardecer.

 

 




 

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