40 esperas de Cuaresma. Me basta con mirarte  

Yo no te rezo. Nunca. Es una de mis incredulidades. Yo hablo contigo. Pero no te ruego. No te suplico. No pido ni tu compasión ni tu misericordia. Jamás cayó en mis manos un rosario de repeticiones, de insistencias contadas y medidas para que no me abandones. Un padre no necesita todo eso para serlo. Hasta en los peores momentos, tu amor deja que me baste con mirarte.

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