El pregón de la memoria en la desmemoria de Franco 
La Macarena, como siempre, fue la Virgen de Sevilla 

Los sevillanos tenemos la virtud de disfrutar hasta lo que no nos gusta del todo. Como en esta mañana me ha pasado con el Pregón de pregones, esta mañana digo (aunque Fran le llame tarde cuando las horas pasan de las doce). Los sevillanos sabemos añadir a una felicidad  incompleta los centímetros justos que le faltaron para ser entera. Somos únicos para redondear las faenas que no lo fueron, aquellas a las que, yendo muy bien, les faltó que Tejera no cortara en seco la música. Y eso que de música no hay un pero con la Banda Sinfónica del Ayuntamiento de Sevilla, con piano delicatesen incluido y un sabor exquisito, nunca oído hasta hoy, de violín sublime para la Estrella, que siempre será la de Triana por mucho que mi querida Hermandad de la Hiniesta aporte una y otra vez sus documentos. La de veces que me he preguntado cómo sabiendo lo que es Sevilla se le ocurrió a un compositor como López Farfán titular “Estrella Sublime” una cosa que iba a ser para la Hiniesta. No hay quien enderece ya ese desvío. 

Vivimos por la pandemia en un tiempo de vacíos que llenamos lo mejor que podemos y sabemos. Es un extraño tiempo entre el ayer y el mañana, que pasa por un desconcertante presente. Es como el puente que tiene al Cachorro entre Triana y Sevilla, entre la vida y la muerte, habiendo sido y dejando de ser. Cruzamos por una agonía que ya se nos va haciendo eterna. Y más que el puente, ya parece la callejuela sin salida, ni de noche ni de día, ni palante ni patrás.

Hay Semana Santa sin haber Semana Santa, y Pregón sin anuncio. Lo de esta mañana en el Teatro de la Maestranza, “La Semana Santa en la palabra”, era forzosamente estar mirando hacia atrás sin ida. Lo único al alcance del llamador aquel de Ricardo Mena en el Lope de Vega, era el recuerdo. Pero la edad, como la cobardía  -a la que ahora llaman prudencia y no sé cuántos acojones más-, está llena de desmemorias, sobre todo de la desmemoria histórica;  como si las cofradías estuvieran aún aquí por el socialismo original de Espadas y Cabrera; como si tuvieran su importancia en las intenciones de un cardenal como Amigo, que quiso cargarse la soberanía de sus cabildos si no llega a toparse con Moeckel; o en las ideas de Asenjo, que considera la segunda suspensión de la Semana Santa como la ocasión propicia para meditar los misterios de la Pasión sin distraernos con los pasos… como si fueran la calle del Infierno, vamos. 

Carlos Herrera, Alberto García Reyes, Lutgardo García, Joaquín Caro Romero, José María Rubio y Charo Padilla fueron saliendo por este orden al escenario del Maestranza, cada uno a disfrutar de sus inesperados regresos a un acto al que  -por ahora al menos-  sólo se tiene acceso una vez en la vida, como ser Rey Mago. Entre ellos, dos intervenciones desde allí donde los creyentes tenemos la esperanza de la Resurrección: la de Rafa Serna en la voz de Alberto García Reyes que pronunció su último legado, hoy conocido a título póstumo; y la de Antonio Rodríguez Buzón desde su disco de 1965 con Alhambrareeditado en los 90 por Pasarela a base de convencer servidor a su director Luis de la Cueva, y desde luego posterior al Pregón de 1956. Ese disco que hoy ha sonado se grabó sonorizando a manera de estudio el Lope de Vega, con Soria 9 y la Banda Municipal que dirigió don Pedro Braña, y saetas del Rerre de Los Palacios y Angelita Yruela. La Letanía Macarena, el “pero como Tú, ninguna”, ha terminado con emocionados aplausos que parecían llegar del estruendo mañanero de la Resolana. Por cierto, que La Macarena ha sido, durante todo el acto, como si la siguiéramos fascinados por las esquinas de las bocacalles taponadas de embobados con su perfil. ¡Cómo y cuánto es La Macarena para Sevilla! ¡Todo! 

De los pregoneros, nada nuevo que descubrir, ni siquiera una leve mejoría en algunos, desde sus días de pena disimulada y hasta engañada por la gloria, sobre todo la de aquellos que ya debieran haber aprendido algo más de lo grande que les vino un escenario, no digamos el del Maestranza, pisado por gente como Kraus.

La ovación más grande y duradera se la llevó el alcalareño de Triana José María Rubio, con un poema a La Amargura que yo le publiqué inédito siendo director y fundador de la revista “Sevilla Nuestra”, y que naturalmente terminó yendo a parar, unos cuantos años después, a su Pregón inolvidable, cuando fue la segunda y última vez que  -como Buzón-  un pregonero salió a hombros del teatro. “Otro Domingo de Ramos  -¡ay, amor, en la clausura!-  y la monja soñadora esperando a La Amargura”. Magnífico siempre. Sorprendente el final bien resuelto: “¡Se queda, madre, se queda! Prepare la toca blanca”. Bien, bien Rubio. 

Un fondo de imágenes en movimiento o fijas ha hecho tras las palabras las veces de una conciencia de lo que hay que recuperar pronto en un  mundo futuro de tantas recuperaciones. No sé quién o quiénes han hecho los montajes, los encadenados, pero qué bien, con una abultada excepción por más que hayan hecho invisible: la desmemoria histórica de Franco asistiendo en la Catedral a la coronación canónica de La Macarena. Yo no soy franquista, porque no se puede o no se debe ser de algo que está muerto como el franquismo. Puedo ser cristiano, porque Cristo vive; pero no franquista, claro. Sólo aprecio lo que es verdadera Historia, sin censura ni manipulaciones delante de Espadas y Cabrera. 

Fran López de Paz, como siempre: claro, rápido, gran servidor de lo que se trata, ejemplar para los delegados de Fiestas Mayores del Ayuntamiento, sin que el periodista de Canal Sur y ABC olvidara un momento quiénes eran los protagonistas. Pidió un aplauso para el arzobispo, un aplauso de principio a fin de su ministerio. Se encendieron entonces las luces generales como si el azufre de una vieja cámara hurtara el retrato de todos. El público convirtió al instante su ovación sentada en pie. Otros, como yo, ni en pie ni aplauso. No tengo miedo a las fotos de sociedad. Aplaudo en otros momentos y para otras mejores justicias y admiraciones profundas.

Imágenes del Consejo de Cofradías.

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