Y ahora… ¿Qué?

Y después de esta amnistía
tan absurda y demencial,
ahora ya sólo nos queda
cantar la Internacional,
que quiten la carta magna
y pongan El Kapital
para jurar obediencia,
a esta pandilla fatal.
El café, ya para siempre,
en vez de azúcar, con sal,
y la cerveza del tiempo,
y la ley sin tribunal,
o con los jueces comprados
que el comunismo, paisanos,
nunca es un juego de azar.




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