Anoche, viernes 6 de abril, tuvo lugar el Pregón de la Semana Santa de Sevilla. Lo mismo que al Martes Santo se le ha dado la vuelta como a un guante, los cofrades parecen cogerle gusto a esto de la Semana Santa por libre. Ya que estamos, estamos. Y como el Domingo de Pasión, en boca de tantos  -algunos muy distinguidos por cierto-  se pasó en blanco, como si no hubiera habido pregón, se sentía “una gran ansiedad por escuchar el de este año”. Sin pretenderlo, eso es lo que le salió al sacerdote Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp.

El famoso cura sólo perseguía recaudar fondos para restaurar la techumbre de su Parroquia de Santa María de las Flores, una más con goteras y humedades. El querido cura sólo buscaba los veinte mil euros del principio de un presupuesto de obras. Pero se encontró con una apoteosis popular, un lleno absoluto, con pantallas de vídeo en los jardines de su iglesia, con el público en pie incesantemente, con aplausos prolongados como si fueran los de una ópera, ardiendo las palmas de las manos. ¿Por qué? Porque un párroco había tenido la idea de reunir dentro de su parroquia nada menos que a Carlos Herrera, a Rafa Serna y a Alberto García Reyes, para que pronunciaran fragmentos de sus pregones de 2001, 2016 y 2017 respectivamente. Trío de ases. O como dijo Herrera: “Ustedes creerán que parecemos los tres tenores”. Y así fue como un templo dejó a la altura del betún al Maestranza. Así fue como el Pregón de la Semana Santa de Sevilla que no era el oficial, se convirtió en el más auténtico. Así fue como el Pregón de la Semana Santa de Sevilla entró por la Catedral y llegó hasta La Campana.

Después de ver de manera tan palmaria cómo un acto originalmente benéfico sufrió la metamorfosis más asombrosa, confirmo la idea colectiva de que el pregón oficial está necesitado de una reforma más urgente que la de la Constitución o la del Poder Judicial. Salvado durante décadas por excepciones, el primer problema a resolver es saber elegir a los pregoneros. Si un cofrade cuenta con una trayectoria ejemplar, que le entreguen un nazareno de plata o un pergamino declarativo de sus excelencias, pero que no sea premiado con dar el pregón y nos endosen lo que toda la vida se ha llamado en Sevilla “un tostón”.


Esto de anoche va más allá de haber logrado su finalidad principal: costear las reparaciones cuantiosas y urgentes de una parroquia. Esto de anoche sirve la ocasión manifiesta  -que salta a la vista-  de posteriores análisis, con todos sus elementos, como las interpretaciones de la Agrupación Musical Virgen de los Reyes y la saeta de Joana Jiménez. Esto de anoche se hizo sin pedir la venia en Campana. En una Semana Santa capaz de concebirse ya al revés, con repúblicas independientes como la del Martes Santo, una Semana Santa cada vez más desvirtuada, su Pregón más veraz y hermoso fue ayer, al revés, siete días después del Sábado Santo. Y con artistas, no con abogados.