Dios a la altura de los hombres

En la Iglesia de Los Terceros y por la Hermandad de la Sagrada Cena ha tenido lugar el besapié de su titular el Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia. El culto a la venerada imagen propició que el misterio completo de la Cena, que procesiona el Domingo de Ramos, fuese trasladado desde el altar mayor -donde siempre está expuesto- hasta una de las capillas laterales del templo, dando la oportunidad de ser contemplado a ras del suelo.

 Los cientos de personas que visitaban el templo de Los Terceros para asistir al besapié del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia, colocado ante el altar mayor, descubrían con sorpresa que el misterio de la Cena, que preside siempre el retablo central, había sido trasladado para la ocasión excepcional hasta una de las capillas adjuntas a la nave principal, la más próxima por la izquierda al presbiterio.

 La gente quedaba impresionada por encontrarse sobre el suelo y a su misma altura nada menos que al misterio completo de la Sagrada Cena. Todo quedaba cerca de una manera impactante: el Señor y los apóstoles en torno a la mesa, sobre la que se asentaba un sagrario de plata.

 Se favorecía así, a manera de cenáculo, una disposición de las figuras absolutamente natural en lo que cabe suponer que fue realmente la escena evangélica, pues los doce apóstoles se situaban alrededor de la mesa de forma circular y siguiendo las tallas la colocación propia a que nos ha acostumbrado la pintura más clásica. Por lo tanto, y como los organizó por ejemplo Da Vinci en su famoso cuadro, los apóstoles quedaban distribuidos a ambos lados de Jesús, que ocupaba el centro de la composición escultórica. Se trataba así de un agrupamiento más libre que aquel que en Semana Santa permite el paso, que obliga a una distribución rectangular.

 Como se recoge por la galería fotográfica de Beatriz Galiano, el conjunto extraordinario debido a la gubia de Luis Ortega Bru ha podido ser disfrutado al detalle, como por supuesto la magnífica y conmovedora imagen del Señor de la Cena, debida al escultor Sebastián Santos. Todo quedaba próximo e inmediato a quienes se sobrecogían con la visión tan cercana del apostolado, así como de Jesús en medio de sus discípulos.

 Una vez más la Hermandad de la Cena hace gala de su exquisitez, adornando el histórico momento de la institución de la Eucaristía con ayudas elegantemente elegidas: la vestimenta hebrea y sencilla de los apóstoles y la del Señor, sin bordados extemporáneos; las alfombras sobre las que se asientan las soberbias tallas, una obra de arte en mayúsculas cuya riqueza expresiva es digna de una observación detenida (en los rostros, en los gestos y hasta en los movimientos corporales), cuyo valor incluye la conciencia que el imaginero demostró acerca de la rudeza de unos pescadores; las piezas en plata y el lienzo blanco evocando el lavatorio de los pies; los guardabrisas con velas encendidas sobre la mesa… Incluso puede decirse que la intención de la Hermandad queriendo reunir a Dios con los hombres en el mismo plano, a igual altura; algo tan evidente en los designios y voluntad de Dios desde el mismo momento de su nacimiento en Belén, cuando quiso hacerse uno de nosotros, uno con la Humanidad.

 

Galería fotográfica de Beatriz Galiano




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