40 esperas de Cuaresma. Que no está muerto, que no…  

En Sevilla, en el Arenal, ante el Cristo de la Misericordia, siempre descubro que las apariencias engañan. Siento que no es un cadáver ni los restos de un espantoso martirio humano sobre la falda de la niña Piedad, a la que siempre le pregunta Rogelio que si se acuerda de cuando tenía quince años. Y me viene esa memoria tan sevillana de lo que por mi edad ni llegué a escuchar, los versos de Florencio Quintero en el Reino de Dios, allá en el Baratillo, donde yo sé muy bien que las apariencias engañan: “¡Que no está muerto, que no! Que sólo descansa en Ella. ¿Cómo se puede morir el Rey del Cielo en la Tierra? Callen los roncos tambores y enmudezcan las trompetas, que Dios Hombre se ha dormido sobre un regazo de seda…”.




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