De rebeliones, hazañas y fuegos fatuos: historia de los pequeños poetas
Presentación del poemario "Algias" de Juan Antonio Carrasco Lobo en Sevilla

Publicar es la única forma en la que el pequeño poeta puede rebelarse y así defender lo que parece indefendible, su propia existencia en un mundo —el literario— hecho para gigantes por sus méritos y otros agigantados por ciertos tirones mediáticos.

Sevilla se prepara, es un decir, para la nueva puesta en escena de un libro, otro más. Un poemario al que solo el autor destaca como distinto, pero no se dejen engañar. Ese distinto solo lo ve él. Es la ilusión del pequeño, del minúsculo, del mínimo, del ínfimo, del molecular poeta: sentirse por una vez escuchado y creer que aún hay quien esté dispuesto a atenderlo. ¡Cuánta inocencia! ¡Qué dulzura esa candidez del pequeño poeta!

El pequeño poeta es de credo infantil y, por ende, cree en dioses y en fantasmas tan solo porque alguien le indica su existencia. ¿Y quién cuida del pequeño poeta? Su propia fe, sin duda, y aquellos que ponen también parte de su fe en él. El aliento, el rescoldo de oxígeno para que no se apague esa llama titilante como de vieja lamparilla sobre aceite y agua que no es sino esa propia fe.

¿Qué es la rebelión de los poetas? Intentar ser escuchado, como he dicho. Unas veces lo consiguen y son hazañas y otras, muchas, casi todas, solo son fuegos fatuos.

El próximo 12 de mayo, a las 18 horas, en la Sala de Pinturas del Espacio Santa Clara, este microscópico poeta presenta su poemario, Algias, en Sevilla. Y no, Sevilla no me estaba esperando ni me conoce siquiera, pero he soñado rebelarme y confirmar una hazaña o ver cómo se pudre la fe y ver sus fuegos fatuos.

Algias. Platero Editorial

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