40 esperas de Cuaresma. Siempre expiras, nunca mueres…

Tu cabeza no conoció en siglos la derrota de una sola inclinación.  Ni un solo Viernes Santo cayó derrumbada  sobre el pecho. Nadie lo vio jamás. Y hasta en las viejas lozas de azules cielos alfareros, siempre cruzas el puente como ahora: expirando. No hubo quien diera con una sola estampa donde salgas ya abatido. Tu agonía es un largo suspiro que va de Triana a Sevilla y regresa cogiendo por el lamento de un martinete llorado en la vieja Cava. Eres, Cachorro, un último aliento eterno entre dos orillas, y el hilo de vida que aguanta en tus ojos. Siempre expiras, nunca mueres… nadie te vio vencido.




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