“Madre, he ahí a tu hijo; hijo, he ahí a tu Madre” 
En la capilla ardiente de Otto Moeckel ante la Piedad del Baratillo 

Numerosas personas, incluido el arzobispo de Sevilla, han desfilado hoy por el templo del Baratillo donde se encontraba instalada la capilla ardiente de Otto Moeckel Von Friess. La familia ha recibido cientos de condolencias y pésames por tan lamentable pérdida. Coronas de flores de sus hijos, nietos y biznietos; de la Hermandad a la que dedicó su vida, sus afanes, su ayuda económica; y también de la Hermandad de Los Estudiantes, la Pura y Limpia del Postigo, y la Familia Gómez Ussín (Rogelio Gómez Trifón). Se ha ido una de las personalidades de Sevilla  -todo un caballero-  que orientó con su conducta intachable y su entrega absolutamente generosa, una gran parte fundamental de la mejor y más dorada historia de la Hermandad del Baratillo.  

La gente quedaba impresionada y conmovida al descubrir, entrando en el Baratillo, que los restos mortales de Otto Moeckel descansaban ante la Virgen de la Piedad y el Cristo de la Misericordia, situados en el presbiterio y tras el féretro, a continuación. No se había tenido que mover nada, las imágenes no necesitaron trasladarse desde su altar para colocarse sobre el suelo del templo a la altura del ataúd. Se encontraban de antemano allí porque acababa de celebrarse durante el fin de semana el acto de veneración (el besamano antes de la pandemia) a la Piedad.

Por si cabía una duda humana acerca de los designios de la Providencia, en el caso de Otto Moeckel se ha sabido, de una manera que será inolvidable, que Dios sabe cuándo llama, cuándo ha querido llamarlo. Justo ahora, para recibirlo con un indudable valor de símbolouniéndolo e incorporándolo al mismísimo misterio de su Muerte. Y es que para un hombre que se pasó la vida al pie del cañón, como luchador infatigable para sacar adelante a su familia numerosa, y también al pie de la cruz de su Virgen de la Piedad, su partida ha quedado escrita, como un regalo del cielo, evocando aquel momento del calvario cuando Cristo pronunció sus palabras a modo de eterno legado: “Madre, he ahí a tu hijo; hijo, he ahí a tu Madre”. 

A los pies del féretro se podían advertir ocho rosas, cuatro rojas (representando a sus cuatro hijos varones) y cuatro amarillas (a sus hijas). La capilla ardiente de Otto Moeckel ha sido no sólo la viva demostración de cumplirse los designios divinos, sino toda una lección que aprender sobre la esperanza de resucitar. La cubierta de sus restos mortales reflejaba a la Piedad como el espejo en el que Otto Moeckel quiso mirar siempre su vida cristiana. No podría encontrarse una imagen con mayor significado de acogida entre las manos de la Virgen que la que ofrece una de las fotografías de la autora de este reportaje. Impresionante. Sobrecogedora. Todo un consuelo. Y Otto Moeckel reposando ante el Cuerpo y la Sangre de su Cristo de la Misericordia, Ostia Santa del Baratillo, Cáliz bendito de cada Miércoles Santo. Hasta siempre, hombre bueno. Que Dios te lo pague. 

Fotografías de Beatriz Galiano

….




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *