Pescaíto frito

¿Desde cuándo no falto yo un día a la Feria? Ya ni recuerdo, tendría que remontarme a cuando me llevaban vestido de corto en un carrito. O quizá a ese día después de haberme pasado con el fino aquella tarde aciaga antes de que se impusieran la manzanilla y el rebujito. Para mí la Feria, ese año, acabó amaneciendo el sábado con las primeras del día. Churros y chocolate que no llegaron a mi casa porque con ellos le di de comer a los peces cruzando el río. Tenía entonces 18 años y la Feria se reducía a beber, bailar y cantar en la caseta de los Garrido y a comer algo en la de Campoy, en “Tos reuníos” de mi amigo Nacho o en “Verde y Oro” donde mis padres eran socios. La Feria, con esos años, se recuerda de una manera especial, como no sabiendo si fue o no fue real. Una feria donde la sonrisa de una niña, la provocación y el roneo bailando una sevillana te elevaba  por encima del Real muy cerca del cielo. ¡Qué recuerdos! Cuando mis únicas preocupaciones eran pasarlo bien y gustarle a una niña de ojos como luceros… Y reír.

Pues con el cariz que han tomado los acontecimientos en esta España nuestra, que decía la canción, parece que este año difícilmente vamos a pisar la Feria, es más, que no va a haber Feria te pongas como te pongas. Parece un castigo de mi madre, que Dios la tenga en su Gloria. Esas noches de pre-feria  cogidas con tantas ganas que casi te hacen cogerle manía a la manzanilla y los langostinos de Sanlúcar. Esa Cena del Pescaíto que te cuesta tres veces más de lo que luego te ponen, de esos músicos que empiezan a levantarte cuando aún tienes medio salmonete en la boca para que empiece el baile, de esa silla que se cae al intentar salir del encajonamiento en que estás metido durante la cena y hace que la americana se ponga de grana y oro. Esa noche donde miles de bombillas se encienden al unísono a la presión del alcalde en un pulsador de mentira que ni enciende eso ni nada. De caldito con hierbabuena a las cuatro de la mañana para entonar el cuerpo, que la noche es muy larga. Ese caldito que se va diluyendo por obra y gracia de EMASESA. Ese domingo con las casetas llenas de niños y payasos, aunque payasos haya todos los días. De ese día que los madrileños vienen por oleadas en AVEs  cargados de sevillanas enlatadas, encorsetadas de academia y faralaes, con más acento de chotis que de esta bendita ciudad luciendo trajes de flamenca de mil euros que le sientan como dos pistolas al Corazón de Jesús de la iglesia de los jesuitas de la calle Jesús del Gran Poder. De niño con algodón de azúcar amenazando con tan esponjosa arma los trajes de los que pasan por su lado. De bajos de pantalón de campana de la Jennifer o la  Sheila del Gran poder de turno llenos de albero de tanto arrastrarlo con esas plataformas imposibles (ese outfit también debería estar prohibido, incluso la Jennifer y la amiga también). De niños bien con las chaquetas aun llenas de cera de cuando vieron al Calvario por Molviedro entre cubata y churros. De chaquetas imposibles, mil rayas, cien rayas y colores más propios de chirigota que del más puro clasicismo hispalense. De esos últimos días de Feria cuando muchos se marchan a la playa “por descansar un poco” cuando lo que quieren descansar es el bolsillo y la cartera. Esos son los mejores días, sin masificación, con casetas al 60% de su aforo, cuando quedamos “los que tenemos que estar” ni uno más ni uno menos, los justos. De esas despedidas de solteros/as castellanas con acento de Valladolid (ojo que no tengo nada contra tan preciosa ciudad) con banda y diadema de pollita en la cabeza  que deberían estar prohibidas. De tortugos estirando cuello para ver si estás dentro de la caseta para darte el sablazo. De esos que no te llaman en todo el año y aparecen como por arte de magia el martes de farolillos con toda la familia y encima tiene  la desfachatez de decirte que llevan meses queriéndote llamar para saber de ti, su buen amigo. De parejitas fotografiándose delante de un caballito de cartón piedra delante de un improvisado y tópico patio andaluz. De la gente de los pueblos que bajan del Aljarafe para echar el sábado en la feria y montar a los niños en las calesitas. De calle del infierno estridente y casetas discotecas amparadas por los distritos (otras que deberían estar prohibidas). De Feria de gitana con claveles al cuadril y chinas con diademas de luces de colores más propias de un carnaval que de fiesta grande. En fin que, este año, nos quedamos sin Feria, por lo menos en primavera que eso de la feria en otoño, yo, particularmente, no la veo.

