Federico Relimpio: “Cualquier escritor de thrillers pagaría mucho por tener conocimiento preciso de lo que se habló en petit comité en el Gobierno en marzo y abril del 2020”
"La Mole", su nueva novela negra. "Más que hospital, máquina de poder"

 

– Cuéntenos primero quién es usted y a qué se dedica. Dónde y cuándo nació, y qué estudió. ¿Había asignaturas favoritas?

– Nací en la Sevilla del tardofranquismo, hace ya unas décadas. Estudié Medicina en una Facultad masificada y sin prácticas apenas. Anticipo del desangelo que fue nuestro devenir profesional todos estos años. Y sí, claro que hubo asignaturas favoritas: Historia del Mundo Contemporáneo y de España. Por cierto, me alegro mucho de haber estudiado latín; te mete en Roma y, a la postre, es lo que somos: romanos. Hasta en el modo en que nos corrompemos.

– Díganos ahora cómo llega a su vida eso de escribir… Porque sé que no es el primer médico que se pone a la faena, aunque luego la forma de hacerlo sea variopinta.

– Es algo que llevaba dentro. Escribía poemas de adolescente, aunque la cosa no llegó a más. Luego vino la vida profesional, a la que, pese a la hostilidad del ambiente, le dediqué tiempo, energía e ilusión. Y con la profesión, el contacto con la gente. Gente enferma, en momentos de vulnerabilidad. Gente deseando contar sus historias, más allá de sus dolencias. Y fueron esos elementos los que me situaron ante la página en blanco. Pero, sobre todo, la terrible decepción que muchos sentimos ante unos superiores, una jerarquía sanitaria insensible, cínica y despectiva hacia nuestros planteamientos. 

– Explíquenos cuáles son sus lecturas preferidas: qué libros hay en su biblioteca, a qué obra o autor profesa una especial devoción y, por qué no decirlo, si tiene una lista de libros imposibles o abandonados.

– En mi biblioteca reinan los clásicos. Desde “Rebelión en la Granja” de Orwell hasta “Germinal” de Zola, pasando por “Las Uvas de la Ira” de Steinbeck. Meta por ahí algún ensayo de Historia, como la “Nueva Historia Social de Roma”, de Géza Alföldy, o “Carlos V, el César y el Hombre”, de Manuel Fernández Álvarez. Pero mi devoción especial la guardo para Shakespeare, sin lugar a dudas. Del bardo, cualquier cosa. Con ello, ya digo que mis lecturas no tienen bandera o nacionalidad. De hecho, soy un internacionalista literario convencido. Y ello mismo me ha hecho probar y abandonar obras “imprescindibles” para tantos, como “Rayuela” de Cortázar o “La Montaña Mágica” de Mann. Se lee por placer siempre, no para anotarse un tanto.

– ¿Recuerda su primera lectura infantil?

Me inicia en la lectura mi tía Elena, con sus regalos, siempre libros. De niño, recuerdo el “Carnavalito” de Ana María Matute.

– La novela que publica hoy 25 de septiembre, «La Mole», no es la primera. Cuéntenos algo acerca de sus primeras obras… ¿Hay un hilo conductor que nos lleva a «La Mole»?

– Lo hay. Y conecta con lo que acabo de decir. El ambiente profesional al final de la primera década de este siglo era irrespirable. De ahí, se alimenta una necesidad de decir “¡basta!”, y de romper emocional e intelectualmente con un entorno tóxico y opresivo. Y, por tanto, surge mi primera novela “K.O.L. Líder de Opinión”. Esta primera experiencia narrativa había incorporado elementos sociales que habían sido del gusto de muchos lectores. Por eso, mi segunda novela, “Bajo su Piel Tatuada”, ahonda en lo social, y en los estragos de la terrible crisis económica de la segunda década del siglo. El elemento social será un continuo en mis obras; se le ve en mi tercera, “Ladridos en la Noche”, ya bajo la forma de novela negra, y se vuelve a ver por supuesto en “La Mole”, que ve ahora la luz. Aquí, además, se rescata el ambiente profesional tóxico retratado en mi primera novela, extendido ya a la crítica política.

