La Semana Santa en el recuerdo de sus mejores imágenes

Aunque lo parezca, el último paso no es el de la Soledad, sino el del tiempo. La Semana Santa de 2019 ya es historia. Ha entrado en los recuerdos de cada uno, llegará a reunirse y hasta a confundirse un día con las demás vividas, las que fueron y las que serán. Dejó jornadas de esplendor y otras grises y oscuras, mutiladas por el eterno problema de la lluvia, la que por un lado amenaza, y la que sin piedad no respeta lo que es soñar con tu cofradía en la calle. Por encima de todo lo destacable, se han escrito dos hechos relevantes: el estreno del nuevo paso del Cerro del Águila y la vuelta a un Martes Santo desde la Campana a la Catedral.

Esa fue, a grandes rasgos, la superficie de la Semana Santa, seca y encharcada, la que divisaba en su normalidad un helicóptero que sobrevolaba constantemente la ciudad, a gran altura, sin invadir su sonido natural con las hélices. Porque hubo, un año más, una Semana Santa subterránea, por más que surcara hasta el aire, y que velaba desde lo oculto y secreto por la que ante nuestros ojos disfrutábamos todos. Fue la Semana Santa de nuestra seguridad, la que estuvo más blindada que nunca por agentes policiales. Y no estábamos desorientados en Sevillainfo cuando, a punto de llegar el Domingo de Ramos, ya anunciamos  -sin rodeos-  que la Semana Santa estaba en peligro. Como que desde el día 9 de abril ya estaba detenido en Marruecos el presunto genocida que al parecer preparaba su inmolación en medio de una multitud.

Cada Semana Santa abre sus posibilidades de análisis, sobre todo en unos tiempos tan cambiantes como los que vivimos. Son juicios muy saludables para mejorarla, pero también para entenderla a la altura de las nuevas circunstancias, como las que propicia una ciudad que atraviesa por un punto especialmente álgido en turismo. Eso ha hecho reunirse ante el paso de las cofradías a dos clases bien evidentes de foráneos, dos formas de extranjería ajenas a la gente de toda la vida, esa que sabía y sabe manejarse perfectamente en la bulla: por un lado los turistas propiamente dichos, atónitos y despistados en colocación y desplazamientos; y la otra, los sevillanos de tantos extrarradios ya, que acuden como intrusos de unas normas no regladas, pero tácitas desde siempre, que ellos no entienden ni cumplen, sevillanos de los que no se comprende muy bien para qué se meten a esto de la Semana Santa, si parece que ni les va ni les viene. Alguien ha llegado a decir  -creo que con muy buena capacidad de síntesis-  que antes se veía la Semana santa, pero que ahora la Semana Santa se consume.

En cualquier caso, el año que ahora empieza para muchos en Sevilla, el que va de una Semana Santa a la siguiente, irá dando sus pautas para comentar muchos aspectos de la misma a sugerir y a corregir. Mientras tanto, conviene el resumen que da el lugar de la belleza en las fotografías de nuestra colaboradora gráfica Beatriz Galiano. Y hasta el próximo 5 de abril de 2020, Domingo de Ramos.



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