El libro rastrea tres generaciones de pintores que emularon la impronta del maestro durante más de un siglo, catalogadas por el autor a lo largo de los últimos 35 años y recogidas en esta obra coeditada por ICAS y Universidad de Sevilla

La directora de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, Isabel Ojeda, ha presentado en el Antiquarium el libro ‘La escuela de Murillo. Aportaciones al conocimiento de sus discípulos y seguidores’, del catedrático de la Universidad de Sevilla Enrique Valdivieso. Junto a Ojeda y el autor, que también es comisario de los Itinerarios de Año Murillo y uno de los mayores expertos en el maestro, han asistido al acto Luis Méndez, director general de Cultura y Patrimonio de la Universidad de Sevilla; Marcos Fernández, jefe del Servicio de Archivo, Hemeroteca y Publicaciones de ICAS; y José Beltrán, director de la editorial Universidad de Sevilla.

La obra, coeditada entre ICAS y Universidad, forma parte de la colección de títulos que el Ayuntamiento está lanzando como parte de Año Murillo, efeméride con la que se conmemora el cuarto centenario del nacimiento del maestro. La obra estudia y cataloga por primera vez toda la letanía de discípulos que emularon en Sevilla las maneras y las imágenes de Murillo hasta 100 años después de su muerte.


Según la directora de Cultura, Isabel Ojeda, “entre los objetivos fundamentales de Año Murillo figura la investigación”, como se ha demostrado con el reciente Congreso Internacional de Año Murillo y como avalan estas publicaciones lanzadas al calor de la efeméride y que están gozando de gran éxito entre el público. “El libro de Pablo Hereza, ‘Corpus Murillo’, ya se ha agotado y estamos a punto de lanzar la segunda edición. Y estoy segura de que este título que presentamos será también un éxito, pues ahonda en la idea de estudiar a Murillo también a través de su influencia”.

Por su parte, Luis Méndez ha destacado el antes y el después que existe en el estudio de Murillo y en la propia Facultad de Historia de la Universidad de Sevilla a partir de la llegada de Valdivieso, por cuyas clases han pasado varias generaciones de estudiantes, hasta un total de 4.000 alumnos. “Hablamos de un profesor metódico, apasionado, que escribe como es. De una persona que contempla de una forma brillante la obra de arte. Los libros de Valdivieso son el trabajo de toda una vida de dedicación a esta profesión que él ha dignificado. Destaca en el mimo que pone en sus ediciones, desde la escritura a las fotografías”, ha enumerado.

José Beltrán, director de la editorial Universidad de Sevilla, ha dado paso al autor recordando antes la importancia de que las instituciones públicas den viabilidad a este tipo de proyectos científicos a fin de extender el conocimiento. Además, ha adelantado que esta colaboración entre el Ayuntamiento y la US seguirá dando frutos en lo venidero. “Con esta obra, la Universidad se suma también al Año Murillo y no había mejor forma de hacerlo que de la mano del Ayuntamiento y del profesor Valdivieso. Ahora que la universidad pública está tan denostada en algunos ámbitos, es importante que apostemos por el conocimiento y por proyectos como esta obra, que debe ejemplificar lo que significa una institución académica como esta”.

Partidario y entusiasta de la imagen, como él mismo se ha definido, Enrique Valdivieso comenzó a gestar este trabajo en 1982. En aquella época, preparó junto a Manuela Mena la exposición en torno a Murillo que se celebró en el Museo del Prado. “Entonces llevaba seis años enseñando en Sevilla y ya me había recreado en Murillo. En aquellos años, el maestro Diego Angulo ya no respondía a las cartas por encontrarse mayor, y todo el correo relacionado con Murillo empezó a dirigirse a mí. Se trataba de personas e instituciones que buscaban que acreditase si sus obras pertenecían o no a Murillo. En un 90 por ciento de los casos, los lienzos no eran del maestro sino de pintores de su escuela”, ha explicado el catedrático.

100 años de latencia murillesca tras su muerte

Durante estos 35 años, Valdivieso ha ido guardando y clasificando todos aquellos hallazgos hasta percatarse de que la influencia de Murillo late hasta 100 años después de su muerte. “El público continuaba reivindicando su impronta y, por ello, los pintores de Sevilla trataban de emularla”, explica.

Generosamente ilustrado y gustosamente editado, el tomo, que estudia tres generaciones de orgullosos seguidores de Murillo, arranca con aquellos que coincidieron con él en el tiempo, que estuvieron en su Academia de Pintura y le conocieron. Entre ellos, destaca Francisco Meneses Osorio, encargado de culminar la última obra de Murillo, el retablo del Convento de los Capuchinos de Cádiz, y que el maestro dejó inacabada tras su famosa caída del andamio, un hecho que empeoró su salud y que provocaría su muerte unos meses después.

Entre estos primeros continuadores destacan también Esteban Márquez y Juan Simón Gutiérrez, este último el más brillante de todos, según Valdivieso. “Procedente de Medina Sidionia, tenemos constancia de que este discípulo estudió en la Academia de Murillo. Pintó en Sevilla muchos más años que él. Hasta 60, frente a los 40 que pintó su maestro. Apenas se conocía su trabajo, a pesar de que le encargaban obras de toda España. De hecho, en el norte hay mucha pintura suya, encargada por los capitanes vascos que vivían en Sevilla antes o después de embarcarse y que exigían pinturas de estilo murillesco. Por desgracia, buena parte de su trabajo está en clausura, por lo que el público no lo puede disfrutar. Sí hay un anónimo en El Prado que en este libro certifico como una obra maestra de Juan Simón Gutiérrez”.

En la segunda generación brillan pintores como Domingo Martínez, Juan Ruiz Soriano y Bernardo Lorente Germán, y en la tercera, que coincide ya con el final del arte barroco, figuran artistas como Juan de Espinal, Andrés Rubida y Juan de Dios Fernández.

Como ha recordado Valdivieso, después de estos años de clara emulación murillesca, la estela de Murillo palidece con la llegada del arte neoclásico. Aunque, no obstante, los estudiantes de pintura en Sevilla continuaron comenzando su formación copiando una obra de Murillo como trabajo obligatorio.

Murillo no destruyó la escuela sevillana”

Frente a la extendida idea de que la genialidad de Murillo era tan poderosa que acabó por destruir la escuela sevillana, en el sentido de que sus sucesores copiaron su trabajo en detrimento de la búsqueda de una creatividad propia, el profesor Valdivieso opone que este es un tópico erróneo. “Murillo no destruye la escuela de Sevilla. En todo caso, lo que sucedió es que no hubo nadie con tanta potencia como él. Eran modestos seguidores, pero orgullosos, estaban encantados de aspirar a reproducir la maestría de su antecesor”, distingue. Y, como demuestra la obra, entre estos modestos seguidores hay también talentos de la pintura que buscan seguir contando historias al espectador como las contó Murillo, a la caza de la emoción y la sensibilidad. “Aunque tras Murillo no surgiera un gran maestro, sí podemos decir que nace una escuela pictórica de grandísima calidad”, remata Valdivieso.

Enrique Valdivieso (Valladolid, 1943), estudia Historia del Arte en su ciudad y en Madrid. Comienza a ejercer como profesor en Valladolid en 1969. En 1976 se muda a Sevilla, donde encuentra un paraíso artístico para dedicarse al estudio de la pintura sevillana, su análisis y catalogación. A lo largo de 40 años de enseñanza e investigación, ha estudiado, publicado tomos y comisariado exposiciones sobre Pacheco, Zurbarán, Murillo, Valdés Leal… Fue el responsable de la primera exposición dedicada a la estela de Murillo en 1982, un proyecto en el que también estudió a sus antecesores. Además, ha impartido conferencias sobre pintura española por todo el mundo y es autor de los catálogos de obras de Murillo (2010), Zurbarán (1989) y Valdés Leal (1985).