El entrañable vídeo de SIMOF sobre la realización del cartel de la edición de 2022
"Historia de un vestido" ha servido como inspiración al diseñador y arquitecto Juanjo Montoya

“Historia de un vestido” ha servido como inspiración al diseñador y arquitecto Juanjo Montoya para la creación de la imagen de la nueva edición del Salón Internacional de la Moda Flamenca, SIMOF 2022

 

La pieza narra los pormenores de la confección de un traje de flamenca que él regaló a su madre, un diseño inspirado en un vestido que lució la artista Carmen Sevilla y que actualizó la diseñadora Virginia Vargas, a quien conoció entonces y actualmente es su mujer.

“Este storytelling tan íntimo refleja la experiencia de cualquier persona que alguna vez se haya hecho un traje de flamenca, desde que se elige la tela, pasando por el diseño y confección, la elección de los complementos, hasta que se viste, llenando su bolsillo de lo imprescindible para disfrutar de una experiencia única en aquel evento al que se acude a lucirlo”, explica el autor.

“Mi madre siempre ha sido muy flamenca, no en el sentido artístico, sino en el social: le  encanta la Feria. Desde siempre recuerdo sus visitas a las tiendas y a los talleres de las  costureras para escoger el vestido de cada temporada. 

Hace años, durante un almuerzo familiar surgió como tema de conversación el vestido para  esa primavera y mi madre nos confesó que a ella, lo que de verdad le hubiera gustado cuando era joven, era vestirse como Carmen Sevilla en esas películas en las que aparecía guapísima y derrochando simpatía, como siempre ha sido Carmen. Le fascinaba su imagen, su belleza y su arte. 

Como en cualquier tertulia familiar, empezaron a surgir opiniones de todo tipo, creyendo que entendíamos de moda flamenca, que si te va a sentar mal, que si no es tu estilo, que si no es  lo más apropiado para tu edad… A mí me dio una idea que podría encantarle a mi madre: regalarle un vestido de flamenca basado en alguna película de su artista favorita. 

Y no se me ocurrió nadie mejor que mi amiga Raquel Revuelta para pedirle que me recomendara a algún diseñador que quisiera aceptar el encargo. Dicho y hecho, tras llamarla y contarle la historia no dudó en recomendarme a una joven y prometedora diseñadora llamada Virginia Vargas que, seguro que aceptaría el reto, porque el proyecto, además, debía cumplir con dos condiciones. En primer lugar, que el vestido fuera una reinterpretación  actualizada siguiendo las nuevas tendencias y, en segundo lugar, que mi madre pudiera escoger el tejido personalmente, decisión que había aprendido con el paso de los años, algo que corresponde a quien luce la prenda y que en repetidas ocasiones ella había dejado claro cuando visitaba los talleres. 

Tengo que reconocer que Raquel Revuelta tiene un gran conocimiento en moda flamenca y  una visión especial en muchas otras cosas, ya que más de veinte años después, Virginia y yo seguimos casados y disfrutando de su amistad. 

Pero volviendo al vestido, nunca olvidaré la expresión de mi madre cuando acudió al estudio a recoger lo que le habíamos dicho que era una sorpresa familiar y pudo ver el diseño en el maniquí. Inmediatamente reconoció que el diseño se parecía a un traje que ella conocía, pero que era diferente, moderno y muy, muy exclusivo. 

Se lo probó y, sin hablar, recuerdo su mirada en el espejo reconociéndose como esa niña que admiraba a Carmen Sevilla y que soñaba con acudir a la Feria tan guapa como ella. Tras  guardar el traje en su funda y dirigirnos a casa para que toda la familia pudiera contemplarlo, Virginia se acercó y nos explicó que, en ese bolsillo interior, que todo traje de flamenca incluye para guardar lo imprescindible para cualquier mujer en una jornada de feria, había una sorpresa y que no lo abriéramos hasta el día de su estreno. 

Para la curiosidad innata de mi madre no era lo mejor algo misterioso, pero supo contenerse hasta el día indicado. Al abrir la cremallera encontró una foto autografiada que decía: “Querida Lola. Espero que disfrutes de este vestido y de una Feria inolvidable. Tu amiga Carmen Sevilla”. Desde ese día, esa fotografía nunca ha abandonado ese bolsillo”. 

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