Pues pensando pensando, que ya ha supuesto un enorme esfuerzo para mí, y por obra y gracia de una amiga he decidido celebrar la cena del pescaito en casa y de escribir estas líneas. 

Lo primero que tienes que hacer es mentalizarte de que no va a haber Feria. ¿Lo estás?

Si estás dispuesto, y veo que la voluntad la tienes, ve tomando nota de lo que necesitas para disfrutar del pescaito en casa con la familia.

Jolines que siempre te pasa lo mismo, cuando abras el artículo ya deberías estar pertrechado con lápiz y papel para tomar nota. Comienzo.

Lista que has de llevar a tu súper de confianza.

  1. Cerveza, Procura que sea Cruzcampo, otra no vale, así que si estabas pensando en otra marca ya puedes ir olvidándote de celebrar la cena del pescaíto como Dios Nuestro Señor manda y Su Santa Iglesia rubrica.
  2. Manzanilla. No pensarías que te ibas a tirar toda la noche enganchado a Gambrinus, ¿no? Yo voy a comprar San León, pienso que es la mejor como creo que ya he dio en otro artículo. En su defecto y si puedes encontrarla Frasquito de Lebrilla, una manzanilla sin el calificativo de “manzanilla” pero a años luz de las de Sanlúcar. Para bien.
  3. Pescado. Sin él, ni eso es cena del pescaíto ni . Así que ve buscando medio kilo de pescado por persona y si sobra ya te lo comerás frío al día siguiente o te haces una sopa de pescado (puaggggg, me estimula el centro del vómito en el tronco encéfalo) o te haces unas croquetas o directamente lo tiras al cubo de la basura, pero compra pescado, ¡coño! Más vale que sobre a que te quedes corto. Así que yo voy a comprar boquerones, acedías de trasmallo, chocos, salmonetes, ortiguillas y cazón para adobar. Si prefieres otro tipo has lo que te salga de tus reales porque sobre gustos nadie ha escrito nunca nada y si lo hizo nunca lo leí.
  4. Unas gambitas, pero por favor procura que sean buenas, un día es un día, no tienen que ser frescas, solo buenas.
  5. Jamón ibérico de bellota. No hay que decir más. Creo que con mitad de cuarto para cuatro va bien, vas a tomarte una tapita de jamón, no a atiborrarte con medio cochino.
  6. Un poquito de queso curado, del viejo, del güeno, del que se agarra en la boca. Yo lo voy a obviar porque el queso no es santo de mi devoción y si bien como los sintéticos de pizzas y hamburguesas, que no son ni queso, siquiera no pruebo tan delicada delicatesen como dicen algunos. Pues para ellos, yo jamón.
  7. Mini pastelitos para el postre. No esperes que te de las recetas, esos los compras en La Campano o en Ochoa si puedes, y si no en el supermercado que tengas más cerca de casa. Te diría que lo comprases en La Española o en Nova Roma pero a no ser que tengas el DeLorean DMC-12 de “Regreso al futuro” va a ser imposible y además te voy a delatar mi edad.

Para freír el pescado de sevillana maneras, como dirían el Rafi y el Fali (nombres que tienen permitido el artículo precedente, de eso ya hablaremos otro día), lo primero que tienes que tener es aceite de oliva virgen para freírlo y harina de garbanzo (se encuentra en muchos supermercados) para enharinarlo.

