La Amargura vuelve en su Amargura

Su restauración ha sido todo un éxito, un ejemplo a seguir en restauraciones. La Amargura ha vuelto en su Amargura, sin serle arrebatado en el taller el inmenso y contenido dolor por el que la conocemos. Miles de personas han visitado ya la iglesia de San Juan de la Palma, su templo, quedándose tranquilas con el resultado de la restauración. La Amargura ha regresado en Amargura.

 No cabe duda de que Sevilla tiene ya miedo a las restauraciones. Está escarmentada con casos que han sido lamentables, por haber entregado sus joyas escultóricas de la Semana Santa a restauradores que han devuelto las imágenes desprendidas de su fisonomía devocional, secuestrándoles su mensaje artístico, despreciando que el tiempo también esculpe, además de arrogantes como para atreverse a decir que así, tal como ellos las dejan, fueron concebidas, talladas y encarnadas por sus originales autores. Una vergüenza decir eso de Juan de Mesa, Martínez Montañés o Sebastián Santos. Los sevillanos, la otra tarde en la que la Virgen de la Amargura era repuesta al culto sobre el presbiterio y ante el altar mayor de San Juan de la Palma, temían encontrarse con otro caso alarmante y escandaloso de blanqueo de imágenes. Que se le pregunten si no a los hermanos del Dulce Nombre, que escuchen lo que dicen de su dolorosa después de ser restaurada, que no quieren ni fotos nuevas de lo que toman por una copia, una mala copia de la Virgen con la que crecieron, aquella que se dio en llamar “la gracia de Sevilla bajo palio”. Y hay más casos decepcionantes esperando el turno de que las candelerías de los palios o los cirios de los retablos corrijan la osadía y el atrevimiento de los supuestos restauradores.

La Amargura se ha librado. Enrique Gutiérrez Carrasquilla ha sabido, de nuevo, lo que se trae entre manos. La Virgen está restaurada, que es tener conciencia de haberla tocado, pero no cambiado. Es Ella. Ha sido una exquisita tarea de limpieza, pero prudente, extremadamente prudente y sólo en lo forzosamente indispensable, como tapar una fisura vertical en la mejilla izquierda de la imagen, cambiar sus pestañas, superar la zona de los alfilerazos o retirar repintes.

Gutiérrez Carrasquilla debería recibir el encargo de las restauraciones de la Semana Santa. De todas. No me duelen prendas en decirlo. Y muy tranquilo. Le debemos estar a la altura de su responsabilidad, pero igualmente a la altura de la trascendencia de su trabajo bien hecho, impecable: porque de no haber sido así, ahora estaríamos lamentando la lesión de una las imágenes más representativas de la Semana Santa de Sevilla. La Amargura alcanza en significado más que el concreto de su propia Hermandad. La Amargura es uno de los grandes conceptos de la Semana Santa, es definición de la mejor naturaleza de la Semana Santa, canon de la misma. Es la misma Sevilla en una de sus más grandes y logradas ideas. La Amargura es quintaesencia de una ciudad.

Ha vuelto como en los versos de Lecaroz, contada en su expresión llorosa; ha vuelto como en los retablos cerámicos de la fachada del convento de las Hermanas de la Cruz, y en la alta estrechez de la calleja que desemboca en la Plaza de Doña Elvira; ha vuelto como en las fotografías sepias de Luis Arenas junto a las palabras de Luis Ortiz Muñoz. Ha vuelto, sí, La Amargura en su Amargura.

 Galería de imágenes: Beatriz Galiano.

 

Amargura.




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