– Como médico, ¿ha sido un thriller o una novela negra lo que ha vivido y visto durante la pandemia?

– Los dos. O thriller combinado con novela negra y novela de catástrofes. Lo más inmediato es recurrir a esta última, modalidad médica, como “Ensayo de la Ceguera” de Saramago o “La Peste” de Camus. Pero había más, hay más. Cualquier escritor de thrillers pagaría mucho por tener conocimiento preciso de lo que se habló en petit comité en el Gobierno en marzo y abril del 2020. Cuál fue el algoritmo de toma de decisiones y la sucesión de estados de ánimo. Y, yendo a lo mío, a lo que me gusta más, una pandemia tiene comportamientos inauditos en los sectores más desfavorecidos o marginales de la sociedad. Sí, había, sigue habiendo tantos relatos…

– De lo que he podido ver, sus novelas tienen dos elementos comunes: intriga y realismo. O, por decirlo de otro modo, un compromiso con la realidad, vehiculado en un thriller o una novela negra donde el lector se queda enredado hasta la última página. Su apuesta es la realidad, el mundo que nos rodea. ¿Puede enganchar el día a día, y pegarnos a la página hasta el fin?

– Apostar por la realidad, por el día a día, constituye un doble reto. Para el escritor es compromiso. Asomarte a lo que ves, a los puntos de vista y al coro de voces. Y tengo que reconocer que mi situación profesional es idónea para ello. Claro que esta apuesta indica al lector que aquí no hay evasión, sino confrontación con una realidad que, con frecuencia, no es nada agradable. Hacerlo atractivo, hacerlo ameno, dotarle de gancho es el triple salto mortal. Se trata de meter al lector en su hoy, de modo crítico, y sostenido por una corriente de intriga. Y, al decir de muchos de mis lectores, sí, se puede. 

– Da la impresión de que sus obras se ubican siempre en una ciudad que, sin decirlo expresamente, parece la suya propia. ¿No ha tenido nunca la tentación de narrar cosas acaecidas en un universo lejano o imaginario?

– Está en relación con lo anterior. Fue mi realidad la que me puso a escribir. Porque mi situación profesional, acá, me proporcionaba una ventana privilegiada para ver el mundo. La sucesión de caras del día a día quería desfilar por las páginas y volar a la cabeza de los lectores. Se hizo, pues, mi “Macondo” personal, si se me permite la osadía. Un “Macondo” que no me dejaría irme lejos a ensoñar, de lo cerca que lo tenía.

– ¿«La Mole» se adscribe también a esa apuesta literaria, o ha preferido apartarse de la línea en esta ocasión?

«La Mole» sigue la línea de una realidad que está ahí, que impone sus prioridades y sus tiempos, pero que nos da el marco perfecto para una intriga criminal. Nada hay más real que un gran hospital público: todos lo conocemos, por ahí pasamos todos. Podemos situarnos ahí con facilidad, imaginarnos el cadáver bajo la sábana y, después, comenzar a reunir las pistas.

– ¿Qué es «La Mole»? Denos un anticipo del sentido del título.

– «La Mole» es el apodo de un gran hospital público. Uno enorme, elefantiásico. En buena medida, residuo de la época en que se construyó. Pero, tan grande, que es imposible obviar o reconstruir. Pasa, pues, de una época a la otra con una reforma o la otra proyectando su perfil de fortaleza medieval.

– ¿Y por qué «La Mole», precisamente? Quiero decir, ¿por qué se le ocurrió situar una novela negra en un contexto tan peculiar?

– Porque miles de ciudadanos han pasado por «La Mole». Por esta «Mole» o la otra, que hay muchas. Ahí han nacido o han muerto. Ahí han sufrido o acompañado a seres queridos. Ahí han currado de lo suyo, dejándose ilusiones profesionales. Y sí, muchos saben de su naturaleza laberíntica, insondable. Ideal para una trama criminal.

– Ahora sí, háganos un pequeño resumen de la novela. Una sinopsis de «La Mole».

– Una madrugada, de sábado a domingo, «La Mole» está en estado de emergencia. Las urgencias están asediadas por una batalla entre clanes rivales procedentes del «Harlem», un barrio conflictivo situado a pocos cientos de metros. En dicha tesitura, se descubre el cadáver de una mujer en pijama clínico. Una desconocida, precipitada por el hueco de la escalera. Un suicidio, en apariencia. Pero el examen forense nos dirá que se trata de un homicidio. Un asesinato cuyo esclarecimiento nos va a decir mucho acerca del modo de ejercer el poder en la región. Y cómo “democracia” es una idea de quita y pon, una mercancía de compra y venta.

– «La Mole» subraya no solo su apuesta por la realidad y por la intriga, sino que va más allá, a disecar los elementos del poder político del momento y, más aun, el inconsciente colectivo sobre el que se edifica. ¿Demasiado para la ficción literaria?

– Es justamente mi concepto de la ficción literaria, en el sentido del “Todo Fluye” de Grossman o de “Todos los Hombres del Rey” de Robert Penn Graves. Ficción para presentar la realidad. Para intrigar al lector y sacarlo de una postura acomodaticia. Para sacudirle la pachorra, y hacerle ver cómo es sometido a una inmensa máquina de manipulación.

– Ahora, directo: ¿qué hay de real y qué de ficción en «La Mole»? Y, más aun, ¿qué hay de Federico Relimpio en «La Mole»? ¿Tenemos que buscarle?

– «La Mole» es ficción, vaya eso por delante. Lo narrado es ficticio, acontecimientos y personajes. Dicho lo anterior, no puedo evitar decir aquí que acontecimientos y personajes se inspiraron en acontecimientos y personajes reales, de una u otra manera. Personajes que se construyeron como quimeras, tomando parte de este y parte de aquel, sin representar a nadie en particular, sino arquetipos que muchos tenemos en mente. Y lo mismo puede decirse de lo narrado. Y sí, todo es tan personal, tan vivido en primera persona durante los últimos años, que será imposible que los más próximos no me reconozcan en esto o en lo otro. El Algarve, el ambulatorio… Me decía una compañera que leerme era como hablar conmigo.

– Y, por fin, vamos a decir algo de su personaje favorito de «La Mole» sin reventar la intriga, por supuesto. También puede decirnos quién le cae más simpático y si hay alguna relación concreta con la vida real.

– Mi personaje favorito de «La Mole» es el agente Amador, sin lugar a dudas. Pero quiero que los lectores lo descubran. Me caen simpáticos los de abajo, los marginales; son verdaderos supervivientes. Una bloguera me dijo una vez que tengo predilección por ellos, que los trato con verdadera ternura. Y sí, muchos son caras que conocí en mi vida profesional, como médico.

– ¿Quiere comunicar a su futuro lector o lectora algo en especial? ¿Cree que es una novela fácil de leer?

– Empiezo por lo último. Creo que es fácil de leer porque se confecciona en torno a la frase corta, capítulo corto y sin saltos temporales. No busqué la facilidad, sino la frescura, algo que remedara a la realidad y sus situaciones. Y sí, quiero decir que, en esencia, una obra es un acto de comunicación entre dos, escritor y lector o lectora. Y queda incompleto si este o esta no da su opinión, en forma de reseña. Que tanto en amazon como en mi web son bienvenidas todas las críticas o sugerencias.

– Para terminar, seguro que nos puede decir aquí a quién o quiénes ha dedicado una novela negra tan comprometida.

– Añado aquí la dedicatoria, tal y como se explicita en la página 6 del manuscrito: «Dado que esta obra se concluye a lo largo del segundo año de la primera gran pandemia del siglo XXI, no puedo sino dedicarla a todos los trabajadores de la Sanidad Publica de España, que se dejaron la piel — literalmente — por su gente en la primera línea de batalla contra el coronavirus». 

A partir de hoy, 25 de septiembre, pueden adquirir “La Mole” en dos formatos:

Versión papel tapa blanda.

Libro electrónico EBOOK




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1 Comment

  1. […] de manifestar en una reciente entrevista con ocasión de la publicación de mi novela «La Mole» (CLICK AQUÍ), somos Roma y nos corrompemos como los romanos. Del mismo modo, vivimos en una sociedad […]

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