En el Vía Crucis de las Hermandades, el Cristo de la Conversión fue acompañado por miles de personas

Con el centro de Sevilla abarrotado de gente para verlo, el Cristo de la Conversión -de la Hermandad de Montserrat- cruzó las calles, camino de la Catedral, seguido por miles de personas que hicieron de este Vía Crucis de las Hermandades uno de los más multitudinarios que se recuerdan de los últimos años.

La imponente imagen de Juan de Mesa, de cuya talla se conmemoran los 400 años de su ejecución, se convirtió en foco potente de atracción popular. Miles de personas distribuidas por el casco histórico, desde la salida del Cristo de su capilla -próxima a la parroquia de La Magdalena- hasta la Catedral y posteriormente en su itinerario de regreso, quisieron presenciar un ejercicio piadoso digno de verse. En primer lugar, porque la escultura forma parte relevante de la Semana Santa de Sevilla. En segundo lugar, porque por primera vez un crucificado no era llevado a hombros de sus hermanos, como se acostumbra, sino erguido como en su paso, pero en andas. Y en tercer lugar, porque el día y sus altas temperaturas -las máximas de España ayer con 28 grados en Sevilla- animaban a poblar las calles avanzando sobradamente el clima de la primavera que está por llegar.

La Hermandad de Montserrat, en lo que de ella dependió, estuvo más que a la altura de las circunstancias, impecable, con su acostumbrado sello de elegancia, nutriendo sus filas de hermanos correctamente vestidos de oscuro, tanto las mujeres como los hombres, sin descamisados y por libre ajenos a una media etiqueta conveniente para la naturaleza solemne de este acto, participando en el Vía Crucis con compostura irreprochable. Cerca del Cristo iba entonando cánticos litúrgicos, de autores como Eslava, la Escolanía de Los Palacios, la mejor hoy por hoy en toda la provincia, indiscutible en su calidad vocal y en la elección exquisita del repertorio.

En el interior de la Catedral se realizaron las catorce estaciones, con las naves del templo registrando un lleno absoluto de personas que captaban con las cámaras de sus móviles las impresionantes escenas que servía el hermoso conjunto de semejante crucificado cruzando bajo las altas bóvedas.

Fotografías de Beatriz Galiano.




 

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