Tortillita de camarones y camarones fritos

A veces la vida te pone en situaciones límites, las enfermedades, el trabajo, el amor, las pandemias de COVID… Y en mi caso llevo unos meses secuestrado por el trabajo, sin tiempo pa ná teniéndome al límite de mis fuerzas y sin encontrar un minuto para escribir unas líneas. Pero como después de cada tempestad viene su calma, he aprovechado el hueco para hablar de  dos recetas que seguro que os van a gustar, por fáciles y por sabrosas.

Un recuerdo de niñez allá por los finales de los 60, que para los que no lo saben fue una década que trajo al mundo a muchos de los que hoy peinamos canas y a muchos de los que no tienen nada que peinar, en Sanlúcar, con mi abuelo Eduardo, era el ritual de mediodía con una copa de manzanilla (él) y Mirinda (yo) con una tortillita de camarones de esas que solo se hacen en Sanlúcar, y desde hoy en vuestras casas si os da por seguir leyendo la receta.

Pues como iba diciendo, ese recuerdo vago que flota en mi mente me trae esas sensaciones de antaño, de esa complicidad nieto-abuelo en las nuestras salidas matinales. Podrán pensar que un niño con seis años difícilmente puede divertirse con su abuelo, pero en mi caso no fue así, él me llevaba a sitios donde un niño podía abrir la boca de asombro hasta casi pegar con la barbilla al suelo. El parque de María Luisa, sus museos, las viejas y tortuosas calles del barrio por antonomasia diseñado para turistas con su Hostería del Laurel, aquella donde un tal don Juan hacía rodar el vino pues pagaba Luis de Vargas. Aquellas mañanas en el Casino Militar entre el asombro por las viejas armaduras y los blasones colgados, de tertulia de viejos que pusieron su vida al servicio de España y aún tenían memoria para recordarlo. De retablo de ánimas en San Lorenzo. De yemas de coco de La Campana y meriendas en Ochoa o La Española. Parece que lo estuviera viendo  siempre tan recto, con su cubana y su mascota encerada de verano. Y es en los recuerdos  donde viven las experiencias y con ellas las vivencias y con éstas tu personalidad se va formando hasta convertirte en la persona que eres hoy. Mi abuelo Eduardo fue para mi niñez lo que mi abuelo Balbino para mi adolescencia, referente y cómplice. Pero  como por más que cuente ninguno de ustedes conocisteis a mi abuelo, os trae al pairo lo que os relate, es más, posiblemente hayáis saltado directamente a los ingredientes obviando el introito de este artículo. Así pues, y resumiendo, saca lápiz y papel que te voy a decir lo que has de comprar.

Ingredientes:  

  1. Obviamente, camarones. Si tienes la oportunidad de comprarlos frescos, vivos y saltando en su caja, mejor que mejor, aunque es difícil hallarlos así puede que en algún mercado de abastos, en el Tiro Línea o en El Cerro los puedas encontrar. Se encuentran, créeme, pero por si eres más comodón y no quieres salir a buscarlos, a las malas te puedes conformar con unos camarones cocidos. Yo no los utilizaría y preferiría buscarlo, puede que en Coria del Rio haya alguna pescadería que te los pueda conseguir, y ¡coño! Coria tampoco está tan lejos, sobre todo si vives en Coria. 
  2. Harina de trigo
  3. Harina de garbanzo
  4. Perejil
  5. Ajo
  6. Cebolleta
  7. Agua
  8. Aceite de oliva virgen extra
  9. Sal 

Como veréis los ingredientes son fáciles de encontrar, pues su elaboración aún es más sencilla. Siempre que hago tortillitas de camarones las preparo a ojo pero hoy me voy a esforzar por daros unas cantidades que además de mesuradas sean entendibles y cuantificables.

¿Cómo cuántos camarones compro? Los que quieras, puedes hacerlos de mil formas, la más básica cocidos pero si sigues mis dos recetas de hoy veras que hay otras posibilidades.  Para que te hagas una idea, si encargas a tu pescadero un cuarto de kilo no solo te va a mandar a la mierda sino que tampoco te los va a llevar, así que mejor cómprale un kilo aunque tengas que congelarlos.

¿Cuánta harina le pongo y en qué proporción? Eso es otra de las cosas que yo hago a ojo pero siempre manteniendo una proporción 3:2, es decir dos partes de harina de garbanzo por cada tres de harina de trigo aunque si no quieres complicarte la vida echa mitad y mitad y vas que chutas. Ya sabes la proporción, ahora te voy a decir la cantidad. Dependerá del número de comensales que sois y de la cantidad de camarones de los que dispones. Para un cuarto de kilo de camarones yo uso cien gramos de harina de trigo y cien gramos de harina de garbanzo. Si no tienes báscula en tu cocina es porque no fuiste al chino cuando te lo dije en recetas anteriores así que tendrás que calcularlo a ojo. ¿Cuánto son cien gramos de harina? La décima parte de un kilo, así que ve echando hasta que en el paquete tan solo queden nueve décimas partes. ¿Difícil? Cómprate una báscula.

Coge ahora la cebolleta y la picas muy muy finamente y cuando creas que lo has conseguido la vuelves a picar, no queremos encontrarnos trozos grandes de cebolla, solo que les den su inconfundible sabor. Si no quieres usar la cebolleta no lo hagas, no es imprescindible y ya te diré luego qué puedes hacer con ella.

El ajo es opcional, a mí personalmente me gusta añadir un diente muy picadito a la masa pero bien puedes prescindir de él sin alterar la receta. Está autorizado por la Real Orden de la Tortillita de Camarón.

Con el perejil FRESCO, siempre fresco, haces lo propio picándolo en porciones pequeñas y si te sobra lo congelas, que el perejil aguanta muy bien congelado.

Si lo has hecho como te he dicho ya tienes preparados los ingredientes para comenzar a preparar el galipuchi, como decía mi madre. Mézclalo todo en un bol a excepción de los camarones que los añadiremos al final para no destrozarlos mezclando y a continuación vierte agua en cantidad suficiente para que quede una masa líquida pero con cierta consistencia. ¿Cuál es la consistencia adecuada? Pufffff, a ojo, no hay hoy por hoy ningún consistencímetro en el mercado que puedas emplear. Ya sabes, si lo inventas te forras.

Objeciones: Si no tienes camarones, no hagas tortillitas de camarones, hazlas de gambas y si tampoco tienes gambas hazlas de bacalao pero que sepas que no las podrás llamar tortillitas de camarones y además la masa tendrá que ser más consistente. Tampoco entiendo que te pongas a hacer tortillitas de camarones sin tener camarones en casa, es que no se le ocurre a nadie más que a ti.

Más objeciones: Si no tienes harina de garbanzos, que no entiendo que en una cocina no la haya, no hagas tortillitas de camarones, ni frías pesado ni nada. 

Otra objeción que puedes ponerme es que no tienes perejil fresco. Pues bajas y se lo pides al frutero, pero no olvides comprarle algo de fruta o verdura porque así por que así tampoco te lo va a dar si no haces gasto. El frutero de debajo de tu casa, es bueno, pero no tonto y a él el perejil le cuesta el dinero.

En fin… que ya tenemos nuestra masa ligera, casi liquida, a la espera de añadir los camarones. ¿Qué esperas? ¿A que te lo diga? Anda y echa ya una buena cantidad de camarones. Piensa que la masa solo va a servir para unir los camarones y formar ese encaje característico. Mézclalo bien y sobre al aceite caliente vierte una cucharada de esa masa que has preparado, verás que se extiende por el fondo del perol formando un encaje precioso, espera que se dore y sácalo del aceite poniéndolo sobre un papel de cocina para que suelte el exceso de aceite. Ten cuidado, nuestras tortillitas de camarones son extremadamente frágiles y quebradizas. Ve procediendo así con toda la masa hasta haberla terminado. Más fácil imposible. Si lo haces bien, utilizas la harina adecuada, la cantidad de agua necesaria y abundancia de camarones tendrás un resultado espectacular, de no haberlo hecho así, tendrás unas tortillitas apelmazadas y aceitosas que solo sirven para dar de comer a los guarros. No, tus hijos no, los ibéricos.

¿Quieres obtener un color más dorado en tus tortillitas? Añade la mitad de una pizca de colorante alimentario (amarillo, naturalmente)

¿Quieres conseguir una textura más esponjosa? Añade cerveza en sustitución al agua.

¿Quieres utilizar la freidora? La masa se perderá por la luz del cestillo y te estropeará el aceite. Haz lo que quieras, son tus tortillitas, tus camarones y tu freidora. Ya me dirás cómo te han salido.

Para que una tortillita de camarones esté en su punto, el articulo 33/5 de la Constitución de Cádiz de 1812 dice que debe poderse mirar a través de ella.

Si lo que te ha salido es esto…

 

 

... entonces dedícate a hacer croquetas, lo tuyo no es la tortillita de camarón.

Como compraste un kilo de camarones es de suponer que te sobraron muchos, así que presta atención porque los vamos a preparar de otra forma que, a buen seguro, te va a encantar y sorprenderás a los tuyos.

Prepara harina de trigo y de garbanzo a partes iguales, mézclalas hasta que estén homogéneas y sobre ella añade los camarones para enharinarlos, si dispones de un cedazo o cernidor de harina mucho mejor, así no se quedarán apelotonados y cuanto más sueltos queden mejor.

Una vez enharinado el camarón, añádelo al aceite muy caliente, como si estuvieras friendo chanquetes, eso sí lo puedes hacer en la freidora. Escúrrelos bien y sírvelos acompañados de unos pimientos aliñados, previamente asados, no te vayas a poner ahora a asar pimientos, se nos ha hecho tarde, es la hora de comer, así que compra un bote de esos que han sido previamente asados en horno de leña que también estas espectaculares. He dicho acompañando a los camarones fritos, no mezclados con ellos, odio el pescado frito empapochado por la ensalada. 

¿Que les quieres poner un huevo frito? Se lo pones. ¿Que quieres ponerle dos? Mejor, las cosas siempre salen mejor cuando le echas dos huevos.

¿Que quieres rellenar los camarones? Los rellenas, pero tu verás, aún no conozco a nadie que tenga la paciencia necesaria para hacerlo.

Así pues, dos recetas con camarones muy sencillas y espectaculares para dar la campanada de inicio de verano. ¿Que no tocas la campana para iniciar el verano? Estás agilipollao, es una metáfora.

¿Qué haces con la cebolleta si no la usaste? Tú mismo, misma o misme. Pero siempre múltiplo de cinco.

¿De qué?

De cinco

Pues eso…




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