Pregones como un Pregón y un Pregón de pregones 

El Consejo de Cofradías ha debido de seguir eso de que a grandes males, grandes remedios. Y como no hay Semana Santa que anunciar, porque la Semana Santa está suspendida (por más que se empeñe un sector litúrgico en diferenciar Semana Santa de procesiones), Julio Cuesta experimenta un segundo aplazamiento, y para no irnos de vacío otra vez del Maestranza, se ha recurrido a un formato (que se dice mucho ahora lo de formato) absolutamente novedoso y esperemos que excepcional: una especie de viaje literario retrospectivo, como de túnel del tiempo, por la historia pregonera de los últimos 30 años.  

La nota que la semana pasada emitió el Consejo de Cofradías para comunicar qué se va a hacer en el Maestranza el próximo 21 de marzo, Domingo de Pasión (ya saben que uno antes del Domingo de Ramos), no me pareció lo suficientemente clara. A lo mejor porque muchos aterrizajes de la idea aún no tienen señalada su pista. Vamos, que están por decidirse muchos detalles, quizás recurrir en época de grandes medios técnicos a resurrecciones audiovisuales. Bien lo merecerían algunos. 

Quedó indudable el elenco de anteriores pregoneros que volverán a serlo. No es tan raro eso, que se pueda volver a ser pregonero. Rodríguez-Buzón lo lleva haciendo una y otra vez desde la Semana Santa de 1956, sin necesidad de más designación que la voluntad popular y también sin necesidad de más atril que el que tuvo en el Teatro San Fernando.  

Lo que ha quedado al Consejo por matizar con claridad es si los invitados de honor van a pregonar sólo fragmentos  -supongo que memorables, si es que lo fueron-  de sus pregones, o además nos harán recordar en sus voces las voces y textos de quienes no estarán ocupando el atril. 

Este recurso del Consejo, lo de reunir a varios pregoneros para que revivan parte de sus pregones, no es nada original. Y tuvo un antecedente de hace unos dos años en la Parroquia de Santa María de las Flores, que necesitaba con urgencia un acto benéfico a fin de reparar su techumbre. El gran sacerdote y párroco Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp  (por cierto uno de los mejores pregoneros de esos 30 años, que destacó entre tantos tostones también de esos 30 años), llamó a Carlos Herrera, Rafa Serna y Alberto García Reyes. Hubo lleno absoluto y el estruendo de los aplausos por poco se carga lo mínimo que aún salvaba de su cubierta la Parroquia. Sobre todo porque había dos artistas encargándose de aquello: Herrera y Serna. 

Herrera, don Carlos, a mí me parece un periodista en el que tantas veces lo que menos me llama la atención es que lo sea (aun con millones de oyentes diarios); a mí lo que más me gusta de Herrera es que es artista, un gran actor, que ejerce en sus apariciones públicas un absoluto dominio de la escena, que posee unas dotes de mando inapelable sobre su propia voz, un control propio de alta definición para llevar el gesto como él mismo lo contó de Juana Reina: preciso para no quedarse corto, ni para pasarse de ese difícil espacio donde se halla lo justo y nada más y nada menos que lo justo. De la voz de Carlos Herrera, ¿qué voy a decir yo? No pudo decírmelo mejor un día su colaborador en tiempos Miguel Caiceo, mi querido compadre: “Es que con la voz de Carlos es bonita hasta la tabla de multiplicar”. 

Volviendo al comunicado oficial del Consejo, cabe esperar que no se haya elegido a gusto de todos. Eso es imposible. Uno mismo ya tiene la impresión de haber vuelto a escuchar nombres que se nos habían olvidado por completo, casos de pregoneros de los que no queda una sola palabra ni frase por el aire de las grandes emociones de Sevilla. Es natural. El Consejo de Cofradías está harto de confundir en su historia un teatro con la sala de un juzgado. Pero el Pregón de la Semana Santa se ha encargado de imponerle una y otra vez (por más que no se enterara con los amiguismos) que el Pregón es un género de artistas, de grandes artistas, y que se da desde un escenario, no desde un tribunal. 

Vuelve José María Rubio, aunque más que de una vuelta se trata de un debut en el Maestranza, ya que el médico alcalareño dio su Pregón en los años del Lope de Vega. Lo aguardo con ansia. Ya sé que es trianero de pura cepa de la calle Pureza, pero a lo mejor hace soñar otra vez a la Hermana de la Cruz con que La Amargura se quede en  el Convento a su regreso por la calle de Santa Ángela. 

Sí repite en el Maestranza Caro Romero, uno de los joaquines poetas imprescindibles de Sevilla. Un señor interesantísimo en una tierra de gente por lo general bastante común y desinteresada con los seres más interesantes. También te aguardo, amigo, tesoro de esta ciudad que despilfarra y descuida tantas de sus joyas.

Por lo demás y los demás, haya paz y gloria para Sevilla.




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