Del Valle y la Cruz de los Caídos

A propósito de la reciente muerte de Manuel del Valle Arévalo, alcalde de la ciudad de Sevilla durante los años 1983 a 1991, publicamos con gran lujo de detalles, que se deben originalmente y en buena medida al periodista y subdirector del Diario de Sevilla Carlos Navarro Antolín (La Caja Negra, 4 de febrero de 2018),  el procedimiento municipal que llevó a cabo la erradicación de la Cruz de los Caídos adosada al Alcázar, que hasta la llegada del munícipe al Ayuntamiento se ubicaba ante el lienzo de muralla que queda junto a la Puerta del León, dando a la calle Santo Tomás y prácticamente formando parte del conjunto monumental en torno y próximo a la Plaza del Triunfo.

Entre sus primeras “decisiones” (fue más que nada hacer la vista gorda a una imposición), en 1984  se produjo la retirada y destrucción de la Cruz en memoria de los caídos de la Guerra Civil española, como asimismo la retirada de una austera lápida con la leyenda “José Antonio ¡Presente!”, en recuerdo a José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española y asesinado por el gobierno del Frente Populista el 20 de noviembre de 1936. Resultará curioso saber que precisamente Manuel del Valle había sido, durante sus años de estudiante de Derecho en la Universidad de Sevilla, secretario de cultura y propaganda del Sindicato Español Universitario (SEU), el sindicato falangista posteriormente convertido en sindicato único de los universitarios durante el Régimen del General Franco. 

La retirada y destrucción de la cruz provocó entre los sevillanos una reacción social en contra, que los medios de comunicación más influyentes decidieron ocultar. La revuelta de una parte considerable de la ciudad de Sevilla fue impulsada por un grupo de universitarios militantes del SEU post franquista.

La historia, reconstruida por algunos de quienes la protagonizaron, fue la siguiente:

A las dos de la madrugada del día 1 de diciembre de 1984 varios operarios de limpieza municipal accedieron en un camión a uno de los muros de los Reales Alcázares para cumplir con la orden municipal. El periodista Carlos Navarro Antolín atribuye al socialista Francisco Mir la presión sobre el alcalde Manuel del Valle para que éste firmase la orden a pesar de sus reticencias. Carlos Navarro Antolín lo contó así:

“Francisco Mir, funcionario municipal asignado en aquel momento al Real Alcázar, ya era un socialista de largo recorrido. Procedía de los despachos de la Junta de Andalucía, donde había ejercido de director general de Relaciones Políticas con los presidentes Plácido Fernández Viagas y José Rodríguez de la Borbolla. Mir apeló directamente a Manuel del Valle a finales de noviembre: “Dame un papel firmado, Manolo, dámelo y quitamos la cruz de los caídos”. Silencio del alcalde. “Dame un sí, al menos que yo oiga un sí”. Nuevamente silencio. Ni siquiera el concejal Curro Rodríguez apoyó la iniciativa. Nadie quería saber de aquello. Manuel del Valle calló… y otorgó”.

Navarro Antolín escribe que la operación se diseñó de la siguiente manera:

“Un camión del entonces Servicio de Limpieza del Ayuntamiento taponó la calle San Gregorio para impedir la subida de vehículos procedentes de la Puerta de Jerez. Se pretendía una maniobra rápida y sin testigos. Otro camión se colocó al inicio de la subida de la calle Santo Tomás con el objetivo de que ningún conductor alcanzara la Plaza de Triunfo desde la Avenida. Los cortes de circulación se hicieron así. Con habilidad y rapidez. Sin agentes.

Alfonso fue el que organizó los camiones para taponar el tráfico rodado. Y también fue el que llevó hasta el lugar un vehículo dotado de pala con un conductor especializado que sería el encargado de derribar el monumento a las dos de la madrugada de aquel primer día de diciembre. Hicieron falta muchas maniobras de enorme complejidad. La cruz tardó en caer. Se inclinaba hacia la muralla del Alcázar en lugar de hacerlo hacia el camión de transporte. Cuando la cruz se desplomó por fin sobre el camión provocó un gran estruendo. El impacto del hierro de la cruz con la chapa metálica del vehículo fue terrible. Despertó de forma abrupta a los vecinos de las casas próximas. En ese momento se encendieron las luces de los salones y desde aquellos balcones se oyeron todo tipo de lindezas contra los promotores del derribo: “¿Qué hacéis, canallas? ¡Rojos! ¡Sinvergüenzas!”.

Ciertamente, y corroborando a Carlos Navarro Antolín, para arrancar la cruz fue necesaria una pala que primero la dobló por su base y luego extrajo el bloque de cemento enterrado que era su pilar. El bloque se rompió en seis pedazos.

El ruido provocado por la grúa municipal sobresaltó a los vecinos que pensaron que estaban asaltando los Reales Alcázares. Finalmente la cruz fue arrojada en el Barrio de chabolas de La Corchuela que el Ayuntamiento utilizó como vertedero. Fue un veterano soldado de la División Azul que mal vivía en aquella zona de chabolas quien se percató de lo que habían arrojado los trabajadores municipales. Su aviso permitió recuperar la cruz gracias a la actuación de un grupo de hombres y mujeres jóvenes del SEU sevillano.

Una vez recompuesta y soldada la Cruz se organizó un multitudinario acto de desagravio tras una marcha civil encabezada por una gran bandera falangista. Los asistentes trasladaron la cruz desde los aledaños de la Catedral hasta la puerta del León de los Alcázares. Miles de ciudadanos se congregaron pacíficamente en las cercanías de la Plaza del Triunfo guardando un silencio conmovedor en mitad de una tensión contenida. Tras el acto la cruz estuvo varios años en la sede de Falange Española sita en la calle Álvarez Quintero cerca de donde hoy se está Restaurante Robles. Hoy día se conserva en un domicilio particular del Aljarafe sevillano.

La manifestación convocada por los falangistas en 1984 preocupó a la clase dirigente de la época por su poder de convocatoria y por su civismo. Muy diferente a la leyenda negra que se había desplegado sobre sus militantes.

La verdad había sido que desde inicios de 1984 los falangistas sevillanos habían mantenido contactos informales con el Ayuntamiento para encontrar una solución digna y conciliadora pero el Consistorio presidido por Del Valle no aceptó. Y la historia terminó de aquella violenta y premeditada manera, podría decirse que con nocturnidad y alevosía.

 

1 Comment

  1. Maloma dice:

    La policía sorprende a funcionarios de los Alcázares de Sevilla quemando documentos…

    https://elpais.com/diario/1988/02/02/espana/570754828_850215.html

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *