Torrijas al estilo de mi abuela Soledad

Unos de los postres más netamente sevillanos es la torrija. Torrijas se hacen de mil maneras y en mil sitios de nuestra geografía patria, pero Torrijas, con mayúsculas solo se hacen en unos pocos sitios. Rescato la idea de este artículo de un comentario que subí a mi muro de Feisbuk este verano, algo así como “¿Torrijas en agosto?” Pues sí, ¿y por qué no? En mi casa las torrijas se hacen todo el año, la climatología, el calor y la Cuaresma no me van a decir a mi cuando tengo ganas de comer torrijas. Y por eso hoy he pensado que podríamos hacer TORRIJAS al estilo de mi abuela Soledad. No es que fuera la mejor cocinera del mundo pero sin lugar a dudas hacía las mejores torrijas y poleás de la Tierra. De las poleás ya hablaremos otro día.

Para hacer torrijas tienen que confluir en ti varios condicionantes,  lugar de nacimiento, lugar de residencia, interés por hacer torrijas, tener los elementos adecuados y tener las ganas de engullirlas una vez hechas y frías porque la torrija no se come caliente, ni templadita , ni cubierta de azúcar ni de nata y mucho menos acompañada de helado, la torrija se come a temperatura ambiente  y mejor si es de un día para otro.

Primero, si eres de Sevilla mucho mejor. Caso de no serlo lo siento, no todos pueden tener la misma suerte de nacer en la tierra de María Santísima.

Segundo, compra un buen pan de torrijas, si puede ser del Horno San Buenaventura, en caso de no encontrarlo mejor no hagas torrijas.

Tercero, asegúrate que tienes huevos. Preferentemente de ave y si es gallina mejor que mejor.

Cuarto, bátelos bien y resérvalos en un plato.

Quinto, busca, si es necesario moviendo cielos y tierra, un buen vino duro. En caso de no encontrarlo te diré que siguen teniéndolo en la bodega Gaviño de la Pañoleta. Si no quieres ir a comprarlo, mejor no hagas torrijas. Bueno venga, puedes usar un vino quinado. 

Sexto, mézclalo a partes iguales con vino blanco, ese sí da igual del tetra brick que salga, va a ser malo de todas formas, y lo reservas en un plato, preferentemente otro distinto al huevo batido, si no, jodes el invento y entonces será mejor que, teniéndolo todo, no hagas torrijas.

Séptimo. Coge un perol grande, de los antiguos, de esos negros con puntitos blancos. Créeme, siguen existiendo. Y si no lo tienes cómprate uno, que torrijas se hacen todos los años y también lo puedes usar para freír soldaditos de pavía o hacer migas. Bueno, ¿tienes ya el perol? Vale, pues ahora llénalo de aceite de girasol, no importa marca, siempre será igual de malo y solo sirve para freír torrijas y hacer mayonesa. Echa sin miedo, no pasa nada porque sobre, se tira y punto porque los huevos (los de ave) lo van a estropear.
Estábamos en el punto séptimo, bueno, pues luego viene el octavo.
Ahora sí, ahora os voy a enseñas a hacer torrijas.

Coge una rebanada, de las buenas. Se me había olvidado, en Sevilla las torrijas siempre se han hecho de tamaño estándar, estándar de torrija, de las normales. Las chiquitillas, esas de un bocadito, aparte de una aberración son una mariconada (con perdón). Una torrija no tiene que ser fina y delicada, es todo menos eso. Una mini torrija es cool. ¿Es qué? Venga nena, déjate de tontería y vamos a hacer torrijas como Dios manda, de sevillanas maneras.
Jolines, estoy en el punto octavo y aún ni he cogido la rebanada de pan.

Bueno, pues eso, cogemos la rebanada de pan y la mojamos en la mezcla de vinos. Si mezclaste vino y huevos, ¡Por Dios! no hagas torrijas, créeme tu no vales para esto.
Ea, eso es, con los deditos, vuelta y vuelta, que se empape pero no se empoche. Entiendo que es un arte, un don que Dios te ha dado. Si no te lo ha dado, ¡macho, no hagas torrijas!
Unas vez mojada en vino, lo justo y necesario, pásala sin miedo directamente al baño de huevo, te recuerdo, de ave. Y con los deditos, siempre con los dedos, que Dios te los dio para algo, la mojamos vuelta y vuelta y directas al aceite que previamente estarás calentando en el perol, el negro de los puntitos blancos. Ahora eso sí, con una espumadera, ya sé que Dios te dio los deditos para algo, pero mejor hazme caso, ahora no porque lo mismo te quemas con el aceite hirviendo.

Noveno, vuelta y vuelta en el aceite hasta que tome el color dorado propio de una torrija. Color como solo una torrija puede tomar aunque se rumorea que hay una chica en Ipanema que todos los veranos coge ese mismo color. No lo creas, solo es un rumor.

Décimo, con el cuidado que te caracteriza, coge con la espumadera la torrija y sácala del aceite después de escurrirla bien pues no conviene que quede aceitosa.
¿La has escurrido bien? Si es así sigamos. De lo contrario, deja hacer las torrijas a los profesionales. 

Décimo primero o undécimo, que de las dos formas se puede decir. Menos onceavo, como quieras pues un onceavo es tan solo una parte de once.
Ya las hemos frito todas y hemos ido sacando del aceite los hilillos quemados del huevo (de ave) que si no lo hacemos le van a dejar un cierto regusto a quemado a las torrijas. Tú no lo notarás pero yo sí, y no me gusta.

Pues bien, el siguiente paso es coger otro perol, del mismo modelo que el anterior o el mismo si lo friegas previamente, y en el ponemos miel y agua en iguales proporciones, o lo que es lo mismo, mitad y mitad. Si la miel es de la buena, de la que no se compra en supermercados mejor que mejor, esa torrija sabrá a torrija clásica. Si no dispones de esa miel, ya sabes, mejor no hagas torrijas porque para hacer un quiero y no puedo… siempre estamos a tiempo.
Bueno venga, lo entiendo, has comprado miel de la Granja San Francisco, esa puede valer. No es la que yo utilizaría pero… a grandes males, grandes ya sabes. Pero si puedes compra miel de esa que viene en un tarro sin dibujitos de abejas ni na de ná. Espesa, oscura, transparente, intensa… o sea, miel.

Décimo segundo, o duodécimo, según prefieras. Ponemos la miel y el agua a calentar y mezclamos hasta obtener un líquido espesito homogéneo. ¡Ojo! he dicho espesito, no espeso ni ligerito. Eso te lo da la experiencia, a nadie le sale bien su primera torrija ni su primer beso.
Ya ahora sí, cogemos las torrijas previamente fritas y las bañamos en el aguamiel calentito, otra vez vuelta y vuelta ¡con la espumadera, tarugo! Que si metes los deditos se enmelarán a alta temperatura y los sacarás ligeramente escaldados y tampoco se trata de eso, se trata de hacer torrijas y no de visitar las urgencias de un hospital.

Una vez sacadas las podemos depositar en una bandeja con fondo o en un táper cuadrado o rectangular.

Por fin has terminado de hacer torrijas. ¡No! coge el aguamiel que ha sobrado y vierte un poco sobre las torrijas, estas lo embeberán y no se secarán.

Ahora sí, hemos hecho unas torrijas deliciosas, como se hacían en los años 20 y como yo sigo haciéndolas en mi casa. Saldrán fuertes y oscuras por el vino duro pero es que las torrijas eran así. ¿Que no te gustan tan fuerte? pues pones solo una tercera parte de vino duro y dos terceras de vino blanco y si no te vas a La Campana y te compras media docena a precio Ferrari Testarrosa.

Hazlas y ya me dirás como te han salido

Ya eres un maestro torrijero sevillano, bienvenido a la Orden de la Torrija. Ya hablaremos de ella en otro artículo.




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