El jueves por la noche empieza con el cazón, trocéalo en pequeñas porciones que quepan en la boca y lo metes en una fiambrera (odio la palabra tupper) con una mezcla de vinagre-agua a partes iguales, pimentón del que a mí me gusta (si no lo sabes lo buscas), ajo laminado y orégano. Puedes dejarlo preparado en donde te parezca bien pero si usas un recipiente con tapa mejor, así no te dejará el frigorífico apestando a adobo.

La mejor opción para el pescado es que te lo limpie el pescadero, pero si no es posible tienes tiempo de sobra para limpiarlo en casa que no te va a pasar nada por limpiar pecado, que nos hemos vuelto muy mijitas y tiquismiquis.

Prepara la harina en un harinero (si tienes) y si no tienes te… te fastidias porque tendrás que hacerlo en una fuente. Los que tengáis harinero con cedazo mejor que mejor, porque así el pescado solo cogerá la harina necesaria y se freirá correctamente sin parecer que tiene alrededor el encofrado de la catedral. Una vez que lo hayas enharinado podrás dejarlo caer suevamente en el aceite (doy por hecho que tienes freidora y en caso contrario en un perol),  déjalo por unos instantes que vaya tomando ese colorcito tan apetecible que tiene el pescaito frito y cuando lo saques lo pones en papel de cocina para que escurra el aceite sobrante, vamos a comer pescado frito no boquerones  en vinagre. 

¿Que cómo sabes que el aceite está en su punto para freír el pescado? Jolines, por preguntar preguntas hasta eso. Todo sevillano, amante del pescaito, lo cual es una redundancia, no se puede ser sevillano y no gustarte el pescaito frito, debe saber que el aceite está listo para echar el pescado a freír cuando previamente has espolvoreado un pelín de harina en el aceite y ésta chisporrotea, en suma se fríe.

Pues así vas haciendo con todo el pescado que hayas comprado hasta tener una bandeja que haga que se te caigan dos lagrimones y tengas que decir “gracias Dios mío por hacer que naciera en Sevilla” y darle gracias a Madre de Dios de la Palma porque intercediera para que eso ocurriera.

A ver, ¿alguna pregunta?

Venga, es el momento, luego no voy a responder a nadie……………

Bien, el caballero del mandil a cuadros rojos y blancos (es palangana, seguro). Me alegro que me lo preguntes, las ortiguillas las puedes comprar congeladas y enharinadas en Mariscos González en el Polígono el Manchón, en Tomares frente a Hipercor. Buenísimas.

Sí, la señora del roete en lo alto. Una buena pregunta, yo no le pondría limón, es enmascarar el sabor y si el pescado está bueno y es fresco solo lo estropearía.

¿Más preguntas?

Sí, el caballero del fondo, el que se ha estado metiendo el dedo en la nariz creyendo que no lo veía… No para nada, no usaría harina de trigo nunca para freír el pescado. Y sí, conviene sacudir el pescado antes de meterlo en el aceite para freírlo, así evitará que la harina se quede en el mismo.

Sí, el señor que está levantando la mano en la primera fila… No, yo no hubiera comprado dorada, es pescaito frito, si ha comprado dos doradas se la hace usted a la plancha cualquier otro día y los chipirones tenga cuidado, los cefalópodos al contener tanta agua hacen que salte el aceite y supongo que no querrá quemarse.

Otras ideas sobre el pescado que comprar, eso lo dejamos a tu imaginación… gambones pelados, merluza, chipirones, puntillitas, pedacitos, calamares, pijotitas, mini pavías, lenguaditos… hasta te permito perca y tilapia cortado en dados. Si no comes pescado es porque no quieres, hay para todos los bolsillos. Pescados totalmente prohibidos, panga y croquetas de esas pastosas que dicen que son de pescado pero son inidentificables.

¿No hay más preguntas? Pues bien, hasta otro día, ya me contarán si disfrutaron del pescaíto en familia, Que ustedes lo pasen bien señores, yo por lo menos lo voy a intentar.

Feliz Feria 2020.

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