Entrevista a Rafael Sánchez Saus con motivo de la presentación de su libro “Por qué Vox. El despertar de la derecha social en España”

Rafael Sánchez Saus, catedrático de Historia de la Universidad de Cádiz, es al mismo tiempo uno de los columnistas andaluces más influyentes en los ambientes sociales y políticos afines a la derecha y al centroderecha. Su Envío semanal –todos los jueves en las nueve cabeceras del Grupo Joly- no rehúye los grandes temas de fondo que van jalonando la evolución de los acontecimientos y los cambios de la opinión pública. Con motivo de la presentación en Sevilla de su último libro, “Por qué Vox. El despertar de la derecha social en España”, hemos tenido la oportunidad de entrevistarlo.

S.I.- ¿Qué es “Por qué Vox”? 

R.S.S._ Este libro es una amplia recopilación de artículos míos entre los años 2102 y 2019, es decir, el periodo en que, ante la enorme decepción que supusieron los gobiernos de Mariano Rajoy, se hace posible una propuesta política y cultural netamente de derecha por vez primera desde la Transición. Creo que mis artículos semanales van reflejando la urgencia de esa alternativa y las circunstancias que le dan vida y le permiten crecer.

S.I.- ¿Y cuáles fueron esas circunstancias?

R.S.S.- Rajoy no dejó de ofender o ningunear a uno solo de los sectores a los que debió su gran triunfo de 2011. Sólo el miedo a la izquierda, especialmente a Podemos, hizo posible durante algunos años el mantenimiento del voto útil. Rajoy legitimó la voladura de las bases de la convivencia y la democracia llevada a cabo por Zapatero: cesión ante ETA, falta de independencia del poder judicial, Estado autonómico desbocado, ingeniería social, absoluto predominio mediático y cultural de la izquierda, memoria histórica sectaria, feminismo supremacista, inmigración sin control, política antinatalista y antifamilia, promoción del aborto y de la ideología de género… Por último, su increíble torpeza e inacción ante la crisis catalana. Y encima, la corrupción del PP.

S.I.- Pero arregló la economía y alivió el paro…

R.S.S.- No todo podían hacerlo mal (risas), pero el coste para las arcas públicas de sus medidas, transformado en deuda, ha sido desproporcionado. Hoy estamos en una situación muy vulnerable y ante tiempos que, nuevamente, pintan regular.

S.I.- Y, claro, usted cree que Vox puede arreglar todo eso.

R.S.S.- No sabemos lo que podría hacer Vox porque ya se encargan todos los demás de evitar que sus propuestas se lleven a la práctica, pero al menos detecto un intento de salirse de las políticas trilladas y agotadas en cualquier campo de la realidad social. No soy miembro de Vox, tengo absoluta independencia de juicio, y eso me permite ver también sus defectos, la indudable inmadurez de sus estructuras, la escasa elaboración de ciertas propuestas, un excesivo centralismo, que pueden pasarle factura si no corrige pronto. Hoy por hoy, Vox es más el exponente de un cambio cultural que de un cambio político.

S.I.- Y eso qué quiere decir…

R.S.S.- Que lo que está calando de Vox, más que las propuestas políticas concretas, son sus posiciones frente a la aplastante y liberticida tiranía progre, desde la criminalizadora ley de violencia de género a la memoria histórica, desde la imposición de la ideología de género a la total incomprensión de las tradiciones más firmemente arraigadas. Eso, con la recuperación de un patriotismo sin complejos, aunque demasiado zarzuelero a veces, es el gran mérito de este partido y de la movilización social que ha conseguido.

S.I.- Usted dirige su libro a la derecha social, pero ¿qué es la derecha social y qué la distingue de la derecha sin más?

R.S.S.- Cabe distinguir, a mi juicio, una derecha económica, una derecha política –tradicionalmente al servicio de la primera- y una derecha social que ha sostenido con su voto a la segunda y ha visto traicionados sistemáticamente todos sus ideales de vida desde hace décadas. Gentes de las clases medias y trabajadoras que desean prosperar, llevar una vida de corte tradicional pero no rancia, con una fuerte identidad española de la que no necesitan alardear, que en pocos años han visto como se dinamita su mundo y se les lleva, literalmente, al borde del abismo. En octubre de 2017 millones de españoles se dieron cuenta de que no podían seguir confiando en que no pasaría nada. Y despertaron: la revolución de los balcones fue su primera manifestación, luego esa ola llegó a las urnas.

S.I.- Primero en Andalucía, acabando con 37 años de dominio socialista.

R.S.S.- En efecto, las elecciones de diciembre de 2018 demostraron que la unidad no siempre hace la fuerza, y que dos o tres partidos con capacidad para entenderse llegado el caso, pero cada uno con su singularidad y sus apoyos específicos, pueden ser más eficaces para derribar a un régimen como el socialista andaluz. Se acabó el tabú del voto útil y la estafa sistemática a la voluntad de los electores. Quien quiera seguir votando lo de siempre, adelante, pero sin miedos ni complejos.    

 S.I.- ¿Y ahora? Porque ahora estamos mucho peor, desde su perspectiva, que en tiempos de Rajoy.

R.S.S.- La hegemonía cultural, ideológica y mediática de la izquierda, propiciada por la inacción del PP de Rajoy, ha dado lugar a una radicalización del PSOE que, para mantenerse como fuerza de izquierda y no verse rebasado, ha tenido que asumir buena parte del bagaje más extremista. A eso se une que Pedro Sánchez es un personaje esclavo de su ego y del poder, sin escrúpulos ni la menor conciencia moral, un aventurero sin más proyecto que la continua huida hacia delante, cuyo ciclo se agotará en breve, pero al que no se puede menospreciar porque entonces, cuando se vea acorralado, es cuando será más peligroso. Por mera supervivencia, la España decente tiene que hacer posible el final de la escapada, pero para ello es necesario, para que no vuelva a suceder como en 2011, que la alternativa cultural e ideológica a esta izquierda inexistente en cualquier país occidental haya ganado la batalla o, al menos, esté en condiciones de darla. 

 

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